Diario Vasco
La pared lateral del frontón oculta la vista y a los peatones.
La pared lateral del frontón oculta la vista y a los peatones. / USOZ

Más de 170 vecinos de la calle Arroka firman a favor del derribo del frontón

  • Denuncian en un escrito las molestias que genera por ser lugar de botellón y advierten de que si sigue en pie se creará un «punto negro sin acceso rodado a los portales»

El futuro del frontón de Arroka es motivo de «enfrentamiento» en Amara Viejo. Por un lado están los vecinos de los portales adyacentes, que han entregado al Ayuntamiento una petición de derribo acompañada por 170 de sus firmas. Por otro, los defensores de la instalación, un movimiento «politizado» y dinamizado por «gente que no es del barrio», según denuncian los afectados por las molestias que genera la actividad extradeportiva del frontón.

Subrayan que el recinto está «infrautilizado» y que por las noches se convierte en lugar de botellón, momento en que se producen escenas «subidas de tono». En su escrito a los responsables de Urbanismo, dicen que estas dos paredes están siempre «listas para pintadas» y que si se mantienen en pie se creará un «punto negro» en una calle que quedaría «sin acceso rodado a los portales».

La tensión entre quienes están a favor y en contra de la demolición del frontón ha crecido en las últimas semanas, desde que se anunciaran los planes del gobierno municipal de suprimir la instalación. Los vecinos de Arroka han vivido «situaciones desagradables» e incluso advertencias verbales para que cejen en su empeño.

Explican que su apoyo a la desaparición del frontón responde a cuatro razones principales. La primera es que al liberarse ese espacio -que sería peatonal pero permitiría el paso de los vehículos residentes-, podrían llegar hasta sus casas para cargar o descargar. Asimismo, se garantizaría el acceso a taxis, ambulancias, bomberos...

Una segunda razón es el talud que habrá que levantar para sostener la carretera de la nueva calle Estella/Lizarra, que pasa junto a la pared lateral del frontón. Aunque en un principio se había construido un muro, la presión vecinal ha logrado que sea derribado y repensado para minimizar su impacto visual.

«Foco de inseguridad»

El proyecto de urbanización de esta zona de Amara Viejo prevé la instalación de una escalera que discurrirá en paralelo al talud y a la pared izquierda del frontón, que de no eliminarse, ocultaría a quienes por allí transiten y lo convertiría en un «punto ciego» y un «foco de inseguridad».

«Sin la pared, este espacio quedaría diáfano y la escalera sería perfectamente visible, en vez de quedar oculta a la vista desde el otro lado», argumentan los firmantes. Lo contrario, insisten, sería consolidar «un gueto en pleno centro de la ciudad», algo que califican de «increíble».

Los 5.200 vehículos que según las estimaciones subirán a diario hacia Aldapeta por la calle Estella/Lizarra -como continuación de Larramendi- son la tercera justificación de la demanda vecinal. Con el muro y el frontón se sienten «estrangulados» y temen que con el tráfico de alta densidad que habrán de soportar dentro de unos meses, cuando se abra el vial, la calidad de vida del barrio se vea mermada. El problema de los ruidos, las pintadas y el botellón sería el cuarto motivo, pero no el menos importante.

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