En Donostia no se olvidan del Congo

Maite Iceta, José Mari Iceta, Maite Irurueta y Loli Vals dan cuenta de los proyectos en la asamblea de Kinyabalanga Nyamizi. / LUIS MICHELENA
Maite Iceta, José Mari Iceta, Maite Irurueta y Loli Vals dan cuenta de los proyectos en la asamblea de Kinyabalanga Nyamizi. / LUIS MICHELENA

La asociación Kinyabalanga presenta sus proyectos para 2018

CRISTINA TURRAU SAN SEBASTIÁN.

Es potencialmente uno de los países más ricos de la tierra pero para su población es uno de los más pobres. De la República Democrática del Congo se acuerdan poco las instituciones internacionales y los informativos. Pero en Donostia, la pequeña asociación Kinyabalanga Nyamizi lleva 18 años vinculada a este país de desafortunada historia. Y no bajan la guardia. El viernes pasado celebraron su asamblea general, en la que presentaron los proyectos para este año y los que han realizado durante 2017. Hablaron además del viaje que miembros de la asociación realizaron a las islas de Kivu Sur, donde realizan sus programas.

Educación y Sanidad

Los dos pilares en los que se asienta la ayuda de la Asociación Kinyabalanga Nyamizi son la educación y la sanidad. «Ofrecemos becas y tenemos programas de alfabetización, que este año vamos a impulsar», explica Maite Iceta, religiosa donostiarra de la Compañía de María, que pasó 12 años en el Congo. «Los hombres son muy irregulares en la asistencia y pensamos en formas de motivarles. Como no tenemos dinero suficiente para dar becas de Enseñanza Secundaria a todos los que la solicitan, estamos pensando en priorizar a los estudiantes cuyos padres asisten a clases de alfabetización. Son ideas que hay que madurar».

Desde la asociación se paga un pequeño salario a maestros de las islas, ya que el Estado no les paga o lo hace de forma muy irregular. «Les pusimos además una ayuda con una lancha de motor para cada isla».

El otro pilar de la ayuda al Congo desde la asociación es la sanidad, por la que pagan 4.000 euros al año. Con esta cantidad se sufraga el sueldo de dos enfermeros y las medicinas.

En la reunión del viernes se habló del problema de cólera que ha sufrido el Congo y los países del África subsahariana. «Con los medios que tenemos hemos trabajado para paliarla y solo hemos contabilizado dos defunciones, lo que no deja de ser un buen balance», dice Iceta.

Uno de los proyectos que se mantiene en las islas es el de plantación de bananeros. Una enfermedad los exterminó hace unos años. Y era el medio de vida de los pobladores. Recuerdan que en la visita realizada en 2013 la gente de las islas les decía que de la venta de los plátanos sacaban los medios para llevar a sus hijos a la escuela, comer y vivir. «El plátano forma parte de la cultura de este pueblo», dicen en la asociación. «Todos tienen su pequeña choza rodeada de diversidad de plátanos, con los que se alimentan y hacen la bebida tradicional, el 'kasiksi', alrededor de la cual se celebra todo. No se concibe una vivienda sin su correspondiente bananero».

Con la ayuda de la fundación Mamoré, la asociación trabaja para la recuperación de los bananeros. Se ha puesto en marcha una investigación con agrónomos locales en la isla de Idjwi, consistente en implantar semilleros con nuevas plantas de bananero traídas de otras zonas del país y plantarlas en terrenos preparados y saneados previamente.

La experiencia está dando buenos resultados y, aunque la labor es lenta, «pensamos que en unos años el tema podría estar casi resuelto, sobre todo por el interés y las ganas de colaborar que está poniendo la población, conscientes de que les va mucho en ello, a esta generación y a las próximas», dicen.

Eso ocurre en la isla 'grande'. En las islas pequeñas, Kinyabalanga, Nyamizi e Ihre, en las que la asociación empezó su andadura, queda trabajo por hacer. «Creemos que poco a poco, como venimos haciendo todo, se podrá conseguir mucho, con la ayuda de nuestros colaboradores. Es 'la caña' que necesitan para luego 'pescar' ellos. Nosotros les damos los medios, el trabajo lo ponen ellos».

Funcionan bien los talleres de corte y confección puestos en marcha en las islas, en los que se realizan ropas y uniformes que luego se venden. También sigue adelante el proyecto de compra e instalación de depósitos para la recogida de agua de lluvia. «En Kinyabalanga, Nyamizi e Irhe, el único acceso que tienen al agua potable es el agua de la lluvia», explican en la asociación. «No tienen agua potable y aunque el tema es lo suficientemente grave y urgente, como lo expresan los criterios del milenio establecidos por la ONU, el Estado no se ocupa de reparar esta carencia, por lo que la asociación instaló canales de recogida del agua de la lluvia en unos depósitos de los que luego la población puede servirse. Este es el único acceso que tienen al agua potable. Nuestro proyecto es seguirles dotando de nuevos depósitos de 1.000 litros, que se pueden colocar fácilmente repartidos en cada isla». Para mejorar el modo de vida de cada familia tienen un proyecto de compra de varias gallinas por unidad familiar.

Nueva crisis en el Congo

Mientras, la República Democrática del Congo sigue en plena crisis. Continúa la guerra del coltán en Kivu Norte, en la zona de Goma. Recientemente las autoridades de Botsuana han culpado de la crisis humanitaria y de seguridad que sufre el país, a su presidente, Joseph Kabila. Su permanencia en el cargo y su negativa a convocar elecciones ha causado en las últimas semanas protestas y la muerte de decenas de manifestantes. «Hay un problema de corrupción en el gobierno, por el que se favorece los intereses del vecino país de Ruanda y a las multinacionales», dicen desde la asociación.

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