«Hay cierto regusto contra las grandes marcas que favorece a lo local»

18 decilitros bien 'echados'. Iban se sirve un botellín de 'Zurito'./USOZ
18 decilitros bien 'echados'. Iban se sirve un botellín de 'Zurito'. / USOZ

Iban Unzueta Galarza. Un zurito en botella sueco-italiana

Begoña del Teso
BEGOÑA DEL TESO

Raíces goierritarras (Beasain, Ordizia), recriado en Zarautz. Estudiado en Siracusa, Estados Unidos y en el Instituto Goethe de Düsseldorf. Su empresa, Elkano Group (agencia de publicidad y comunicación, consultoría de marketing) está asentada en Portuetxe 57. Pero también son creadores de productos que se ofrecen en vaso ancho o copa larga en la capital del Golem y Kafka, en Praga. El más nuevo, ese zurito embotellado, arrasa en bares, hipers y supers. Hablamos, bebiendo, en la terraza del Labrit, allá en Zabaleta.

Quince días no más

Zurito.eus
Es la web donde se puede ver el gran spot filmado en torno al zurito embotellado. Salen en él cuadrillas, parejas enamoradas y maestros de la txuleta, el hacha y el surf. Leemos las superficies donde se vende en packs de cuatro botellines y se certifica que desde hace quince días se sirve en 150 bares. Para el jueves a las 14 horas ya se habían consumido 59.997 medidas de 18 decilitros

- No tienes orígenes ni txakolineros ni cerveceros y sin embargo, vamos a hablar de un txakoli azul y de un zurito embotellado.

- Tengo las raíces en el tejido industrial de Gipuzkoa. Estudié en un país donde el marketing lo es todo y más. Estados Unidos es un lugar profundamente publicitado y judicializado. Jueces y creativos de publicidad son los reyes. Aquí, nosotros vimos que había un sector que aún no comprendía la importancia de un buen catálogo, una buena presentación, un buen stand en una feria. Y ahí que nos metimos.

- ¿Y cuál era ese 'nicho'?

- El de las pymes industriales. Todas esas empresas, talleres y fábricas de pequeño tamaño que siempre habían creído que con hacer un buen producto bastaba. Que un buen tornillo, una buena herramienta se venden solos, bien y rápido.

- ¿Costó convencerlos de que no?

- No demasiado, porque con unos pocos detalles, algo de atención y el cuidado del posicionamiento del producto el cambio era tan grande que el resultado les llegaba al alma.

- Todo iba bien pero llegó la crisis. La primera, la de 2008.

- Nos mantuvimos. Les dimos la solución. Que era, simplemente, 'exportación por expulsión'.

- Suena contundente. Lo tomas o lo dejas. Pero pon un ejemplo.

- Imagina una empresa de materiales de construcción a la que la burbuja inmobiliaria le explota en la cara. A la fuerza, 'por expulsión', deberá salir fuera en busca de nuevos mercados. Y en aquel momento el futuro (o al menos el poder mantenerse a flote) estaba en Francia, Estados Unidos y los países emergentes.

- A las agencias de publicidad, marketing, consultorías diversas, la crisis les llegó más tarde.

- Quizás hacía 2011. Cuando a las empresas les resultó más fácil (siempre pasa igual y tiene su lógica) recortar precisamente en posicionamiento y marketing que en materias primas o, peor aún, en trabajadores. Las cosas así, nosotros, esperando la recuperación que sí, sí está llegando, decidimos que tras haber trabajado con tantos productos ajenos llegaba la hora de crear los nuestros propios. Si exportables, mejor.

- ¡Os pusisteis a hacer txakoli! Y a exportarlo. Ha de ser difícil mandar fuera un vino tan joven...

- Creamos 'Triple A Wines'. Triple A por la cuestión del 'rating', de la calificación de las agencias a los países. Al fin y al cabo, los vinos también se 'ratean'. Hicimos el 'Olatu', ese txakoli azul. En Bodegas Akarregi. La idea de criarlo en lías nos permitió afrontar la exportación con optimismo. Y éxito.

- '¿En lías?'

- Cuando el vino permanece un tiempo, bien en barrica bien en depósito, en contacto con las levaduras que producen su fermentación. Eso le da matices, le da resistencia.

- ¿Resultado ?

- Txakolis conocidos y reconocibles: 'Olatu', 'Orlegia' e 'Ilunabar'. Vendidos en USA, Inglaterra, Canadá. 3.000 botellas exportadas, consumidas en Praga, a orillas del Moldava.

- Y ya, puestos a, ¡hagamos una cerveza! Artesanal, a ser posible. Pero que no sepa ni a chocolate ni a calabaza. Y no sea ni 'cañón' ni 'katxi'.

- Una de nuestras tareas (y pasiones) es detectar tendencias casi antes de que salgan a superficie. Sabemos que aunque el mercado se haya inflado sobremanera, las cervezas artesanales son una opción. En bares y comercios. Con el tiempo quedarán solo las buenas pero ahí están. Se detecta un cliente nuevo y joven que no tiene excesiva simpatía a las grandes marcas (y no solo de cerveza) y apuesta por lo hecho aquí cerca, aquí al lado. Por gente que tiene nombre y apellido. Por el Km 0 y el producto de proximidad. Por otro lado...

- ¿Qué?

- Nuestros estudios de mercado, nuestras encuestas a pie de barra nos (de) mostraban que a la gente le agobian un poco los sabores intensos, densos, pesados de algunas artesanales. Nuestra cultura cervecera no es la de Alemania, donde a veces introducen un hierro caliente en la jarra. Ni la cultura de la cremosidad untosa de algunas irlandesas negras. No, la nuestra es de bebida ligera, fácil. De poteo. De poder tomarte tres o cuatro zuritos antes de cenar.

- Así que...

- Nos liamos con un maestro cervecero de Balmaseda, Javier Sevillano y creamos una Blondie Ale algo tropical que según algunos catadores podría recordar el aroma del mango. Buen lúpulo, buena malta. Buen agua. Frescura. 4,5º de alcohol. Fermentación carbónica verdadera. Es decir: depósito y dejar pasar el tiempo. Nos tentó una empresa con mucho poder pero no, queríamos que fuera realmente natural y artesana.

- ¡Y con ese nombre, esa botella y esa medida!

- La palabra 'zurito' no estaba registrada como marca. La medida, la real de un zurito: 18 decilitros. Una cantidad tan extraña que no había botella para contenerla. La encontramos en Suecia. Diseño italiano.

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