El cinematógrafo

Primeras imágenes del cine Sanchís en las ferias de Amara./KUTXATEKA
Primeras imágenes del cine Sanchís en las ferias de Amara. / KUTXATEKA

1896. Las primeras proyecciones de cine en San Sebastián se ofrecieron en la Alameda del Boulevard, frente al kiosco

JAVIER SADA

El 13 de febrero de 1895 los hermanos Lumière patentaban su invento y lo presentaban el 22 de marzo proyectando el primer documental de 46 segundos titulado 'La salida de la fábrica'. El 28 de diciembre siguiente, en el Salón Indien du Grand Café de París, ofrecían la primera exhibición comercial con un programa de diez películas. En enero de 1896 estrenaron 'La llegada de un tren...'.

Es importante prestar atención a las fechas para ratificar lo muchas veces recordado sobre el seguimiento que en San Sebastián se hacía de cuantas novedades pudieran producirse en la capital francesa, ya fuera en el mundo de la cultura, la moda, la política, etc.

Apenas unos meses después de la presentación del cinematógrafo, ya lo teníamos anunciado en San Sebastián como gran atractivo de la Semana Grande. Cuéntase que Eugène Pormio, representante de los Lumiére, fue enviado a Madrid para enseñar la gran novedad pero, siguen diciendo las crónicas, en la capital de España le dijeron que allí no había nadie, que era verano y «todo el que pintaba algo» estaba en San Sebastián.

Los feriantes convirtieron sus casetas de cine en locales estables repartidos por la ciudad

Esta versión debe dejarse en cuarentena debido a que el 15 de mayo de 1896 se ofreció la primera proyección en Madrid, lo cual no es óbice para deducir que Pormio viajó con las bobinas a cuestas hasta San Sebastián, consiguiendo que, el 6 de agosto, el cinematógrafo se estableciera entre nosotros... O se fue directamente a Biarritz porque la Unión Vascongada informaba de que el cine de los Lumière sería exhibido en Biarritz en agosto, atribuyendo a Edison la autoría del presentado en San Sebastián.

La prensa local, para la que se ofreció una sesión especial el citado día, comentó que todos esperaban con impaciencia la aparición de las fotografías animadas, prorrumpiendo en aplausos cuando vieron que el prodigioso invento permitía ver cómo se movían las gentes, los tranvías y los coches, no siendo descriptible, se escribía, el efecto que producen.

El cinematógrafo, instalado en el número 19 de la Alameda del Boulevard, frente al kiosco de la música, ofrecía «pases» durante todo el día hasta las once y media de la noche y la gran diferencia que tenía sobre el kinetoscopio, presentado el año anterior, era que «se pueden ver las figuras a tamaño natural». El kinetoscopio, una caja de madera que por una ventana de cristal reflejaba imágenes, había sido presentado el 5 de julio de 1895 en el número 14 de la Alameda, entonces calle del Pozo, por unos periodistas franceses.

Las primeras fotografías que han llegado hasta nosotros de salas de proyección no corresponden a «salas estables», sino a barracas de feria que con los nombres de Enrique Farrus, Sanchís y Rocamora se instalaron en el paseo del Urumea, hoy paseo del Árbol de Gernika.

Los cafés más importantes habilitaron espacios para proyecciones cinematográficas

Quizá uno de los más curiosos fue el Metropolitan Cinemateur, instalado sobre raíles en el lugar de las ferias. Se trataba de un vagón de ferrocarril que a guisa de sala de espera tenía un vestíbulo en los falsos andenes por el que se accedía a los asientos. Cuando sonaba el pito del «jefe de estación» y se oía la campanilla, la pared del vagón se convertía en lienzo de cine y los «viajeros» veían las imágenes sintiendo los efectos especiales que producían la trepidación de un tren en marcha.

Luego llegarían los cines Goya, Murillo, Farrusini... y el propio Rocamora, feriantes que pasaron a ser propietarios de locales en distintas calles. Otro gremio que pronto se sumó al mundo del cine fue el de la hostelería. Los más importantes cafés (Rhin, Marina, Norte, Kutz...) habilitaron espacios para poder ofrecer hasta cuatro proyecciones que se prolongaban tarde y noche, pero su iniciativa no tuvo futuro.

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