Diario Vasco

«Si sospechaban algo, debieron habernos avisado entonces»

  • Usuarios y trabajadores del recinto critican la falta de información y exigen que «alguien dé la cara»

La palabra amianto es seguramente la más repetida desde hace semanas en Altza. Tras el hallazgo de partículas contaminantes en los terrenos que rodean el polideportivo, la preocupación e inquietud parecen haberse apoderado del barrio, sensación que crece con las noticias de estos últimos días.

«Si ya tenían sospechas de que también había amianto dentro del polideportivo, debían habernos avisado», critica Pedro Millán. Lleva siete años ejercitándose en estas instalaciones y ahora que conoce que en 2011 el Ayuntamiento solicitó la inclusión de la parcela en el Inventario de Suelos Potencialmente Contaminados de Euskadi se siente engañado. «Es peligroso y denunciable. Alguien debería dar la cara, admitir su fallo y asumir la responsabilidad. Tenían que haberlo hecho público entonces para que la gente pudiera elegir si ir o no al polideportivo. O cerrarlo en ese mismo momento si fuera preciso por la cantidad de personas que pasamos por aquí a diario», subraya.

La desinformación en la que habrían vivido los usuarios del polideportivo es motivo de queja también para Jefferson Solarte, quien visita el gimnasio desde hace al menos dos años. Saber que un trabajador de mantenimiento murió en 2013 de cáncer y que la familia pide que se investigue el caso le genera varias preguntas. «¿Por qué no nos informaron entonces de que podía haber amianto? ¿Para ahorrarse algún coste? Una vida se ha perdido y la salud no es cosa de broma. Las autoridades deben informar de estos asuntos para que cada cual valore los riesgos», señala.

«Jugábamos con la uralita»

Aunque prefiere preservar el anonimato, un empleado del polideportivo desde hace más de una década confiesa que ignoraba la posible existencia de amianto en el interior del recinto, en concreto en los materiales con los que se fabricaron la caldera y las tuberías. «A nosotros nadie nos ha informado», asegura.

Menos sorprendidos se muestran Francisco Barreto, Braulio Vilas y David Izquierdo, tres amigos del barrio «de toda la vida». «Aquí estaba la fábrica y nosotros hemos nacido y crecido junto a ella. Había un pequeño muro donde hoy está la carretera, jugábamos con la uralita y seguro que hemos respirado amianto», recuerdan.

Los tres coinciden en señalar que «esto se sabía desde mucho antes de 2011. Había una fábrica -muchos de cuyos trabajadores fueron cayendo uno tras otro por cáncer de pulmón- y se construyó el polideportivo encima. ¿Alguien se cree que nadie en el Ayuntamiento supiera algo que en el barrio todos sabíamos?».

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