Hablar con macron

Aingeru Munguía
AINGERU MUNGUÍA

Varios proyectos, diferentes concesionarios y dos décadas después de redefinirse como centro comercial, la plaza de la Bretxa se va a recuperar como ámbito propio del mercado. La remodelación en ciernes, que comenzará este verano y se basará fundamentalmente en la reforma interior del edificio Pescadería, será el último intento por acertar con un proyecto que saque partido a este espacio privilegiado junto al Boulevard. Las caseras se reubicarán a la vuelta de la esquina mirando a una despejada plaza en la que el nuevo acceso al sótano se trasladará a Aldamar. Pero la clave principal será la reubicación de los asentadores, hoy en el -1, en la planta baja del edificio Pescadería. El proyecto ha logrado el apoyo de prácticamente todos los agentes, gracias a que los pescateros no se quedarán solos abajo, como temían. La propuesta permitirá la ampliación de Lidl, ofrecerá a los vecinos una cancha polideportiva y alumbrará un nuevo, amplio y más accesible ambulatorio. Solo me cabe la duda de si ese nuevo pasillo central que unirá la plaza de la Bretxa con la calle Iñigo a través de Pescadería se convertirá en la 'ruta del bakalao' del turismo, como la Boquería barcelonesa. Ayer oí a un hostelero de lo Viejo decir con sorna: «Le he dicho a Macron esta mañana que en su país no trabaja ni dios. Están todos aquí». Y es que el mes de mayo tiene cuatro festivos en Francia (dos de ellos esta semana) y parece que a todos les ha dado por venir a Donostia e inflarse a pintxos. Quien no tiene un plato en la mano es directamente expulsado de la barra. Y aún no ha llegado el verano.

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