La arena de La Concha, apreciada por coleccionistas de todo el mundo

Un pequeño fragmento del litoral donostiarra se exhibe en muestras privadas de Australia a EE UU

Ainhoa Iglesias
AINHOA IGLESIAS

Antes del ocaso los bajos y el paseo de La Concha se convierten en escenario de la curiosa coreografía que escenifican quienes, tras un día de playa, se afanan aquí y allá en desprenderse de la arena que ha quedado adherida a sus pies. Unos se dan unos golpecitos con las manos, otros se frotan con una toalla, hay quien pisa fuerte y quien hace cola para pasarse un chorro de agua fría. Aquí o allá se escuchan frases como «es lo peor de la playa», «sacude bien la bolsa que sino nos llevamos un kilo a casa» o «ahora toca barrerla una semana...». Pero, como dice el refrán, lo que uno no quiere el otro lo desea. Así, de cuando en cuando, un buen observador descubrirá que también hay quien toma un puñado de esa materia dorada para guardarla en una bolsa o el fondo de una botella. Es un coleccionista de arena.

No hay estudios que pongan en cifras cuántas personas practican esta curiosa afición, no obstante, un par de búsquedas en internet bastan para saber dos cosas: las hay por todo el mundo y tienen una destacada actividad online. ¿El motivo? Para poder conseguir arena de los lugares más exóticos el intercambio es fundamental y la red proporciona el lugar idóneo para contactar con otros coleccionistas. Así lo explica Borja Mariscal, donostiarra que actualmente vive en Pamplona y atesora en 850 pequeños botes de cristal arena de otros tantos lugares del planeta. Y eso que lleva relativamente poco tiempo en el mundillo. «Empecé hace cuatro años, en 2013, cuando fui de luna de miel a la Rivera Maya. Me llamó la atención esa arena coralina tan blanca y cogí una muestra de recuerdo». A partir de ahí, la curiosidad y la pasión hicieron que hoy por hoy sea la afición a la que dedica más tiempo. «Engancha», advierte. «Le dedico una hora al día mínimo, normalmente por la noche, cuando el niño está dormido. Merece la pena porque tenerlo en la balda todo identificado y bien dispuesto, luce».

'Bahamas', 'Australia', 'Nueva Zelanda', 'Egipto', 'Turquía', 'Suecia', 'Portugal', 'Reino Unido', 'Uruguay', 'Perú', 'Uzbekistán', 'Venezuela', 'Sierra Leona'... países de todos los continentes se asoman a las etiquetas de cada bote. Y aunque la arena que más le interesa a Mariscal es la de playa, en su colección puede encontrarse materia del desierto del Sahara o de la plaza de toros de Béjar. «No porque me interese la tauromaquia», aclara, «sino porque leí que fue el primer coso que se construyó en España y cogí un poco de arena como nota curiosa de la colección».

También posee algunas de las indispensables, las que todo coleccionista tiene al empezar -«del Gran Cañón y de México, esta última porque está la segunda barrera de coral más grande del mundo»- o se afana en conseguir cuando comienza a tomárselo en serio, como la de una playa que conoce muy bien. «La arena de La Concha tiene bastante renombre». Una fama que no llega por haber sido elegida como la mejor playa de Europa y sexta del mundo en los los premios Travellers' Choice 2017 dado que, asegura Borja Mariscal, el interés ya existía. «Es muy oída».

«La mayoría ya tiene arena de La Concha»

A priori podría parecer que este coleccionista donostiarra cuenta, por tanto, con un activo apetecible a la hora de hacer algunos intercambios, pero lo cierto es que es «tan apreciada que la mayoría de los coleccionistas la tiene ya. En España sin duda, pero también a nivel internacional». El motivo, lo desconoce. La realidad, la sabe bien: de Australia a EE UU, un fragmento del litoral donostiarra se exhibe en numerosas colecciones privadas. De hecho, Mariscal asegura que en cuatro años solo ha realizado cuatro envíos de arena de La Concha, todos ellos internacionales. Sabe que no es desinterés, sino todo lo contrario, por el sistema que se utiliza para los intercambios. «Cuando voy a una playa cojo un puñado de arena, yo me quedo con 10 o 12 mililitros, que es lo que me interesa, y el resto la dejo para canjear. Lo normal es que cada coleccionista aporte una lista de todas las muestras que tiene y después se intercambia siempre el mismo número de muestras y la misma cantidad de arena, mediante envío postal». Las cantidades, explica Mariscal, son muy pequeñas, no más de lo que se puede colar en los zapatos dando un paseo por la playa, pero suficiente para alimentar colecciones que, según advertía la Sociedad Internacional de Coleccionistas de Arena hace algún tiempo en la revista 'Muy Interesante', «es mucho más que un hobby de chiflados. Es una actividad seria con más de cien años de historia».

«Hay arenas que son preciosas, auténticas maravillas que poseen microfragmentos de granates o quarzo»

Muchos coleccionsitas de arena lo son por el puro placer de tener un pequeño resumen del mundo al alcance de la mano, pero para unos pocos esos fragmentos de rocas, minerales, conchas o animales marinos que el mar ha erosionado, son mucho más. «Hay gente que mira la arena en el microscopio, que estudia su biografía y su composición, y comparte fotos de lo que descubre. La de La Concha es arena corriente, pero hay algunas que son preciosas, auténticas maravillas que poseen microfragmentos de granates o quarzo», ahonda Borja Mariscal. Él no. Mecánico de automoción formado en Don Bosco, reconoce que su interés no es científico. A pesar de ello, mima cada muestra como si la fuera a estudiar en el mejor laboratorio. «Enjuago la arena varias veces hasta que queda perfectamente limpia. Después la seco. En verano en Pamplona el sol pega de lujo, así que la extiendo en la terraza; en invierno me las ingenio con papel de aluminio para evaporar el agua».

¿Y qué pasa con las otras dos playas de San Sebastián? Ondarreta y la Zurriola son mucho menos conocidas y, por tanto, se nombran y solicitan con menor frecuencia. Borja Mariscal explica que los coleccionistas de la zona sí tienen las tres, sin embargo, cuando en el mapa se empiezan a franquear fronteras, se considera que la capital guipuzcoana queda representada con una muestra de su arenal más reconocible.

Las otras playas de La Concha

El lema de la Sociedad Internacional de Coleccionistas de Arena es «descubrir el mundo grano a grano». Y la verdad es que más allá de la vertiente científica, se hacen manifiestas algunas curiosidades geográficas, como que solo en España hay al menos otras cuatro playas que se llaman La Concha. El Ministerio de Agricultura, Pesca, Alimentación y Medio Ambiente las sitúa en Suances (Cantabria), Arrecife (Lanzarote), Oropesa del Mar (Castellón) y Los Alcázares (Murcia). «Alguna vez pasa que si lo que quieres es arena de alguna de ellas puede producirse confusión, ya que por defecto se entiende que La Concha es la de San Sebastián. A la contra no suele pasar y mucho menos a nivel internacional, que la que conocen, y quieren, es la de Donostia». En ese descubrir el mundo, por tanto, San Sebastián es quien pone su granito de arena.

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