Diario Vasco

Los conductores piden respeto

Beatriz Sánchez, representante sindical de los conductores y miembro del consejo de administración de Donostibus, considera que la crispación social se ha trasladado a la circulación rodada.
Beatriz Sánchez, representante sindical de los conductores y miembro del consejo de administración de Donostibus, considera que la crispación social se ha trasladado a la circulación rodada. / FRAILE
  • Preocupación en Donostibus por las dos agresiones en Navidades que elevan a 5 las de 2016

  • Los chóferes reclaman una campaña para poner en valor su trabajo, que implica transportar a cien personas en vehículos de 18 metros por carriles cada vez más estrechos y tiempos muy ajustados

San Sebastián no es el Bronx, ni los polígonos del sur de Madrid o las 3.000 viviendas de Sevilla, pero la preocupación se palpa entre los conductores de Donostibus. Dos agresiones en Navidades, que se suman a otras tres acaecidas a lo largo del año pasado, han hecho encender las luces de alarma. Los chóferes y sus representantes laborales quieren que la ciudadanía reflexione y tome conciencia de su trabajo para acabar con estos incidentes, y piden un endurecimiento de las sanciones para quien se atreva a golpear a un trabajador al volante. Los protocolos de seguridad han funcionado, pero prevenir estas situaciones es difícil y la tensión es creciente entre la plantilla. Autobuses grandes, carriles cada vez más pequeños, horarios más ajustados y conductores incívicos e inconscientes de la prioridad que debe tener el transporte colectivo han conformado un cóctel explosivo.

«Nos hacen 'peinetas', nos pitan, nos insultan, hacen maniobras bruscas que nos obligan a frenar de golpe... las agresiones son la gota que colma el vaso», explica un conductor de la compañía. Las dos agresiones de las pasadas Navidades han puesto el trabajo de los conductores en el ojo del huracán. ¿Qué pasa? Una suma de factores. «La sociedad está más crispada, nos lo dicen también en otras ciudades, y eso se traslada a la calzada», explica la conductora, sindicalista y miembro del consejo de administración de DBus Beatriz Sánchez. Pero en el fondo lo que hay es una falta de conciencia general sobre el papel de un conductor de autobús en la ciudad. «Vamos con 50 ó 120 personas en un vehículo que no lo puedes parar en un trayecto corto como un coche. Un frenazo en un autobús puede causar más daños dentro que fuera del vehículo, algo que no advierten los demás conductores», explica. El presidente del comité de empresa y también miembro del consejo de la compañía, Jesús Mur, añade que cuando se efectúan estrechamientos de carril en la ciudad no se es del todo consciente que eso genera problemas a los chóferes porque les obligará a invadir otros carriles. Parece una perogrullada, pero lo tiene que subrayar: «Un autobús articulado de 18 metros necesita su espacio para maniobrar».

A todo eso se añade el agravamiento de las condiciones del tráfico y que los autobuses tienen unos tiempos muy ajustados que «cada vez les resulta a los conductores más difícil de cumplir». Pero la clave fundamental de los incidentes, que en su mayor parte tienen origen en discusiones de tráfico, es la ignorancia por parte de otros conductores del papel y la responsabilidad de un chófer de autobús y la falta de conciencia de que su trabajo debe ser facilitado por los demás vehículos en la calzada. «No vamos dos en el autobús, sino cien, y tenemos preferencia. Muchos conductores se te cruzan delante porque no les ha gustado un movimiento que has hecho y te originan un estrés tremendo. Hay una falta de mentalización de que el transporte público debe tener prioridad en la vía», indica Mur.

Hay conductores estacionan en las paradas o en los carriles reservados al autobús, algo que «genera malestar dentro del bus porque los usuarios no se pueden bajar a la acera, o con otros conductores porque invadimos otros carriles». Todo ello genera «una conflictividad creciente» que termina en un aumento de las agresiones. En 2014 se registró una, en 2015 dos y en 2016 cinco. Y eso que «gracias a la mano izquierda» de los chóferes se han logrado evitar otros incidentes.

Tanto la concejala de Movilidad, Pilar Arana, como los conductores reconocen que el protocolo de seguridad está funcionando cuando ocurre una agresión, ya que en los últimos tres incidentes han sido inmediatamente detenidos, identificados y sancionados. Los conductores se quejan de lo poco ejemplarizantes que son las sanciones de 100 o 200 euros y el «nulo castigo» penal que reciben personas que ponen en riesgo la vida del pasaje cuando agarran del cuello a un chófer con el autobús en marcha. «Esto ocurrió en 2015 en un microbús y gracias a la pericia del trabajador y a la actitud de los demás viajeros no pasó nada». Pero es que hay casos de personas que se han abalanzado sobre el conductor porque éste les exigía que pagasen el viaje. Tanto en estos casos como cuando hay una agresión, el conductor debe comunicar con la central y relatar lo que sucede. Desde allí enviarán un inspector de la compañía al lugar del suceso y, si la situación lo requiriera, comunicarán con la Guardia Municipal para que intervenga. Desde la sala de control de Cocheras se puede visualizar lo que pasa dentro de ese autobús conectando con sus cámaras de vídeo. Tras una agresión, el conductor presta declaración ante la Guardia Municipal y queda en sus manos emprender la vía judicial contra la persona que le ha agredido.

Los conductores van a pedir al Ayuntamiento que realice una campaña de concienciación para que la ciudadanía comprenda, asuma y respete su trabajo en la vía pública y no descartan que este asunto entre con mayor peso en los cursos de formación que realizan de forma continua «para saber gestionar este tipo de situaciones». Claro, que es difícil saber cómo afrontar que tres individuos te aborden justo antes de entrar a trabajar, te roben el dinero que llevas en el maletín y te pinchen con una jeringuilla en el cuello. Pasó hace más de un año. El trabajador aún espera los análisis de confirmación que no está infectado. «No se atreve a acercarse a su hijo y a su mujer». Ha intentado volver a trabajar, pero ha recaído por problemas psicológicos.

Recibe nuestras newsletters en tu email

Apúntate