Los barcos de pasajeros de pasajeros de la Bahía soplan velas

Las Motoras de la Isla cumplen 75 años y el Ciudad de SS, medio siglo. Aunque sube el número de turistas, la clientela local sigue dominando el Ciudad de San Sebastián y el día de San Ignacio, en las Motoras de la Isla

Pasajeros del 'Aitona Julian II' en su paseo por la Bahía. LOBO ALTUNA/
Pasajeros del 'Aitona Julian II' en su paseo por la Bahía. LOBO ALTUNA
CRISTINA TURRAU

Son los ‘autobuses del mar’. Las Motoras de la Isla, con su barco emblemático, el ‘Aitona Julián II’, cumplen 75 años de travesías y el Ciudad de San Sebastián, 50. Como dice Gonzalo Echeverría, capitán del Ciudad de San Sebastián y antes marino profesional en pesca de altura, «ahora soy autobusero del mar». En verano, ambas compañías están a tope, porque al aumento de turistas en San Sebastián, se suma el tradicional uso que de estos barcos hacen donostiarras y guipuzcoanos. «Nosotros, sobre todo, vivimos de los de casa», dice Echeverría.

El primer Ciudad de San Sebastián, el popular barco que fue sustituido por el actual catamarán se estrenó en 1967. Fue construido en los astilleros Guria de Pasaia. Podía llevar a 180 pasajeros. El catamarán actual tiene capacidad para 120. «Había dos barcos, el ciudad de San Sebastián y el Ciudad de Málaga, que en invierno se iban a Canarias», dice. «A partir de 1974 solo volvió el Ciudad de San Sebastián».

«Antes subir a un barco así era de guiris, ahora el Ciudad San Sebastán vive de 200km alrededor»

El primer Ciudad de San Sebastián trabajó hasta 2009, cuando llegó el actual catamarán. En aquellos años se fue renovando la maquinaria, el sistema de seguridad... «Cada cuatro años los barcos pasan una súper ITV en la que hay que ponerlos al día en la normativa europea de transporte de pasajeros», explica Echeverría. «En 2008 vimos que el barco presentaba distintas carencias y había que ofrecer mayor comodidad y seguridad dentro de los estándares de transporte. Casi todos los barcos pequeños para recorridos cortos son catamaranes modernos, con sus dos cascos y doble maquinaria para minimizar el riesgo de avería».

El uso del Ciudad de San Sebastián ha cambiado. «Antes montarte en un barco así era de guiris, pero hoy el Ciudad de San Sebastián vive de 200 km alrededor: los niños terminan el colegio y llegan con los abuelos para recordar planes pasados. Somos de casa y al barco se nos sigue con la vista. Cuando llega el verano tenemos que estar recorriendo la bahía».

Buscan nuevos alicientes. Sacan al mar la imagen de la Virgen del Carmen, patrona de los marineros, y en veranos anteriores han hecho la ruta del museo Balenciaga y el Albaola. «Estamos dispuestos a seguir con ellas con algún apoyo, porque somos una empresa pequeña y se necesita ayuda para abrir rutas así», explica. «También es necesario que las infraestructuras portuarias se adapten a las personas con discapacidad».

«Necesitamos que las infraestructuras portuarias se adapten a las personas con discapacidad»

Gonzalo Echeverría se vinculó al Ciudad de San Sebastián en 1992. «Empecé como socio de los hermanos Agirre y ya en 1993 me quedé con la gerencia del barco. Somos una empresa familiar». Marino profesional, trabajó en un barco oceanográfico en Venezuela y en atuneros congeladores en el Golfo de Guinea. «En 1988 me vine a tierra y empecé a trabajar en temas del mar. Por avatares de la vida, he vuelto con el Ciudad de San Sebastián. Digo en broma que soy un autobusero del mar, con ruta cada 45 minutos. Es un negocio de servicio, pero muy cercano y positivo. La gente busca disfrutar, sentirse libre y tener su mini aventura en el mar. En 45 minutos sales a alta mar. Ves el Cantábrico, a veces en calma, a veces con brisa. Aunque hagas el viaje todas las semanas, cada día es distinto».

También son empresa familiar los responsables de Motoras de la Isla, dedicada, generación tras generación, al transporte marítimo de pasajeros. En 1942 comienza el servicio regular con motor de pasajeros a la isla de Santa Clara. Fue con Julián Isturiz, abuelo del hoy patrón Julián Isturiz. Comenzaron con la embarcación Belmonte, de 8,30m de eslora y un desplazamiento de casi 4 toneladas. En 1958 llegaría Belmonte II, un barco construido por el mismo Julián, con 9.15m de eslora y que doblaba la capacidad de pasajeros del Belmonte.

De 1983 es el Aitona Julián, también de madera. Ángel Isturiz, siguiendo el legado de su padre, construye el barco, de 12.50m de eslora y con capacidad para 98 pasajeros. En el año 2000 llega un barco de pasajeros de poliéster o fibra de vidrio, el Antxeta, con un desplazamiento de 18 toneladas. De 2010 es el Gure Aitona Angel, de 14m de eslora y visión submarina. Ángel encarga la construcción del Aitona Julian II, que se estrena en 2015. Es un barco de gran estabilidad, con visión submarina, 2 máquinas propulsoras y capaz de transportar a 140 pasajeros: el de mayor capacidad de la historia de las motoras de la isla. «Ofrece mucha estabilidad», explica Isturiz. «Mi padre lo encargó en Astilleros de Bermeo. El diseño es un poco nuestro, pensando en el acceso a la isla. No podía ser de grandes dimensiones, pero es un barco alto y con anchura para poder llevar a mucha gente».

En los viajes a la isla hay un aumento de turistas frente a la clientela local. «Antes la gente pasaba el día en la isla», explica Isturiz. «Ahora hay muchas dificultades para llegar hasta el muelle y cargar con todo y más posibilidades de hacer otros planes. Los turistas vienen, dan una vuelta por la isla, toman algo en el bar y se van».

«El verano que viene sacaremos al mar el barco de madera Aitona Julián totalmente restaurado»

El verano que viene sacarán al mar el barco de madera Aitona Julián, restaurado. «Tras 25 años en el agua, hemos hecho una rehabilitación total y queremos disfrutarlo».

Los tiempos cambian. Por ejemplo, el movimiento en la bahía donostiarra crece y hay nadadores que protestan por la presencia de barcos como el Aitona Julián II. «Nosotros hacemos el recorrido permitido», dice Isturiz. «Son los nadadores que van a la isla los que deban llevar señalización. El uso de la bahía, entre surfistas, paddle surf, piragüas, o bañistas ha crecido en un mil por cien en los últimos años. Hay que procurar convivir porque si no llegarán las prohibiciones. Y ya tenemos muchas».

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