Diario Vasco

Un cuarto de siglo de tai chi

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Juan Gorostidi, con Nagore Orbeltzu y Marina de Franceschi, el martes en Okendo, donde ellas pusieron voz a poetisas chinas. / MIKEL FRAILE

  • Para celebrar sus 25 años, han organizado unas jornadas con cine, poesía, música y debates con autores que han escrito sobre China

  • La Tai Chi Chuan Eskola de Donostia ha formado a un millar de alumnos

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Para celebrar los 25 años de andadura de la Tai Chi Chuan Eskola de Donostia se ha diseñado un programa de actividades bajo el título 'Mirar de cerca al lejano Oriente. Un acercamiento a la China contemporánea', que comenzaron el lunes y se desarrollarán durante la semana que viene, hasta el sábado día 18. Y es que China es el origen del tai chi, disciplina que lleva enseñando un cuarto de siglo la escuela ubicada en la calle Campanario número 10 y por la que han pasado «más de mil alumnos», afirma Juan Gorostidi, su director.

Este donostiarra nacido en 1956 empezó con el yoga a finales de los años 70 y principios de los 80, cuando el yoga asomaba por San Sebastián. Por amigos y conocidos encontró el tai chi. «Había llegado a occidente vía exiliados chinos de la revolución maoísta», relata. «Un cura que vivía en Barcelona y había abierto un restaurante chino, el primero que se conocía. Él hacía tai chi de forma particular, dentro de la mezcla de catolicismo y taoísmo que practicaba. En los años 80 vino gente que había viajado a China y conocía la disciplina, dentro del hermetismo que la rodeaba, por la tradición china. Los chinos siguen siendo bastante herméticos y se relacionan sobre todo en sus propias comunidades».

Con el tai chi, Juan Gorostidi sintió «amor a primera vista». Empezó a hacer cursos y a viajar para formarse. «A finales de los 80 conocí a un maestro que ha sido una referencia, el tailandés Tew Bunnag, que ofrecía la ventaja de tener una formación occidental y oriental. Se había formado en Inglaterra y conocía distintas lenguas, lo que facilitaba la comunicación. Provenía de una familia de diplomáticos y enseñaba en distintos países. Eso facilitaba mucho las cosas, porque en todo lo que concierne a China hay una dificultad de entendimiento».

Empezó a enseñar tai chi en Pamplona a finales de los años 80. En el 90 volvió a San Sebastián y en 1991 se inició la escuela, que ahora celebra sus 25 años de andadura. «Había bastante interés en conocer disciplinas provenientes de Oriente», explica. «En el cambio de siglo hubo un boom del tai chi, una ola que recorrió Europa. Fue la disciplna de moda. Ello llevó a la formación de profesores y a llevarnos a todos a investigar. El tai chi es una marca donde caben muchas orientaciones. Se incluyen tantos las disciplinas de las artes marciales como otras más cercanas al yoga que se han dado a conocer con el nombre de chi kung y están relacionadas con la concentración, la respiración y la relajación. En mi proceso, yo también he ido evolucinando, al igual que la escuela».

¿Cómo definiría el tai chi? «Hablamos de un lenguaje corporal que parte de un contacto marcial anterior a las armas de fuego. Nos remontamos a tiempos en que la lucha y la pelea eran en el cuerpo a cuerpo. Parecen lejanos pero llegan hasta el siglo XIX y principios del XX, cuando las armas de fuego en Oriente no se han extendido tanto como en Occidente».

Acción, espera y eficacia

En este lenguaje marcial se investiga el contacto físico agresivo, con invasión del espacio del otro. Eso lleva a un estudio sobre la eficacia que es particular en Oriente. «Tiene que ver con lo femenino, con lo pasivo», sostiene Gorostidi. «Desde los clásicos chinos se habla de que la acción no es siempre lo más eficaz. Hay que saber esperar, buscar el momento, absorber la fuerza del otro. Ello llevó a desarrollar sistemas de entrenamiento que tenían que ver con la interiorización, capacidad de escucha, relajación o meditación. El tai chi recoge algo de todo esto. Luego cada uno lo desarrolla a su manera».

En las reflexiones que Juan Gorostidi publica en la página web de la escuela, explica que «no existe nada que pueda llamarse 'trabajo corporal espontáneo'. La propia palabra trabajo contradice tal espontaneidad. No hay nada 'natural' en ponerse a correr sin el objeto de llegar antes, en hacer una serie de ejercicios físicos, respiratorios, etc. Otra cosa es que haya algunos de estos ejercicios que sean muy simples, cercanos a la actividad natural o perfectamente incorporables a la rutina de una persona o grupo. Aunque nuestra manera no sea pensada, obedece a una intención que hace inevitable su artificiosidad. Un movimiento, una danza, una explosión o una inmovilidad de la que el cuerpo participa de forma espontánea no puede ser calificada de 'trabajo', no puede ser diseñada o entrenada».

Las tradiciones cambian. «'Tradición' parece significar en este tipo de disciplinas una especie de origen inmutable, único y dispensador de legitimidad. Basta indagar en cualquiera de ellas para conocer que todas tuvieron un origen indisoluble a unas circunstancias históricas y sociales. Y que ese origen, con frecuencia, estuvo marcado por una ruptura tanto externa como interna. Sin actitudes indagadoras e innovadoras no se hubieran planteado nuevas preguntas ni respuestas consecuentes».

Y los tiempos cambian. «Si hablamos de tiempos de cambio vertiginoso, tal cambio hace obligatorio el replanteamiento de cualquier tradición, a no ser que reconozcamos con ese nombre al conjunto de elementos destinados a ocupar un lugar en los museos o las colecciones folclóricas. El siglo XX propició algunos cambios que desplazaron radicalmente el eje de nuestras prácticas, por ejemplo, la liberación de las servidumbres del ejercicio físico, el reconocimiento de la autonomía del aparato psíquico o el nacimiento y función del deporte en las sociedades contemporáneas son algunos de ellos».

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