Los cien años del Hospital de Cruz Roja

Villa María, en la calle Matia, donde se ubicó el Hospital de la Cruz Roja./
Villa María, en la calle Matia, donde se ubicó el Hospital de la Cruz Roja.

Convertido hoy en centro sociosanitario, se instaló en 1918 en la villa María en el barrio del Antiguo . El centenario se celebra este año porque en 1917 se dan dos cursos de Damas Enfermeras de Cruz Roja en San Sebastián, que la reina vinculó al nuevo hospital

CRISTINA TURRAU SAN SEBASTIÁN.

El hospital de la Cruz Roja se instaló en villa María, en la calle Matia, en 1918. El centenario se ha celebrado un año antes, porque en 1917 se ofrecieron dos cursos de Damas Enfermeras de la Cruz Roja en San Sebastián, una sección que presidió la reina María Cristina y la circunstancia se vincula al nuevo hospital. En 2016-2017 la reina modifica los estatutos de la Cruz Roja española y crea la sección de Señoras independiente de la de Caballeros. Se ultiman los preparativos para que villa María se convierta en Hospital Dispensario dirigido por el doctor Egaña. Aquel Hospital de la Cruz Roja es, desde 2003, un centro sociosanitario que ofrece 73 plazas concertadas con la Diputación de Gipuzkoa.

Las Damas Enfermeras

Las Escuelas de Damas Enfermeras están ligadas al hospital de Cruz Roja. «En 1909, durante la interminable guerra de Marruecos, ocurrió el episodio del Gurugú», relata el médico Enrique Samaniego en su libro 'La Cruz Roja: memoria y paz', escrito con motivo del 150 aniversario de la institución celebrado en 2013. «Un grupo de damas donostiarras estaban sensibilizadas para actuar como enfermeras en ayuda de la sanidad militar, pero carecían de formación. Se pensó en aprovechar la oportunidad para reunirlas y adiestrarlas y crear un grupo de enfermeras voluntarias de Cruz Roja como ya existían en ciudades allende la frontera».

El 11 de junio de 1910, en la calle Larramendi 25 de San Sebastián, el doctor Charles Vic, junto con los doctores Lerembour y Harriet, franceses con consulta en San Sebastián, fundaron el dispensario de caridad de Santa Isabel, donde se estableció una escuela de formación de Damas Enfermeras. «Acudían a los cursos señoritas y damas de la alta sociedad donostiarra», relata Samaniego.

La reina María Cristina había visitado el dispensario durante sus veraneos en la ciudad en repetidas ocasiones. «El Dispensario de Santa Isabel estaba dirigido por una junta de señoras y esto gustaba a doña María Cristina», explica el investigador. «Muy probablemente este deseo influyó en la modificación de los estatutos de la Cruz Roja española, y así, el 16 de enero de 1917, se redactan los nuevos estatutos de la Cruz Roja». Surge así la sección de señoras independiente.

No fue tarea fácil. «El Comité de Gipuzkoa consideró a la sección de señoras como una Cruz Roja paralela y origen de un grave conflicto. El presidente, José Elosegui, para frenar esa sección, acudió a la Asamblea Central de Madrid y a la mismísima reina sin ningún éxito».

La reina no le hizo caso. Con la sección independiente de señoras buscaba la puesta en marcha de una red hospitalaria y de dispensarios de caridad que sirviese para la formación de Damas Enfermeras.

En febrero de 1917 se había creado el cuerpo de enfermeras y su programa de estudios. En junio de ese año, la reina reestructuró la Junta de Señoras de San Sebastián y se reservó la presidencia de la misma. En julio se realizó el primer curso para damas enfermeras en el Hospital Provincial de San Antonio Abad y en noviembre se anunciaba un nuevo curso en el mismo hospital».

Hospital de Txillardegui, en la villa del mismo nombre en el Antiguo, durante la guerra de Marruecos, con soldados heridos posando con la Reina María Cristina. Cuestación de las Damas y la reina María Cristina en el hospital de la Cruz Roja de San Sebastián.

Comenzó la fundación de hospitales en Madrid, Bilbao, Barcelona, Granada, San Sebastián y Ceuta. En San Sebastián, la reina María Cristina encargó al doctor Egaña la creación de un hospital-escuela al estilo del Dispensario de Santa Isabel. Se necesitaba un edificio no muy alejado de la ciudad, que permitiese instalar, además de una clínica operatoria, un dispensario para los más necesitados, a los que se daría asistencia gratuita.

Se decidió que villa María, en el Antiguo, era el edificio adecuado. «Comprada la villa, se contrató al arquitecto Luis Elizalde para que hiciese las reformas necesarias», explica Samaniego. «Tanto la compra como las obras fueron costeadas por la reina madre María Cristina».

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