Ángeles de alas negras, mantos de oro estofado y San José en el circo

B. T SAN SEBASTIÁN.

Restauró también este artesano escultor, imaginero y conservador de nuestro patrimonio artístico (y del de otros) unas cuantas, unas muchas de las imágenes de la iglesia de Jesuitas. Jubilado ya, lo hizo en verano por puro y absoluto placer. La Compañía de Iñigo de Loyola asumió únicamente los gastos del material utilizado. Que era noble y rico pues el manto del Cristo que preside el retablo está policromado en oro estofado (viniendo esa palabra de la italiana 'stoffa' cuyo significado es 'tela gruesa') y algunas de las peanas sobre las que reposan los pies de santos y divinidades son de plata. Sin olvidar el esplendor del mármol de Carrara que también se limpió. Y de los detalles en ónix, piedra semipreciosa, variedad de ágata con asombrosas tonalidades verdosas.

Asumió Amenabar (Edificación, Obra Civil, Construcción) el coste del andamiaje. Sorprendiose el maestro donostiarra en policromías de que la iglesia del santo soldado hubiese sido construida en terrenos de lo que fue un circo estable, con sus artistas residentes en esta ciudad. Y con la entrada principal por Garibay. Por eso la imagen de San José (hoy luminosa, radiante tras la restauración, también en madera y oro) se encuentra al fondo de esa puerta lateral que no es la más moderna y monumental de Andia.

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