«Ver Donostia así es alucinante»

Iñigo Martínez de Albornoz,campeón de España de esquí de travesía, subió a Igeldo donde estuvo practicando saltos, con un espectacular paisaje/R. S.
Iñigo Martínez de Albornoz,campeón de España de esquí de travesía, subió a Igeldo donde estuvo practicando saltos, con un espectacular paisaje / R. S.

La capital guipuzcoana despertó ante una imagen de postal, pero el colapso desesperó a muchos ciudadanos

TERESA FLAÑO

Una cosa quedó clara: ayer no nevó a gusto de todos. «Es el mayor deseo de toda mi vida; es lo que siempre había pedido, ¡que nevara!», afirmaba entusiasmada Claudia mirando cómo los copiosos copos caían en la Plaza Gipuzkoa. A su lado, la cara Ander Gorosabel, el padre de esta niña de 9 años, era un poema, una mezcla entre frío y resignación. Había tenido que pedir un día de fiesta para cuidar a su hija porque a primera hora de la mañana había recibido un mensaje del colegio recomendándole que no la llevara porque, aunque iban a estar abiertos, las clases quedaban suspendidas. «¡Joé con la ‘bestia del este’!, podía haber llegado en el fin de semana. A mí me ha hecho una faena». La misma que a muchos que tuvieron que desplazarse al centro de la ciudad desde barrios como Altza, Egia, Bidebieta o Intxaurrondo andando por la ausencia de autobuses. Las estampas idílicas se vieron sepultadas por la realidad de una nevada que colapsó Donostia durante gran parte de la mañana.

La jornada de ayer fue de cara y cruz, de blanco y negro, según quién la viviera. Dejó imágenes preciosas, algunas divertidas, pero también perjudicó la vida cotidiana de muchos: niños que no pudieron ir al colegio, personas que llegaron tarde o no llegaron a las consultas en el Hospital, establecimientos que tuvieron que abrir más tarde porque los empleados no podían llegar -llamaba la atención que un local de comida rápida de la Bretxa permanecía sin levantar la persiana a las once de la mañana-, y propietarios de bares y restaurantes que esperaron infructuosamente la llegada de los proveedores. Aitor Lacoste, del Kai de la calle Juan de Bilbao, era uno de los afectados. «No han podido entrar a la Parte Vieja. Además, algunos tienen que venir desde Hernani y la carretera debe estar imposible porque no han aparecido».

Una de las líneas de autobús con más usuarios es la 28, que llega a la zona hospitalaria. A pesar de que la carretera a Miramón permaneció abierta, los buses no pudieron subir hasta bastante tarde. Los primeros lo hicieron cerca de las diez de la mañana, ante la desesperación de quienes tenían consultas. Ya en el Boulevard, donde muchos se quejaban de lo resbaladiza que estaba la acera del lado de las paradas, se llenaban y en el resto de paradas mucha gente intentaba entrar como fuera, incluso por las puertas traseras, para desesperación de los chóferes que pedían un poco de paciencia y orden.

María Vivanco trabaja en Lizartza. Cada día se desplaza allí con otros compañeros, compartiendo coche. Ayer, algunos trabajadores de la misma empresa tardaron casi hora y media en llegar desde Andoain, así que su jefe les llamó para decirles que no fueran. Mientras tomaba un café antes de irse a casa comentaba que «hoy toca teletrabajo».

Juan María Iztueta fue el único baserritarra que abrió su puesto en la Bretxa

Los autobuses a Hospitales comenzaron a funcionar tarde, ante la desesperación de quienes tenían consulta

La imagen de La Concha nevada atrajo a numerosos paseantes y también a esquiadores

04.20 de la madrugada

En cuanto se asomó a la ventana de su casa en Zizurkil, Juan María Iztueta decidió subir rápidamente a la granja Lepasoro, «por lo que pudiera pasar», a recoger las verduras y hortalizas para surtir su puesto de La Bretxa. «He bajado la furgoneta lo antes posible porque temía quedarme sin poder venir». Eran la 04.20 de la madrugada. Después, no pudo salir hacia Donostia hasta las seis de la mañana, «cuando han quitado la nieve». A continuación otra odisea, atravesar la N-1. «He tardado tres horas y media en llegar». La aventura mereció la pena porque era el único baserritarra que abrió su puesto bajo la tejavana de la Bretxa. «Te lo vas a ‘comer’ todo», le decían algunas clientas, a lo que Juan María respondía: «Eso será si viene alguien».

Las mañanas de Reloj Berri en el Boulevard suelen ser de ajetreo constante, la máquina del café no para, las mesas y la barra suelen estar repletas de habituales que comentan las noticias de los periódicos. Ayer, a primera hora de la mañana, la imagen era bien distinta. En primer lugar porque abrieron más tarde de lo normal. Iñaki, su propietario, había tenido bastantes problemas para llegar desde su domicilio en la Avenida de Tolosa. «Hasta la Concha ha ido más o menos bien. Luego ha sido bastante complicado, pero no creo que muchos clientes se hayan quedado sin desayunar porque no había casi nadie en la calle».

La apreciación de este hostelero no era del todo real porque la barandilla de la Concha lucía como en pleno verano, hasta los topes de paseantes que, cámara en ristre, captaban ‘el marco incomparable’. Marcial Esteban y su novia Susana están disfrutando unos días de vacaciones en casa de unos amigos donostiarras. Estos andaluces no paraban de sacar fotos de todos los ángulos de la playa. «Es alucinante. Ayer nos dijeron que hoy iba a nevar, pero no nos imaginábamos que iba a ser así. Somos de Málaga y ver nieve al lado del mar se nos hace muy raro», explicaban. Después, literalmente alucinaban cuando veían a los bañistas salir del agua. «Lo hemos visto alguna vez en el Telediario, pero así...», comentaban. Aunque la boca se les quedó abierta del todo al ver pasar a una pareja con los esquís en la mano «¿De verdad van a esquiar? Eso no nos lo perdemos», decían antes de echar a andar siguiéndoles.

Saltos en Igeldo

Desde primeras horas, aficionados al ski llegaban a una de las tres playas. A las siete de la mañana, en Ondarreta se podía ver una imagen ya tradicional cuando nieva en San Sebastián, el exciclista Peio Ruiz Cabestany deslizándose. En Igeldo, el campeón de España de esquí de travesía, Iñigo Martínez de Albornoz, practicaba saltos, después de ser otro de los que había pasado por la playa. El paseo Árbol de Gernika se convirtió en circuito de ski de fondo y hubo quien se lanzó por la calle Egia, antes de que se abriera a los vehículos, como si de un gran slalom se tratara. También hacía deporte un grupo de militares que llegaron corriendo hasta el Peine del Viento, muchos de ellos en pantalón corto. La imagen de la formación, parecida a la de los marines norteamericanos que se ven en las películas, fue muy fotografiada. Y muchos chavales sin clase se deslizaban por las pendientes del Palacio Miramar en trineos, tablas y hasta en un cajón, otros optaban por hacer muñecos de nieve, como una cuadrilla en el Boulevard.

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