Diario Vasco

Donostia: La tensión de la Primera Guerra Mundial en primera fila

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El historiador Carlos Rilova y su mujer, vestidos como a principios del siglo XX / Iñigo Sánchez

  • Una exposición recoge la conexión de la capital guipuzcoana con el conflicto bélico que sacudió Europa

  • «Queremos devolver a los donostiarras una parte de su pasado», explica el historiador Carlos Rilova, organizador y comisario de la muestra

Octubre de 1916. Europa está dividida en dos. Miles de hombres mueren cada día en el campo de batalla. Algunos, abatidos por el fuego enemigo; otros, de hambre. Reino Unido, Francia y el imperio ruso combaten bajo la denominada Triple Entente. En el otro bando, los Imperios Centrales, formados inicialmente por Alemania, Austria-Hungría y Turquía. La Primera Guerra Mundial arrasa el continente europeo. Ya nada será igual. La tecnología se pone por primera vez al servicio de los ejércitos y llega el horror. En una mañana podían llegar a morir hasta 100.000 hombres. Mientras, Gipuzkoa en general y San Sebastián en particular 'disfruta' de los que serán los últimos años de la Belle Epoque.

Este paralelismo entre dos mundos aparentemente lejanos, pero geográficamente cercanos es lo que pretende reflejar la exposición 'La I Guerra Mundial y San Sebastián' que alberga la Casa de Cultura de Aiete. Lo explica el historiador Carlos Rilova, organizador y comisario de la muestra. «Pretendemos mostrar el choque entre dos mundos: el que está viviendo aún la época de las guerras napoleónicas y el que ha entrado en la era de las guerra industriales y otros horrores contemporáneos. Es el gran shock. Pasamos de una sociedad educada y refinada como es la de la Belle Epoque a un mundo de trincheras, piojos, ratas y miseria», indica.

En medio de esa lucha de poder nació el oportunismo entre aquellas potencias que agitaban la bandera de la neutralidad. Donostia supo aprovechar su situación geográfica, el potencial de su industria y la innovación tecnológica para jugar un papel fundamental como proveedor de suministros para las potencias del campo de batalla de uno y otro bando. Al mismo tiempo, la capital guipuzcoana vivió en sus propias carnes la tensiones diplomáticas de la gran guerra, muchas de las cuales tuvieron como escenario los hoteles y palacios de la ciudad.

Han pasado cien años de estos acontecimientos y aprovechando la efeméride, la Asociación de Historiadores guipuzcoanos ha querido «devolver a los donostiarras una parte de su pasado», indica Rilova. La muestra, que incluye objetos y fotografías de la época, estará abierta hasta el 13 de noviembre. Un mes después estará a disposición de los ciudadanos la segunda parte de esta exposición dedicada al espionaje. La entrada es gratuita.

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