Diario Vasco

Cien años de Ciudad Jardín, las 'casas baratas' que la Reina avaló en Loiola

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Entre las vías y los tableros de la variante se extiende hoy Ciudad Jardín, esperando a la regeneración integral que está prevista pueda iniciarse el año que viene. / MICHELENA

  • María Cristina puso 10.000 pesetas para construir viviendas «asequibles a todas las rentas»

Se puso la primera piedra de un proyecto prometedor, pero nunca llegó a ponerse la última. Según cuentan los vecinos de Loiola esa es la gran ironía de Ciudad Jardín, que lleva un siglo «a medio hacer». Ahora, inmersa en la fase previa a la ejecución de un nuevo proyecto de regeneración, esta zona de Donostia cumple cien años desde que se apostara por una medida social poco extendida en la época: la construcción de viviendas asequibles a las rentas más bajas.

A principios del siglo XX, en plena Primera Guerra Mundial, San Sebastián estaba inmersa en la afamada Belle Epoque. El Gran Casino -hoy el edificio del Ayuntamiento, construido en 1887-, la elegante arquitectura de los edificios, el prestigio de sus comercios y, por supuesto, los veraneos de la realeza convirtieron a la capital guipuzcoana en una de las ciudades más cosmopolitas de Europa, pero al mismo tiempo en un municipio difícil para las clases más humildes que se hacinaban en los áticos de los edificios donde la salubridad y la vida digna quedaban completamente en entredicho.

La Reina María Cristina tenía fijada su residencia de verano en el Palacio de Miramar -que construyó en 1889 y que posteriormente Juan de Borbón vendió al Ayuntamiento por 100.000 pesetas-, donde pasaba largas temporadas. Pero sus estancias, según se cuenta, no eran en absoluto ociosas. Asistía a tantos actos y celebraciones como hubiera, pero también trataba de estar al tanto de los problemas que surgían en la ciudad, hasta el punto de que se personaba para tratar de solucionarlos. Prueba de ello, es que la Medalla de la Ciudad que ahora se otorga cada 20 de enero se creó para la Regente, a quien se le concedió además el título de Alcaldesa Honoraria Perpetua.

Donostia, un modelo a seguir

En este contexto, en el año 1916, la Reina volvió a hacer gala de su interés por la vida y estado de los donostiarras, apoyando con 10.000 pesetas la construcción de dos de las catorce 'casas baratas' con la condición de que fueran destinadas «exclusivamente a obreros, que el Ayuntamiento se encargase de su administración y que su renta sea muy modesta». Eran las 'casas baratas', aunque de forma algo más poética -y eufemística- se el proyecto recibió el nombre de Ciudad Jardín.

Desde que se derribaron las murallas, San Sebastián estaba siendo una ciudad modelo en higiene y belleza, por lo que se abogó por continuar esa senda y «sumarse al proyecto utópico de casas baratas», convirtiéndose en la primera ciudad española en implantar este tipo de medidas sociales. Había que combatir la aglomeración de las familias pobres en los pisos altos de las casas «que conspiran contra la moralidad, contra la salud y contra los afectos de sus habitantes», se decía entonces.

Así, desde el Ayuntamiento consideraron que debía abandonarse la política seguida ya en otras ciudades de construir casas colmenas, de habilitar el mayor número de pisos en el menor espacio. Y la razón fundamental era que las casas construidas en esa forma tenían los inconvenientes de que las distintas familias estaban constantemente en contacto, no encontraban en su interior ni calma ni la independencia necesaria y el orden era casi imposible de mantener, «terminando por tener un aspecto tal que, por sí solo, era suficiente para alejar de ella a la parte de la población a l que estaba destinada», relata Javier Sada en su libro 'San Sebastián en la Primera Guerra Mundial'.

Es por ello, que para realizar la construcción de este proyecto se optó por un terreno del barrio de Loiola situado a dos kilómetros del centro de la ciudad con escuelas públicas cercanas, agua potable, iglesia, tranvía y río «para cuando pudiera afectar al saneamiento». Las casas baratas, inspiradas en las viviendas de algunos centros industriales en el extranjero, se agruparían en torno a una plaza, «tendrían cocina, dormitorio y retrete en la planta baja y dos dormitorios y comedor en la primera, así como espacio para un cobertizo en el jardín que podría destinarse a gallinero».

Primera piedra

La idea avanzó y a las 15.30 horas del 23 de octubre de 1916, la Reina llegó a orillas del Urumea dispuesta a colocar la primera piedra de las catorce viviendas para rentas bajas. El notario Emilio Fernández Sánchez, levantó acta, y una vez firmada por María Cristina fue introducida en el interior de una piedra junto a varias monedas y periódicos del día. La regente echo la primera paletada de cemento sobre una zona que, aunque algunos vecinos intuyen, ninguno sabe ubicar a ciencia cierta.

Tuvo que pasar un año hasta que el 1 de septiembre de 1917 se iniciaran las obras de construcción de las dos primeras viviendas. La falta de materiales o los problemas de transporte ralentizaron el proceso y hubo que esperar más de dos años para ver todos los pisos finalizados.

Según aparece recogido en el libro 'Behin batean Loiolan' de Félix Elejalde, en marzo de 1922 se aprobaron las bases para la adjudicación de las nuevas viviendas que establecían requisitos muy similares a los de la VPO actual, pero con algún que otro matiz: «Ser familia numerosa. Debe ser empleado u obrero modesto y tener ocupación conocida», por ejemplo.

A principios de 1923 ya había 23 solicitudes para catorce habitaciones. Algunos de los adjudicatarios fueron «José Manuel Echeveste con 8 hijos y obrero de 'Eguskia'. Nemesio Lamiella, con 6 hijos y bombero del Ayuntamiento. Francisco Ayestarán, 6 hijos y empleado del Ayuntamiento». La voz de Gipuzkoa, en agradecimiento a la regente, recaudó donativos entre sus suscriptores y mandó construir una estatua de la Reina para su colocación en Ciudad Jardín cuando el proyecto hubiera finalizado. No obstante, dicha estatua permanece en el parque Araba, en Amara, sin visos de trasladarse.

Cien años después, los vecinos celebrarán el centenario de Ciudad Jardín. Para ello, han preparado la segunda parte de un corto -la primera parte se estrenó el año pasado-, con tono bromista y reivindicativo que se proyectará el viernes a las 20.30 en la Casa de Cultura de Loiola. «Quizá se devuelva la estatua a Ciudad Jardín... quién sabe», insinúan en todo divertido invitando a acudir al estreno.

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