Diario Vasco

El talento donostiarra vuelve a casa

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Eduardo, Andoni y Jon posan en la terraza del Talent House, hogar donde viven decenas de investigadores. El día soleado y las vistas de La Concha les reafirman en su decisión de haber vuelto a su ciudad de origen tras varios años en el extranjero / USOZ

  • La concejalía de Impulso Económico apuesta por poner en contacto a empresas locales con profesionales menores de 35 años para ofrecerles empleos de calidad

  • Eduardo, Andoni y Jon ponen rostro a los jóvenes que, tras el exilio laboral, han podido regresar

Tomar la decisión de volver a la ciudad donde te has criado, después de haber pasado varios años fuera, no siempre es fácil. Es algo que Andoni, Eduardo y Jon, los protagonistas de este reportaje, saben muy bien. Comparten sensaciones y expresiones como que «sin querer echas raíces fuera», «allí donde resides encuentras una estabilidad» o que «cuando vuelves a casa a veces te sientes como que el extranjero eres tú». Por lo que si han decidido regresar a Donostia ha sido por razones de peso. Por supuesto la familia, los amigos y estar en su país de origen. Pero, sobre todo, la existencia de un puesto de trabajo de calidad que les otorgue una estabilidad después de una larga carrera profesional en el extranjero.

Y así ha sido. Con una sonrisa en la cara y bajo un sol de primavera donostiarra que hacía tiempo que no disfrutaban, estos tres jóvenes relatan cómo su vuelta ha sido posible gracias al programa de Retorno del Talento Local, puesto en marcha por la concejalía de Impulso Económico de San Sebastián, y que pone en contacto a los jóvenes que en su día tuvieron que marcharse con empresas y centros de investigación locales que necesitan de su experiencia.

«Ahora sabré lo que es salir de trabajar y poder ir a la playa o tomarme algo con los amigos», destaca Jon Maiz con alegría. Este vecino del Antiguo de 33 años, doctor en Química, apenas lleva tres meses en Donostia desde que regresó de Burdeos. En total ha estado 16 años sin vivir en la ciudad que le vio nacer. «Era o jugármela ahora y regresar ya, o si no sabía que no iba a volver a casa», reconoce.

Eduardo Granados asiente con la cabeza. Este joven de Amara de 34 años, ingeniero y doctor en Telecomunicaciones, también sabe que el deseo de volver a casa no siempre se conjuga con la posibilidad de hacerlo. «Vives siempre con esa incertidumbre», comenta. Se ha pasado una década lejos de la capital guipuzcoana. Primero pasando por un Erasmus en Finlandia, seguido de un tiempo por Sidney, para acabar finalmente en Estados Unidos.

Ambos coinciden con Andoni Medina, el tercer protagonista de esta historia. A sus 31 años, este legazpiarra que estudió en Donostia y que ahora reside la capital guipuzcoana, llevaba desde septiembre de 2012 en Bruselas, trabajando para la empresa de automoción Toyota. «Sin querer echas raíces fuera. Conozco gente que allí ha encontrado pareja y una estabilidad a la que no es fácil renunciar», señala.

Pero la oportunidad surgida en San Sebastián gracias a la intermediación de las empresas y el Ayuntamiento era buena y tenían que aprovecharla. «Si no hubiera visto proyecto de futuro no habría venido», asegura Andoni. Ahora él lleva desde noviembre contratado por Tecnun para colaborar en el área de automoción de la Universidad. Jon, por su parte, trabaja en la empresa Polymat, en un proyecto de recuperación de energía hidroeléctrica mediante polímeros piezoeléctricos. Y Eduardo está colaborando en el CEIT, donde participa en un proyecto de nano y micromecanizado con láseres ultrarrápidos.

Cada cosa en su momento

Como cualquier decisión importante en la vida, la de regresar a casa implicaba renunciar a muchas otras cosas. Pero a la hora de poner sobre la balanza lo que realmente importaba, los tres jóvenes tenían claro que la familia, los amigos y poder estar en su país eran argumentos sobrados de peso para decantarse por la opción de volver . «Los aitas se vuelven mayores y tú, a la vez que ellos, maduras», explica Eduardo, a lo que Jon contesta que, efectivamente, «no tenemos ya 20 años para vivir experiencias. Que se puede, pero a estas alturas se buscan cosas diferentes».

