«Hoy tenemos mucha información y sabemos lo fácil que es destruir algo»

Daniel en la plaza San Juan, no lejos del restaurante de sus padres, el Han Bar. /FRAILE
Daniel en la plaza San Juan, no lejos del restaurante de sus padres, el Han Bar. / FRAILE
Daniel Bowen Dong | Multiculturalidad, tecnología y más

Begoña del Teso
BEGOÑA DEL TESO

Nació en Barakaldo, sus padres, llegados de Wenzhou, ciudad situada en la costa del Mar de China Meridional, abrieron restaurante en Hondarribia y él estudió en el colegio Ama Guadalupekoa hasta que a los 16 años fichó por el San Patricio de Donostia para mejorar su inglés, idioma en el que luego cursaría su carrera en la IE University, solo superada en el Top 50 Internacional por la Universidad de Navarra. Pasó un año de intercambio en Oriente y luego trabajó en el mundo de las finanzas. Y como consultor en Allianz, Munich. Ahora, en Dublin o en cualquier otra parte del mundo, colabora con pequeñas y medianas empresas para que desarrollen al máximo sus potencialidades. A través de la tecnología de Google, actual empleador de este muchacho que, por supuesto, ayudaba a sus padres a servir y fregar platos en el legendario restaurante Han Bar de Irun. Daniel estuvo este fin de semana en Gipuzkoa para no perderse la graduación de su hermana. En el St. Patrick’s English School.

Hermoso lío de culturas el tuyo.

– Hermoso, sí. Tanto como enriquecedor. Tenía una cuadrilla en Honddarbi, la otra en Donostia. Ayudaba a mis padres en la calle Mayor de Irun. Hablábamos en chino, euskera, castellano e inglés. Fui aprendiendo que a pesar de lo muy iguales que podemos ser los seres humanos, tenemos referencias culturales, lingüísticas, emocionales y ambientales muy distintas. Y esa inmersión en la multiculturalidad va mucho más allá de entender las distintas lenguas en las que (te) hablan

Buena reflexión. Desarróllala.

– Comprendes no solo las palabras sino por qué alguien ha reaccionado como ha reaccionado. Por qué ha respondido o actuado de una manera o de otra. Pero no creas, cuando entré en IE University, con campus en Madrid y Segovia, yo ya no era ese chico chino nacido en Cruces crecido en Hondarribia, que ayuda a sus padres en el negocio familiar y habla euskera, wu, castellano e inglés.

¿Ah no?

– En mi universidad había y hay alumnos de 100 nacionalidades diferentes. Y con historias mucho más sorprendentes que la mía. Mi compañero de habitación con quien luego viví la maravillosa experiencia de Munich dentro de una firma como Allianz, perfecta, cultural, laboralmente estructurada de manera muy germánica, era un serbio que vivía en Uganda a donde le desplazó la Guerra de los Balcanes. Repito, la multiculturalidad es uno de los valores del mundo actual. Pero no solo un valor humano. También empresarial y económico.

Hablamos de valores y ahí abajo de responsabilidad ética, pero sin embargo en el titular aparece la palabra ‘destrucción’. Sé que no te gusta la definición pero, ¿estáis los ‘millennials’ (nacidos entre 1980 y 2000) llamados a luchar contra ella?

– Hoy tenemos tanta, tantísima, información que no podemos ignorar lo fácil que es destruir algo. Algo o todo. Por eso creo que en muchos de nosotros existen esas ganas, ese deseo, ese afán de dejar marca, de dejar huella. De hacer todo lo que hagamos sin olvidar su vertiente ética. Estoy seguro de que antes que nosotros y después de nosotros ha habido y habrá quienes soñaron y soñarán con hacer cosas que sirvieran, sirvan, para el bien de los demás, para construir y no derribar. Siempre muchos lucharon por eso pero nosotros tenemos y aceptamos esa responsabilidad. Trabajamos en empresas que buscan el equilibrio personal y laboral de sus empleados, ayudamos a que pequeños negocios entren sin miedo en las redes tecnológicas. Y hemos asumido que la equivocación sirve para aprender.

Sin embargo, me decías que el margen de error (tecnológico) de una pyme, de un negocio familiar como el de tus padres, es mas pequeño que el de una gran empresa corporativa. ¿Entonces?

– Efectivamente. Por eso necesitan más apoyo, más estar a su lado; alguien que les quite el miedo. No solo a las tecnologías. También a algo que nosotros ya hemos aprendido a revertir en nuestro favor.

¿Hablas de ese miedo al error?

– Exacto. Ya lo hemos dicho, la equivocación es herramienta para aprender, para cambiar y no rendirse.

Trabajas en Google, acabas de comprar una máquina de realidad virtual. Hoy por hoy solo es un juego y sin embargo... dime, ¿hay algo que desde Dublin te siga sorprendiendo día a día?

– Esa misma máquina de realidad virtual. ¿Qué pasará cuando sea un instrumento científico, médico? Jugábamos mis amigos y yo a ser funambulistas y aunque estábamos agachados en el suelo... ¡mirábamos hacia abajo como si realmente tuviéramos vértigo!

Impresiona

– Como lo rápido que avanza la Inteligencia Artificial. Mi smartphone ya no es un ‘dispositivo’ sino mi asistente personal. Converso con él, me organiza la agenda, me conoce y, por tanto, me hace sugerencias.

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