Las vidrieras de Donostia, un bien a proteger

La espectacular vidriera principal del Palacio foral fue realizada en 1890-93 en Munich por la Casa Mayer. /Reportaje fotográfico: Lobo Altuna
La espectacular vidriera principal del Palacio foral fue realizada en 1890-93 en Munich por la Casa Mayer. / Reportaje fotográfico: Lobo Altuna

La firma Mauméjean realizó hace un siglo la mayoría por encargo de instituciones, comercios y viviendas

AINGERU MUNGUÍASAN SEBASTIÁN.

Las podemos contemplar mientras tomamos un café en el Boulevard, al entrar a un portal de la calle Prim, cuando vamos a registrar un documento al Ayuntamiento o al acudir a un juicio en la Audiencia Provincial. La mayor parte de las vidrieras fueron elaboradas en un momento de esplendor de la ciudad, el primer tercio del siglo XX, pero lo que entonces fue un elemento de distinción y lujo ha pasado hoy a ser un ornamento demodé. La Diputación se ha fijado en ellas por su valor artístico e histórico y ha solicitado al Ayuntamiento su catalogación en la revisión en curso del Plan Especial de Protección del Patrimonio Urbanístico Construido (Peppuc), poniendo en un brete jurídico a la Administración municipal puesto que muchos de estos elementos están en el interior de viviendas particulares y la medida podría abrir un frente judicial.

La mayor parte de estos murales de luz y color fueron realizados hace un siglo por el taller Mauméjean, una saga familiar de tres generaciones de magníficos «pintores del vidrio», como los denominan Lola Horcajo y Juan José Fernández Beobide en su libro 'Villas de San Sebastián I'. Su taller original estuvo en Pau (1862), pero tras establecerse en Anglet, Biarritz y Madrid recalaron en 1907 en San Sebastián, una ciudad en plena expansión urbana, con una próspera y pujante burguesía, y una gran demanda de trabajos para edificios públicos, religiosos y particulares. El taller, ubicado en la calle Pedro Egaña 8, llegó a servir a todo el norte peninsular y exportó vidrieras a diferentes países europeos.

Sus trabajos se pueden contemplar en el Palacio de la Diputación, el Ayuntamiento (antiguo Casino), el Palacio de Justicia, en iglesias como la de los Jesuitas, San Ignacio, San Vicente, Reparadoras, Capuchinos, en portales y escaleras de muchos edificios del Ensache Cortázar y de Gros, en el Bar Barandiarán, el restaurante Bokado (procedente de la cafetería California) y en muchas villas y palacetes como las Torres Satrústegui, Villa Soro y Aldamaenea, Incluso se pueden ver en varios panteones del cementerio de Polloe.

La propuesta foral solo ha incluido las 130 vidrieras más accesibles, pero habrá más en villas y viviendas

La Diputación encargó a Mikel Lertxundi, doctor en Historia del Arte y especialista en artistas vascos del siglo XIX y primera mitad del XX, un trabajo para inventariar las principales vidrieras y éste se ha utilizado como argumento para reclamar su protección en el proceso de revisión del Peppuc. El informe detalla 130 elementos en 60 ubicaciones distintas realizados entre finales del siglo XIX y 1960. Solo hay una vidriera incluida en el estudio que se escapa a este periodo: la realizada en 1977 en base a bocetos de Ruiz Balerdi para la sede de Kutxa en la calle Garibay. La mayoría de las que se pueden contemplar en San Sebastián son obra de la firma Mauméjean, pero las hay también de otros talleres como Unanue y Zumalabe o la Unión de Artistas Vidrieros de Irun. Lertxundi explica que otra firma que empezó a trabajar en la ciudad a partir de 1930 fue Arte Sociedad Limitada, de Segui y Goicoechea, cuyo local estaba en el callejón particular de Suquía de la calle Matía.

El sueldo de 43 trabajadores

Una de las obras más singulares es la vidriera principal del Palacio foral (1890-93) que representa la Jura de los Fueros de Gipuzkoa por Alfonso VIII. Su confección costó 32.250 pesetas de las de entonces que, para hacerse una idea, era 43 veces lo que cobraba anualmente un becario de Bellas Artes. El boceto lo realizó José Echena y la vidriera se fabricó por la Casa Mayer en Munich. Otras vidrieras del edificio foral de la plaza de Gipuzkoa fueron confeccionadas por Mauméjean.

Lertxundi explica que en su propuesta de catalogación solo se incluyen las vidrieras de los edificios más accesibles, porque está convencido de que deben existir, con total seguridad, más elementos artísticos de este tipo en villas y viviendas particulares de Ondarreta, Ategorrieta y el Centro de la ciudad. El especialista precisa que el objetivo foral de incluir estos elementos en el Peppuc es «evitar la desaparición» de estas vidrieras, que tienen «un valor artístico e histórico indudable». En su opinión, se podría permitir «un cambio de sitio» de estos elementos, pero lo que hay que evitar a toda costa es su «destrucción o desaparición». En muchas subastas de arte aparecen hoy vidrieras enmarcadas. «El problema es cuando se eliminan sin más y se pierde el bien», apunta.

El Ayuntamiento analiza las consecuencias jurídicas de proteger vidrieras en casas particulares

En los inmuebles institucionales es más fácil apelar a la sensibilidad de sus responsables para blindar estos paños con historia que, en muchas ocasiones, «conforman el carácter del propio edificio en el que se ubican». En estos casos, si se rompe uno de los vidrios lo que procede, según Lertxundi, es llevar a cabo «una restauración respetuosa con la vidriera», algo que -afirma- en algunas ocasiones no se ha hecho en el edificio consistorial. En otras ocasiones, una intervención arquitectónica posterior ha «desvirtuado» la vidriera. Es lo que ocurrió en el edificio Pescadería cuando se le unió desde la plaza el hoy ya desaparecido edificio Cánovas. El resultado fue que este ventanal quedó tapado por una viga y se desmontó el remate inferior de la vidriera, algo que, a su juicio, se debería reconsiderar -la pieza, al parecer, «se guardó»- en la reforma del inmueble que se acometerá a partir del año que viene.

En viviendas particulares, Lertxundi asume que la tarea de protección es más difícil. «Si alguien se compra una casa con vidrieras es complicado imponerle» al nuevo propietario el mantenimiento de un bien del que quizás vaya a prescindir porque no va con su estilo.

Catálogo de restricciones

El Departametno de Urbanismo del Ayuntamiento se encuentra ahora valorando todas las alegaciones presentadas al Peppuc, incluida esta propuesta de la Diputación. El concejal de Urbanismo, Enrique Ramos, explicó que el asunto de las vidrieras, en concreto, está siendo analizado jurídicamente por las consecuencias judiciales que puede suponer una decisión de este tipo para el Ayuntamiento.

Es la misma disyuntiva, a otro nivel, a la que se enfrentó la administración cuando decidió hace una década realizar un plan de protección de edificios, que no es otra cosa que un régimen de restricción de intervenciones en bienes que, en su mayor parte, son privados. Había un cierto consenso inicial de que la protección se limitase al exterior de las construcciones (las fachadas). El objetivo era mantener la imagen que los donostiarras tenían de su ciudad. Hoy la pregunta que cabe hacer con las vidrieras es hasta qué punto el poder público puede limitar a un propietario privado lo que hacer con una puerta de su casa en la que lucen unos cristales de colores de la Belle Epoque y él lo que quiere es una madera lacada blanca.

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