Andoni, por su parte recuerda que «a mí me decían que estaba loco por marcharme. ¡Me iban a dar coche y gasolina gratis! Así que sí, tienes estabilidad... Pero al final el valor a las cosas se lo das tú. El salario no siempre es lo más importante». Eduardo y Jon asienten. «Es algo muy personal. Tienes que decir 'vale, no voy a ser el número uno o no voy a ganar este salario, pero oye, voy a ganar otras muchas cosas importantes en mi vida'». Para Jon además la alegría de volver ha sido doble. Su mujer también es investigadora y mientras él trabajaba en Burdeos ella hacía lo propio en Suiza. Su vida de pareja dependía de su arte para cuadrar agendas y poder verse. Ahora ambos han podido volver e instalarse juntos en San Sebastián.

En el caso de Eduardo, salir fuera de Euskadi fue un salto a la aventura que tenía ganas de hacer, y que finalmente se alargó más de la cuenta. «Sin duda vivir en el extranjero te aporta un montón de cosas, aprendes a solventar problemas que antes no tenías, ganas confianza en ti mismo... Eso sí, también te deja marcas malas y en ocasiones es muy duro», comenta.

Por su parte Andoni tenía claro que para formarse en el mundo de la automoción, su pasión, tenía que salir de Euskadi. Incluso en un primer momento llegó a rechazar la misma oferta de Tecnun que ahora ha aceptado. «Pero me acuerdo que llegó un momento que me dije: 'hasta aquí, las próximas navidades me vuelvo'. Y así hice. Llame a la Universidad, me dijeron que el puesto seguía disponible y ni me lo pensé».

Marcando el camino

El programa para el Retorno del Talento Local ha abierto una puerta para que muchos más jóvenes como ellos puedan regresar a Donostia. Durante todo el año se mantendrá la convocatoria abierta para las empresas interesadas en este tipo de contrataciones. De hecho, desde Fomento de San Sebastián aseguran que se siguen recibiendo solicitudes que se están analizando.

Lo que está claro es que todavía queda mucho trabajo por delante y es necesario explorar este camino del que sólo se conoce el principio. Eduardo expone su punto de vista sobre la realidad de la ciudad y la aplicación del programa. «No creo que vaya a haber un montón de gente volviendo. Donostia es una ciudad pequeña y tiene muchísimos investigadores para su tamaño, está un poco saturada. Así que dudo que se masifique con el programa», expone. Ahora bien, reconoce que «es que nunca ha existido un programa como éste así que la diferencia entre el antes y el ahora es muy positiva», algo en lo que coinciden los tres.

Jon se mueve en una línea más positiva. «Espero que si algún día se acaba este programa se sigan fomentando este tipo de cosas. Es verdad que dentro del Estado, Euskadi y Donostia son de los lugares donde más se fomenta el tema de la investigación. Que eso no quiere decir que esté genial. Pero mira, mi mujer es gallega y nunca nos planteamos ir a Galicia. Además veo que por parte de instituciones publicas y empresas de aquí se está intentando fomentar la investigación», apunta.

Por su parte, Andoni declara que «los huecos también los tenemos que crear nosotros, que también para eso hemos venido». El sector de la automoción al que se dedica está en plena ebullición y opina que es el momento de aprovecharlo para crear una nueva industria. «Está habiendo muchos cambios, con el tema de la electrificación, el coche conectado, la conducción autónoma... y están floreciendo nuevos actores, que no son los de siempre, es decir, el oligopolio que existe tradicionalmente. Esto da pie a generar cosas nuevas», asegura. Además recuerda que «somos uno de los territorios más industrializados del Estado. Me parece que esto tiene todavía un recorrido enorme».

Eduardo añade que «también es cierto que este tipo de programas existen gracias a todos esos que durante mucho tiempo lo han pedido. Si no, probablemente no estaríamos aquí. Ha costado que los políticos se den cuenta. Y al final esos esfuerzos no caen en saco roto. Nosotros somos prueba de ello».

«No hay que tener miedo»

Para muchos jóvenes poder encontrar una oportunidad laboral en su ciudad no es una opción. Es una realidad que durante la crisis se ha visto agravada. Ahora bien, la experiencia de estos tres jóvenes también demuestra que no tiene por qué ser una situación que tenga que alargarse de por vida. Y que de hecho puede convertirse en una experiencia vital muy positiva y recomendable. «A los que se encuentren en esta tesitura yo les diría que hagan lo que quieran hacer, si pueden» asegura Jon.

Andoni opina que él ahora puede «aportar cosas que he aprendido estando fuera». Eduardo por su parte matiza que «no creo que los que se hayan ido y luego vuelvan sean mejores que los que se han quedado. Es diferente».

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