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Casa actualizada busca inquilinos

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El director, Tomás Burutaran, con ocupantes de San Rafael, un voluntario y Mari Carmen Lizarralde, presidenta de la Fundación. / USOZ

  • Se abrió en San Sebastián en 1905 y tras la reforma realizada en el inmueble dispone de 14 plazas para personas con dificultad de autonomía

  • El Colegio de Ciegas de San Rafael pasa a ser vivienda comunitaria

Ha prestado sus servicios en Donostia desde el año 1905 pero, tras la reforma efectuada en sus instalaciones de la avenida José Elósegui 36, ofrece 14 plazas para residentes con dificultad de autonomía. El Colegio de Ciegas de San Rafael, sin perder su espíritu de lugar de acogida de personas ciegas sin recursos, pasa a ser vivienda comunitaria. Se inaugurará el viernes día 31 de este mes.

La Pía Unión de Santo Domingo, dirigida por María del Carmen Lizarralde, Araceli Aguado y Ascensión Rubio, dedicada al Colegio de Ciegas de San Rafael, se convierte así en San Rafael A. Z. Fundazioa, fundación civil que toma el relevo y que está constituida en la actualidad por 6 patronos. Se trata de Mª del Carmen Lizarralde Aguado, Ascensión Rubio López, Araceli Aguado Sancho, Mª Amor Castro Labín, César Rueda Lizarralde, Jorge Rueda Lizarralde, Javier Pérez Villarrodona y Tomás Burutaran Usandizaga.

«Mantenemos el objetivo de atender a personas en situación de vulnerabilidad, con dificultades en su autonomía debido a alguna minusvalía física -con especial atención a las personas sordociegas- o con una minusvalía psíquica en situación de estabilidad», explica Tomás Burutaran, director del centro. «Ofrecemos la fórmula de acogimiento en un entorno familiar y protector, a fin de impulsar la autonomía y socialización de las personas residentes, fortaleciendo las relaciones afectivas y sociales».

Dispone actualmente de 14 plazas mixtas, de las cuales 7 están ocupadas por mujeres ciegas y/o sordas, con escasos recursos económicos, que venían viviendo en el inmueble. De las siete nuevas plazas, una ya está adjudicada. «La Fundación San Rafael necesita la aportación económica de otros usuarios. Es la única forma de poder dar continuidad a la labor llevada a cabo desde su inicio», afirma Burutaran.

En 1905 la congregación religiosa francesa de Dominicas de la Inmaculada Concepción se instaló en San Sebastián con el objetivo de atender a mujeres ciegas o sordociegas con escasos recursos económicos. Vivieron en el Antiguo, en el paseo de Hériz, hasta los años 70. Era un colegio en el que atendían a niñas ciegas y, a la vez, una escuela-taller. Les enseñaban a trabajar y elaborar redes para la pesca y rejillas para sillas o asientos. «Se mantuvieron gracias a estos trabajos y a los donativos y herencias de los donostiarras, que fueron muy generosos con ellas», relata el director. En los años 70 hay una excisión en la compañía. Las religiosas salen de la congregación, fundan la Pía Unión de Santo Domingo y se instalan en Ategorrieta, en la villa San Antonio, actual sede. Se instala tanto el colegio como la vivienda de las mujeres invidentes acogidas. «Con el tiempo, como económicamente las cosas no van bien y disminuyen los donativos y las herencias, el sistema se convierte en deficitario».

Tomás Burutaran es psiquiatra y trabajó en el Hospital Psiquiátrico de Usurbil. «Estuve de jefe de servicio allí hasta mayo de 2015. Un sobrino de una de las religiosas, auxiliar de Enfermería allí, me llamó para proponerme el reto de dirigir San Rafael».

Se ha hecho una importante reforma para transformar la villa en vivienda comunitaria. «Es como si fuéramos una gran familia. Las nuevas personas que ocupen una plaza pagarán por ella para sostener el sistema, que no tiene ánimo de lucro».

La presidenta de la Fundación es la religiosa Carmen Lizarralde. Además están organizando una red de voluntarios para el desarrollo de actividades en la vivienda. De momento hay clases da gimnasia y sesiones de risoterapia; trabajo en grupo de lectura de periódicos y otras actividades. «Intentamos que entre oxígeno en la casa ya que las residentes no salen mucho», dicen.

Es un proyecto innovador. «No ha habido en el Estado nada similar y ahora lo adaptamos al siglo XXI», comenta Burutaran. Ya cuentan con una nueva inquilina. «No tiene por qué ser gente mayor, sino con alguna dificultad de autonomía, con especial atención a personas ciegas o sordociegas. Pacientes psiquiátricos estabilizados y con necesidad de apoyo también tendrían cabida».

En el folleto que han editado recuerdan que «desde 1905 hemos sido sus ojos y sus oídos» y que ahora «miramos al futuro con una nueva visión». Para trabajadores, voluntarios y patronos «ofrecemos la oportunidad de continuar con su trabajo de atención a las personas residentes con mejores recursos y equipamientos, que harán su labor más fácil y aún más eficiente».

Se abren a voluntarios que busquen «un proyecto para aportar algo, en este caso, a personas con dependencia física, psíquica o en riesgo de exclusión social». Quieren ser el hogar familiar de los que no tienen familia y recuerdan que «llevamos 111 años esperándote».

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