90 años de homenaje a los arrantzales

Pasillo a las rederas y arrantzales a la salida de la Iglesia San Pedro en el Muelle donostiarra tras un aurresku de reverencia./SARA SANTOS
Pasillo a las rederas y arrantzales a la salida de la Iglesia San Pedro en el Muelle donostiarra tras un aurresku de reverencia. / SARA SANTOS

Emoción y muchas historias de la mar en el Día del Carmen celebrado en Donostia. Se retomó la tradición de llevar a hombros a la Virgen en el Muelle para después pasearla por la bahía en barco

PABLO GUILLENEASAN SEBASTIAN.

Cuatro mujeres aprovechan el día de reunión para recordar las historias que ya cuentan sus manos, libros abiertos llenos de testimonios de su oficio, transmitido por generaciones de madre a hija. Ellas son rederas, aún en activo, y ayer también fueron homenajeadas junto con los arran-tzales veteranos de los puertos de toda Gipuzkoa. Olatz, vecina de Orio y redera en su puerto, cuenta que «aún parece que se toma a broma lo de nuestra importancia, pero somos imprescindibles. Somos como el motor del barco, sin nosotras no faenaría nadie». Empezó a trabajar a los 16 años y no ha parado hasta hoy. Son más de 40 años de un trabajo que sigue siendo pilar de la pesca de bajura tradicional. «Los arrantzales no son nadie sin nosotras», insistían. «¡A ver quién les arregla las redes!».

El homenaje, que coincide con las festividades del Carmen, comenzó hacia las diez de la mañana, cuando por primer año desde hace más de una década se retomó la tradición de llevar a hombros la Virgen del Carmen por el Muelle, acompañada de de la comparsa Egi Alai, para después pasearla por la bahía en el barco Ciudad de San Sebastián, desde el que frente al puerto donostiarra se ofreció una ofrenda floral. Simultáneamente, un coro, acompañado de txistularis, cantaba en diferentes puntos del Muelle, creando corros de turistas y locales allá donde se parara. «Es por la Virgen del Carmen», murmuraba una señora como respuesta a las multilingües preguntas de los curiosos espontáneos.

A las 11.00 horas ya se formaban grupos de pescadores retirados frente al Ayuntamiento, a la espera de entrar al acto que se celebró en el salón de plenos, donde se agradeció por sus años de trabajo a todos los pescadores de más de 70 años, además de a las rederas, que desde hace un par de años también forman parte del reconocimiento institucional. Las batallitas se compartían con entusiasmo, como las de Jon, Miguel y Manuel, expatrones de merluceros y todos ellos vecinos de Hondarribia. «Es una oportunidad para reunirnos y volvernos a ver cada año», cuenta Jon, de 80 años. «Empecé a faenar con 16, y recibir cada año este homenaje es emocionante». Cuentan que ellos suelen reunirse «para el txikito» en Hondarribia, pero son muchos los que aprovechan el día para volver a poner cara a las voces con las que conversaban por radio durante tantos años de trabajo en la mar.

Tras el acto, que se cerró con la entrega de premios a los expescadores más veteranos de cada puerto, además de la actuación de dos dan-tzaris y el reconocimiento de dos bertsolaris, que cantando daban la gracias por años de buenos pescados, los homenajeados se dirigieron a la Iglesia de San Pedro, en el Muelle de San Sebastián. Allí se celebró una 'herri-meza' que dio continuidad al homenaje.

«Es una oportunidad para ver a antiguos compañeros. Se agradece» Jon, 80 años. Expatrón

«Las rederas somos como el motor del barco. Sin nosotras no se pesca» Olatz, 61 años. Redera

«Es un acto precioso y muy emocionante, se me saltaban las lágrimas» Ramontxo, 72 años. Exmarinero

A la salida, ya a las 13.15, los miembros de 'Kresala Euskal Dantza Taldea' bailaron un aurresku en honor de unos emocionados arrantzales y rederas, a los que la multitud aglomerada en derredor de la iglesia aplaudió mientras atravesaban el pasillo formado por los remos alzados de la compañía de dantzaris.

Miles de historias

Ramontxo, exmarinero de 72 años y también vecino de Hondarribia, confesaba su emoción. «Es un homenaje precioso, son muchos años de faenar y es emocionante. Se me saltaban las lágrimas, de verdad». Años que dan tiempo a miles de historias, «como un día hace ya años en el que saliendo del puerto de Hondarribia a las 3.00 de la mañana chocamos con un barco mercante». «Era temporada de la merluza», cuenta, «pero de ocho que formábamos la tripulación cinco se habían quedado en casa por gripe». Recuerda cómo tras el choque empezó a entrar agua a borbotones en la embarcación, «pero como estábamos en mitad de temporada había otros pesqueros cerca que nos pudieron socorrer». Aún hoy da las gracias a la Virgen de Guadalupe por su suerte. «Las radios eran para los patrones, así que poder compartir estas historias con otros marineros es bonito».

Ayer se cumplían 90 años de este tradicional homenaje, y como cada año, tras la misa pescadores y rederas se dispersaban por las calles de la parte vieja para tomar el último txikito antes de las comidas. Lo recordó la pareja de bertsolaris en el ayuntamiento; al buen pescado se le agradece con buena carne, platos que no faltaron en las sociedades de la Parte Vieja donostiarra, que dieron el cierre a un día de homenajes y agradecimientos.

Más

Temas

Jaiak

Fotos

Vídeos