Diario Vasco

Un nuevo balcón sobre el Cantábrico

Fotomontaje encargado por el Ayuntamiento que ayuda a imaginar cómo quedará el nuevo mirador del paseo del Faro.
Fotomontaje encargado por el Ayuntamiento que ayuda a imaginar cómo quedará el nuevo mirador del paseo del Faro.
  • El Ayuntamiento creará un mirador con vistas panorámicas junto al número 44 del paseo del Faro

  • El concejal del PSE, Miguel Ángel Díez anuncia que la parcela, hoy en desuso, estará acondicionada como zona de estancia para el mes de diciembre

Transformar un punto peligroso en un mirador desde el que contemplar las mejores vistas de Donostia. Es el objetivo que se ha marcado el departamento de Vías Públicas con su próxima actuación en el paseo del Faro. A la altura del número 44 se va a crear una pequeña zona de descanso que ofrecerá panorámicas del mar Cantábrico, la bahía de La Concha y de toda la ciudad.

Las obras comenzarán a partir del día 21, según los cálculos del concejal Miguel Ángel Díez. El delegado del PSE explica que las brigadas están a la espera de que lleguen todos los materiales necesarios para acometer la intervención, que durará solo siete días, tal y como se recoge en la memoria del proyecto a la que ha tenido acceso DV.

Para adecuar este espacio de apenas 50 metros cuadrados como lugar de estancia será preciso aportar tierra vegetal para su posterior semillado con césped natural y colocar una barandilla protectora en el borde, que será de madera, precisamente el elemento que falta por llegar.

Antes tendrá que demolerse parte del murete de piedra que separa el mirador de la carretera y que presenta un grave deterioro. El tramo de pretil a sustituir mide un metro y el proceso incluirá labores de encofrado y hormigonado in situ. Además se abrirá un segundo hueco en el otro extremo del muro, de modo que el balcón contará con dos accesos. También se preparará un escalón de entrada al mirador en piedra y se instalará un banco en el que sentarse a contemplar el paisaje.

El coste total de las obras asciende a casi 11.000 euros, una inversión menor para una institución con el presupuesto del Ayuntamiento que, sin embargo, es considerada de gran valor porque permitirá eliminar un foco de suciedad y al mismo tiempo descubrir una perspectiva diferente de la ciudad.

Esta actuación en el paseo del Faro se enmarcan dentro de la campaña impulsada por el gobierno municipal para devolver al litoral donostiarra todo su esplendor. Desde el inicio de la legislatura, los diferentes departamentos consistoriales han trabajado en varios proyectos que a día de hoy se hallan en distintas fases de ejecución. La más importante, tanto por su impacto y simbolismo como por su coste, es la restauración de la barandilla de La Concha entre la plaza Cervantes y la talasoterapia La Perla.

Tal y como adelantó en abril este periódico, a partir del próximo mes de enero se sustituirán 130 piezas y se cambiarán más de un centenar de pilastras de piedra en paseo, rampas y escaleras. Las farolas serán desmontadas, limpiadas y reinstaladas en su lugar. Las obras durarán seis meses, hasta finales de junio, y cuentan con un presupuesto de 1,6 millones de euros.

La razón de este proyecto de reparación de la barandilla es el estado de deterioro que presenta el conjunto de elementos que la componen la barandilla. El paso del tiempo en un ambiente marítimo «agresivo y fuertemente expuesto» ha provocado roturas en las piezas de sillería por culpa del óxido de los anclajes, basas y zócalos partidos por golpes, metales corroídos, farolas con desperfectos... En total se van a fabricar y sustituir, en un tramo de 350 metros de paseo, 550 metros lineales de barandado.

Ulia necesitaba asimismo un lavado de cara y el Ayuntamiento destinó medios humanos y materiales a la faena. Varios operarios dedicaron las últimas semanas de agosto a cortar, desbrozar, podar y limpiar la muralla de vegetación que cegaba la vista desde los miradores del monte. También tuvieron que apear algunos árboles. Como resultado, la Casa Rústica y las peñas del Rey y del Ballenero vuelven a ofrecer al visitante las panorámicas marinas de las que disfrutaba la aristocracia en tiempos de la Belle Époque y que habían quedado ocultas tras la maleza.

Aunque precipitadas por las circunstancias, las intervenciones en la ladera de Igeldo orientada hacia el Peine del Viento y en la de Urgull que da al Paseo Nuevo, forman parte también del capítulo de proyectos de mantenimiento y revalorización del litoral.

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