Una «compatibilidad entre patrimonio y accesibilidad»

La hija de Luis Peña Ganchegui, el arquitecto que trabajó con Eduardo Chillida en la construcción del Peine del Viento, explicó a DV hace unas semanas por qué finalmente habían dado el visto bueno a la intervención. «Tenía que haber una compatibilidad entre el patrimonio y la accesibilidad. Hemos reclamado una consideración de que se trata de un espacio a medio camino entre la ciudad y la naturaleza. La accesibilidad del Peine del Viento no es comparable con la de un mercado u otra construcción. Dijimos que sí a una solución de rellenar las juntas y rebajar en parte los adoquines, pero no a hacer un acceso como para entrar en un Ayuntamiento. Hemos pedido comprensión sobre el lugar y el sentido de la obra». Rocío Peña asumió que si el Peine del Viento se hubiera construido hoy en día en vez de hace 40 años «se plantearía de otra manera», pero explicó «es un espacio en el que todo el mundo accede con dificultad», no solo las personas con problemas de movilidad. «Hay que permitir el acceso a todos», matizó, pero no convertir este espacio en una pista lisa donde poder patinar o andar en bici. «Mantener cierta rugosidad en el pavimento es fundamental para preservar el carácter de este espacio» que sus creadores diseñaron para hacer una transición entre lo urbano, lo domesticado por el hombre, y la naturaleza salvaje del mar y los acantilados.

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