Diario Vasco

Donostia modificará este año una decena de ordenanzas

La caída del andamio de Miracruz 19 no provocó daños personales, pero sí un buen susto y la revisión del régimen sancionador de la ordenanza de 1999.
La caída del andamio de Miracruz 19 no provocó daños personales, pero sí un buen susto y la revisión del régimen sancionador de la ordenanza de 1999. / SARA SANTOS
  • El Ayuntamiento las actualizará para atender las necesidades y demandas de la ciudadanía. Casos como la caída del andamio de Miracruz 19 o el fenómeno creciente de los apartamentos turísticos evidencian que la normativa municipal no se adecua a los tiempos que corren

Las sociedades avanzan a una velocidad tal que la realidad suele ir casi siempre por delante de las normas. Para dar respuesta a las nuevas necesidades y demandas de los donostiarras, el Ayuntamiento tiene previsto modificar -o crear, si no existen- una decena de ordenanzas a lo largo de 2017. Casos como la caída del andamio de Miracruz 19 o el fenómeno creciente de los apartamentos turísticos evidencian que la normativa municipal no se adecua a los tiempos que corren.

Un accidente en pesetas. Quizás sea el ejemplo más claro de cómo una vieja ordenanza se queda obsoleta ante los problemas del presente. Un golpe de viento tiró abajo parte del andamiaje instalado para la demolición del edificio de Miracruz 19, un accidente que no causó daños personales de milagro. La investigación de los técnicos determinó que la estructura metálica no fue desmontada a la par que la fachada, lo que provocó un efecto vela y el derrumbe de varios pisos de tubos y plataformas con gran estruendo y susto de los vecinos de la zona. Los responsables del consistorio rebuscaron en la normativa local la fórmula para castigar a la empresa por lo que se calificó de «infracción muy grave», pero se toparon con un régimen sancionador en pesetas. La ordenanza de andamios data de 1999 y desde entonces no se ha tocado. Es por ello que una de las prioridades del curso será impulsar con la mayor celeridad posible una reforma del articulado a partir del borrador realizado en 2013 y que no llegó a puerto. La intención es tramitarla para su aprobación cuanto antes, según anuncia el concejal de Espacios Públicos, Alfonso Gurpegui.

Casuística hostelera. El paso del tiempo no es precisamente la razón que empujará al Ayuntamiento a retocar la ordenanza de terrazas, cuya entrada en vigor se produjo hace apenas tres años. Aquí lo que se quiere es atender algunas de las demandas más habituales de los hosteleros y resolver casos concretos surgidos desde 2014. El alcance de la modificación dependerá de las negociaciones entre los dos socios del gobierno de la ciudad, no en vano Eneko Goia ya ha manifestado la necesidad de «estudiar muy bien las consecuencias» de los cambios a introducir. De la propuesta inicial de Espacios Públicos, el alcalde acepta matices como los referidos a la carga y descarga en la Parte Vieja o la disposición de las mesas, pero no está por la labor de ampliar sin un «análisis profundo» la superficie destinada al servicio exterior de bares, cafeterías y restaurantes. Los artículos de la discordia son los que atañen al ángulo de visión del establecimiento o el espacio mínimo de cada mesa. El gobierno municipal no ha presentado aún un borrador consensuado.

Un chichón por un condón. La ocupación del suelo público por parte del comercio también está siendo objeto de regulación. Donostia se dotará de una ordenanza que no existe y que establecerá límites al uso que los establecimientos hacen de las fachadas y aceras. Aunque la proliferación en los últimos años de expositores de exterior, principalmente en las zonas de gran afluencia turística, ya había puesto en guardia al Ayuntamiento y al propio sector, ha sido otro accidente, este con un herido leve, el que precipita la decisión. Un joven turista se golpeó la cabeza con una máquina de preservativos colocada en la pared de una farmacia y, ante la evidencia de que hay un vacío en esta materia, el gobierno municipal entrará de lleno para tratar de poner puertas al campo. Si bien se desconoce aún en qué términos se articulará la ordenanza, su reto será determinar tamaños y distancias para que la actividad comercial no entorpezca ni ponga en riesgo el paso de los viandantes.

Las imprudencias se pagan. Hacer un uso responsable de los servicios públicos es el mensaje que traslada el Ayuntamiento a la población con la nueva tasa de servicio en construcción. Los Bomberos son los encargados de desarrollar la letra pequeña de una tasa que permitirá cobrar las actuaciones y rescates originados por imprudencias graves. El jefe del parque de Garbera, Imanol Andonegi, advierte de que solo se dan unos diez casos de este tipo al año, por lo que anima a los ciudadanos a no dejar de avisarles en caso de emergencia, siniestro, accidente, incendio o lo que surja. ¿A quién se giraría la tasa? Pues, por ejemplo, a los dos franceses ebrios que durmieron la mona en las rocas de la escollera del paseo de Salamanca o a los responsables del lanzamiento de fuegos artificiales que causó un pequeño fuego en el monte Urgull.

Coto a los apartamentos. El boom turístico ha transformado el paisaje urbano en poco tiempo y la multiplicación de las viviendas en alquiler para estancias cortas ha obligado al gobierno municipal a intervenir. Goia avanza que las normas particulares del Plan General de Ordenación Urbanística (PGOU) se endurecerán en la Parte Vieja y habrá una ordenanza de nuevo cuño que dividirá la ciudad en dos sectores. Mientras en el eje Centro-Gros-paseo de Francia se restringirán las licencias de actividad, en el resto de la ciudad se aprecia «margen de crecimiento», lo que a juicio del regidor jeltzale puede representar una oportunidad de reactivación comercial para determinados barrios. La asociación vasca Aparture ya ha mostrado su rechazo a las pretensiones del ejecutivo local, al que acusa de «poner la venda antes de la herida» y condenar al cierre al 80% de los pisos asociados.

OTA, ruidos y otros. No son las únicas ordenanzas que experimentarán cambios en los próximos meses. La de estacionamiento regulado incluirá la extensión del sistema OTA a todo el barrio de Egia, mientras que la de ruidos contemplará las nuevas Zonas de Protección Acústica Especial creadas recientemente. Todas ellas y otras que están por venir habrán de someterse por mandato legal a un periodo de consulta previa para recoger las aportaciones ciudadanas antes de que la Junta de Gobierno Local apruebe un primer proyecto. Durante un plazo de quince días, el Ayuntamiento colgará en su web las razones que suscitan cada cambio normativo y la filosofía que encierra. Durante esas dos semanas, particulares, agentes del sector afectado y asociaciones podrán realizar sus sugerencias, demandas, peticiones o propuestas. El camino que deben recorrer las nuevas ordenanzas es largo, pues tras el visto bueno del gobierno municipal y las enmiendas que puedan registrar los grupos políticos, será el Pleno el que tendrá que ratificar hasta en tres ocasiones cualquier modificación. Es decir, que las ordenanzas tardarán varios meses -o incluso un año- en ser una realidad.

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