Diario Vasco

Una fábrica que cerró en 1981 y que era odiada por el polvo y el ruido

La factoría de fibrocemento funcionó en el solar del actual polideportivo.
La factoría de fibrocemento funcionó en el solar del actual polideportivo.
  • Boost Fibrocementos Toschi-Ibérica operó durante 18 años en el solar que hoy ocupa el polideportivo y vertió sus residuos sin cesar por la vaguada de Larres

Hoy los jóvenes de Altza desconocen la historia de la fábrica que en su día funcionó en el lugar que hoy ocupa el polideportivo. Solo los vecinos de más edad, o sus familiares, recuerdan las arenas movedizas que se formaban en las 'tierras de la Luna', en las inmediaciones de aquel suelo industrial, o el reguero de color grisáceo, unas veces, o amarillento, otras, que salía de la parcela en dirección a la vaguada que baja hacia Pasai Antxo.

La fábrica Boost Fibrocementos Toschi-Ibérica comenzó a funcionar en el barrio de Buenavista de Altza en los años 50 del siglo pasado. En sus comienzos era conocida como «Tellita» y después como «Urtellita» hasta que finalmente se denominó Fibrocementos Vascos, S.L. En 1961 la fábrica llevó a cabo una ampliación de su producción de tuberías de fibrocemento. Este material estaba compuesto por fibras de amianto mezcladas con cemento. El amianto, o asbestos, forma parte de un grupo de silicatos fibrosos con importantes propiedades aislantes, mecánicas, químicas, y de resistencia a las llamas, lo que unido a su bajo coste explican sus numerosas aplicaciones industriales y su amplia utilización en la construcción. Estas características extendieron su uso en la conducción de agua potable durante las décadas de los años 60, 70 y 80 del siglo pasado coincidiendo con la época de gran expansión urbanística.

En 1963 la fábrica se trasladó finalmente al solar donde hoy se ubica el polideportivo de Altza, entre las barriadas de Los Boscos y Harri Berri, unos terrenos que hasta entonces habían sido utilizados por la empresa Fresquerías Guipúzcoa, más conocida como la 'fábrica de vidrios'.

En esta ubicación la empresa fue comprada por capital alemán y pasó a denominarse Boost Fibrocementos Toschi-Ibérica, nombre que mantuvo hasta su cierre definitivo en 1981, momento en el que contaba con 120 trabajadores.

Las relaciones de la fábrica con los vecinos de las barriadas del entorno se hizo cada vez más conflictiva en los años 70. Entonces aún había muy poca información sobre el amianto y las consecuencias para la salud de quienes tenían contacto con este material, que en España no se prohibió totalmente hasta el año 2002.

Las noches de verano

En aquella época el problema para los altzatarras no era la presencia del amianto sino el polvo y los molestos ruidos que provocaba la producción de fibrocemento, sobre todo por la noche cuando se producían las descargas de materia prima en las cisternas de la fábrica. En verano, la tensión se hizo palpable en muchos momentos cuando al calor se unía el ruido de la producción y el polvo blanquecino que inundaba los alrededores.

Los vecinos de Altza no pueden olvidar el riachuelo de color grisáceo, la mayoría de las veces, aunque también amarillento en otras ocasiones, que salía de la fábrica en dirección a la vaguada de Larres que conduce a Pasai Antxo. Ni tampoco cómo los niños jugaban en las tierras movedizas o «tierras de la Luna» como entonces se le llamaba a un depósito de desechos al aire libre, sin ningún tipo de protección, que ocupó las zonas aledañas a la factoría en suelos en los que hoy se levanta el Colegio Oleta y el parking contiguo.

Recibe nuestras newsletters en tu email

Apúntate