La historia del comercio donostiarra en dibujos

El diseñador Óscar Casla y el historiador Carlos Blasco rinden homenaje en un libro con ilustraciones a los establecimientos más emblemáticos de la ciudad

La historia del comercio donostiarra en dibujos
JORGE F. MENDIOLA

La historia del comercio donostiarra, desde una perspectiva diferente. El arquitecto y diseñador Óscar Casla y el historiador Carlos Blasco han unido fuerzas y conocimientos para rendir homenaje en un libro ilustrado a cuarenta de los establecimientos más emblemáticos de la ciudad. No están todos los que son, pero sí son todos los que están. «Y en alguna cifra teníamos que parar», explica Blasco, quien un día coincidió con Casla por la calle y este le habló de los dibujos de fachadas y escaparates que había empezado a realizar. Ambos tienen vínculos familiares directos con el comercio y la colaboración surgió de forma natural y fluida.

Casla tenía ya tres o cuatro ilustraciones hechas y Blasco le facilitó fotografías de un centenar de establecimientos para que viera cuáles se podían traducir mejor al inconfundible estilo del creador de ‘Cállate la boca’.

Hicieron una primera selección, «con pena porque se quedaban muchos fuera», y desde esa base fueron quitando comercios hasta reducir la lista a cuarenta. «Todos son importantes, tienen una historia detrás y merecía la pena empezar por ellos», señala Blasco, al tiempo que anuncia que si el libro funciona bien, habrá un segundo volumen.

‘Amplio surtido’ es una obra «agradable a la vista» -según sus autores- que recupera la historia de comercios que, por desgracia, muchos ya no existen pese a su importancia. Hasta ahora, este tipo de trabajos y publicaciones eran en blanco y negro, con imágenes de la época. Gracias a la paleta de Casla, establecimientos inaugurados hace más de cien años recuperan el color.

«A mí también me hacía falta salir del blanco y negro», admite Blasco. «Los fotografías antiguas tienen mucha fuerza y le dan carácter a las imágenes, pero necesitaba cambiar, necesitaba color, y cuando vi los dibujos de Casla, me quedé maravillado. Esas tiendas eran en color, aunque la visión que tenemos de ellas es en blanco y negro», relata. El ilustrador ha respetado la gama de colores original y en las fachadas de las que no se conservan referencias ha aportado de su propia cosecha.

Casa Ponsol, la primera

Abre ‘Amplio surtido’ Casa Ponsol, sombrerería de la calle Narrika que ya va camino de los dos siglos de vida y el próximo 19 de enero recibirá la Medalla al Mérito Ciudadano. «Contar en nuestra ciudad con establecimientos con tanta historia detrás como este, Semillas Elósegui o Almacenes Arenzana es un auténtico privilegio. No es nada fácil subir la persiana todos los días y estar año tras año al pie del cañón, sobre todo cuando en estos momentos el cambio en los hábitos del consumidor es tan grande», argumenta Blasco, quien califica de «revolución» el hecho de que en el siglo XXI los consumidores ya no necesitan ver el producto para comprarlo.

Casa Casla, charcutería francesa de 1884 a 2008
Casa Casla, charcutería francesa de 1884 a 2008

Las historias que están detrás de las 40 fachadas seleccionadas conforman la historia de la propia ciudad. «Por desgracia -se lamenta el historiador-, la personalidad y singularidad del comercio donostiarra se va perdiendo. Las franquicias están dominando la ciudad y al final dará igual pasear por aquí que por Burdeos porque las marcas serán las mismas. Pero todavía quedan algunos...» como Camisería Aristizabal, Casa Erviti, Joyería Olazabal o la floristería Villa María Luisa.

Por eso este libro, ya a la venta, está dedicado a todos los establecimientos que a lo largo de la historia «han sabido prestigiar nuestra ciudad con su estilo y profesionalidad», dice Blasco, quien defiende la trascendencia de las personas que integran el sector. «Los comerciantes son un elemento tractor indispensable en la economía de San Sebastián, aunque quizá no siempre suficientemente reconocidos. El comercio tradicional es el escaparate de nuestra ciudad y los donostiarras han sido conscientes de ello desarrollando un comercio importante y de alta calidad».

Los autores subrayan en el prólogo que «donde no hay comercio no hay vida y es de agradecer a todos ellos, a los que fueron y a los que son, la ciudad que nos han legado y que debemos preservar para generaciones futuras».

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