Diario Vasco

«Yo no como cebollas de esas huertas ni borracho»

Punto cercano al polideportivo donde se hicieron las catas que revelaron la existencia de amianto.
Punto cercano al polideportivo donde se hicieron las catas que revelaron la existencia de amianto. / ARIZMENDI
  • Algunos vecinos de Altza mantienen su prevención sobre las tierras que rodean al polideportivo y todos comprenden que se adopten medidas para resguardar la salud

La noticia del retraso de las obras del nuevo polideportivo y la modificación del proyecto cayó ayer de sorpresa en el barrio del Altza. Lo que no pilló por sorpresa es la confirmación de la contaminación de los suelos por amianto dado que muchos vecinos son familiares de trabajadores de la antigua fábrica de fibrocemento o simplemente conocieron en su niñez o juventud el funcionamiento de esta industria.

Ayer pocos vecinos estaban al tanto de la noticia que saltaba a mediodía sobre la contaminación de los suelos en los alrededores del polideportivo y el cambio que habrá que efectuar en el proyecto. Dos jóvenes propietarios de mascotas soltaban a sus perros en la campa de Harri Berri, un terreno verde explanado a base de rellenos, en su día poblado con vegetación silvestre y que desde hace unos años se acondicionó con unas mesas de picnic. Ninguno sabía nada, ni había oído hablar del amianto en esa zona.

Eva se dirigía al camino de Berra cuando reconoció a DV que era la primera noticia que le llegaba sobre este asunto. Alguna vez había oído que en esos terrenos hubo una fábrica, pero sin más. Tras conocer los detalles de la contaminación hallada en la zona, opinó que «es importante que miren eso bien, mejor que analicen esos terrenos antes de construir nada».

Joaquín es vecino de Altza desde los años 70 y socio de la sociedad Boskotarrak. «Salían residuos de la fábrica en forma de regato. Pero el peligro no está aquí -dijo señalando al parking de la parte trasera del polideportivo- sino en los terrenos colindantes con el colegio Oleta y las huertas de la parte baja». Como fue testigo presencial de aquel riachuelo incesante de residuos explica que no entiende cómo hay mucha gente que tiene huertas en la parte baja de la vaguada. «Le dije a un socio de Boskotarrak con huerta que a mí no me pusiera en la mesa lechugas de ahí abajo. Yo no como cebolletas de esas huertas 'ni jarto de grifa'», sentenció. Joaquín nunca ha dejado de pensar que esa escorrentía de productos químicos no podía ser buena para el terreno y vivió «con preocupación» que su hija fuera todos los días al colegio de La Anunciata, en Pasai Antxo, atravesando la zona por donde se escapaban los desechos de aquella fábrica.

Rellenos

Otro vecino confirma que hace unos seis o siete meses estuvieron haciendo catas o sondeos en los aledaños del polideportivo, pero afirmó, con la seguridad de saber por dónde circularon los fluidos de la fábrica, que «la contaminación con amianto está en la zona del parking junto al colegio Oleta». En la campa de Harri Berri «se hicieron unos rellenos hace tiempo», con lo que el eventual terreno contaminado estará a bastante profundidad. «El gobierno municipal de Bildu lo adecentó hace dos o tres años poniendo unas meses de picnic», añadió.

Maria José acompañó ayer a su hija al colegio público de Oleta. Varias generaciones de su familia han vivido en Altza toda la vida. Su abuelo, Juan Cuadrado, murió de cáncer tras trabajar «mogollón de años» en la fábrica de fibrocemento que operó en el solar del polideportivo. «Murió hace 11 años por la uralita. Muchos compañeros suyos de trabajo también cayeron como él. Entonces esto no se sabía nada de esto, ahora sí».

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