Acuarelas sobre Birmania en Loiola

Carmen Mendieta, con una de sus pinturas favoritas. / I. M. C.
Carmen Mendieta, con una de sus pinturas favoritas. / I. M. C.

La exposición de obras de Camen Mendieta se puede visitar en la Casa de Cultura | Un total de 30 pinturas conforman la muestra, que estará abierta hasta fin de mes

IÑAKI MIGUEL CAMIO SAN SEBASTIÁN.

Encuadrada en el sureste asiático, limitando al norte y este con China; al sureste, con el río Mekong, que lo separa de Laos, y con Tailandia; al suroeste, con el mar de Andamán y el golfo de Bengala (océano Índico) y al noroeste, con Bangladés e India, se encuentra la República de la Unión de Myanmar. Este país, conocido también como Birmania, ha sido escenario del reciente viaje de la donostiarra Carmen Mendieta. Una aventura de tres semanas recorriendo diferentes puntos del país se ha convertido -hasta el momento- en el viaje de su vida. Hasta tal punto que le ha dedicado su primera gran exposición de acuarela.

'Birmania gogoan' es algo más que una mera exposición: es un relato, una exposición temática, un contacto con la esencia del país. Incluye 30 pinturas que hacen un recorrido por diferentes zonas del país y por diferentes temáticas. Y todo ello, acompañado de unos ilustrativos textos que contextualizan el paseo y lo hacen muy ameno.

Empezó con el óleo

Ya en 1995, bajo una temática marina, Carmen expuso una colección de óleos en la Casa de Cultura de Loiola. «Mi primer contacto serio con la pintura fue mediante el óleo. Empecé en Catalina de Erauso, como tanta gente. De allí pasé a Zugasti de Gros, y de allí, a la calle Prim con Itziar Bravo», recuerda Carmen. Fruto de la casualidad, tras coincidir con Sara Beistegui, profesora de acuarela, decide probar en esta nueva disciplina... y hasta hoy. «La acuarela siempre me ha dado mucho respeto. Es un campo complicado. Lo he trabajado y los resultados son buenos», explica. Aunque no es el caso de la exposición actual, sus primeras acuarelas contenían mayormente ventanas, puertas, bosques... y admite que los reflejos siempre le han llamado la atención. «Ha sido para mí un reto introducir la figura humana en los trabajos que conforman esta exposición», admite. Las personas le impactaron en el viaje a Birmania, y era inevitable que se vieran plasmadas en las en obras.

«Los birmanos son un pueblo muy supersticioso, por lo que la astrología juega un papel muy importante en sus vidas. Tanto es así que el nombre de los niños se escoge según el día de su nacimiento, lo que también determinará su vida y su carácter», reza el primer panel explicativo de la exposición.

La primera parte del recorrido se basa en el lago Inle, de agua dulce y segundo lago más grande del país. Alrededor del lago conviven más de 200 pueblos, habitados en su gran mayoría por la tribu Intha. En las pinturas se pueden observar casas y huertos flotantes que forman algunos de los pueblos y, sobre todo, personas viviendo en su cotidianidad. «Veíamos a la gente en su día a día, moviéndose de un lugar para otro con sus barquitas. Me llamó la atención la técnica de pesca que utilizan, remando con una de las piernas para poder utilizar las dos manos para manejar la red y sacar los peces».

El recorrido continúa por Kalan, con imágenes de jornaleros en los campos de arroz; o en la llanura de Bagan, «donde pudimos contemplar la mayor concentración de pagodas y templos del mundo. Allí pudimos ver todo aquello en globo. Lloré de la emoción», admite Carmen. Otra parada obligatoria fue el municipio de Mandalay, donde se encuentra la ciudad de Amarapura, con el puente U-Bein, al que dedica varias pinturas. Es el puente peatonal de madera de teca más largo de mundo, con una longitud de 1.300 metros.

En Birmania, el 85% de la población profesa el budismo y hay más de medio millón de monjes. «Según les obliga el propio budismo, deben convertirse en monjes al menos una vez en la vida durante una semana, un mes o un año. En varias pinturas se observan monjes y monjas en sus rutinas. Es un país de características y peculiaridades únicas, fruto de haber estado cerrado durante décadas».

Carmen Mendieta, que se aficionó a la pintura ya con cierta edad, subraya que es para ella un hobby. «Algunas pinturas me han llevado más tiempo que otras. Hay días de más o de menos inspiración. Puedo tardar de 2 horas en adelante en dar por terminado un trabajo. Muchas de las obras son segundas y terceras versiones», explica. Sobre el proceso, explica que comienza con un dibujo a lápiz, «una especie de boceto sobre el que después pinto con la acuarela. En algunos trabajos borro el lápiz y en otros, lo mantengo porque, de alguna manera, es el esqueleto del trabajo y, por consiguiente, parte de la obra», sentencia.

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