Cómo me fastidia

Iñaki Izquierdo
IÑAKI IZQUIERDO

El prestigio del donostiarra de mediana edad típico, que no destaca ni por alto ni por bajo ni por gordo ni por flaco ni por su impecable inglés, quedó a la altura del barro ayer por la mañana en el cruce de las calles Arrasate con Fuenterrabía (¿aún se dice Fuenterrabía? No sé). Bueno, eso, que muy mal.

Me viene un donostiarra con esas características que no destaca ni por alto ni por bajo ni por gordo ni por flaco ni por su impecable inglés y me pregunta a mí, un donostiarra que no destaca ni por alto ni por bajo ni por gordo ni por flaco ni por su impecable inglés, por la calle San Marcial.

«Ésta», le contesto. Señalo con gran seguridad la calle Arrasate. «Eso pensaba yo, pero me lío», me responde. «No va a ser esta, ¿no?». «Creo que no».

Observando la escena, un señor al volante de un coche de esos carísimos con matrícula holandesa. El que había preguntado al colega.

«Para mí que va a ser la siguiente», me repuse. «Sí, sí, la siguiente». La cara del hijo del otro donostiarra era un poema. Tenía unos seis o siete años y miraba como diciendo 'aita, no me hagas pasar vergüenza'.

«Sí, sí, la siguiente. Fijo». «Next one. Yes».

Unos metros más adelante el holandés se volvió a parar a preguntar. Cómo me fastidia la gente que hace eso. Si no te vas a fíar, ¿para qué preguntas?

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