Diario Vasco

Áncora: «La puerta y el puente María Cristina son un proyecto unitario»

Alzado frontal del pórtico original guardado en el Archivo Municipal.
Alzado frontal del pórtico original guardado en el Archivo Municipal.
  • Este elemento fue construido en 1905 en alineación con el puente para remediar la vista de un pabellón de retretes existente en el lugar

La Agrupación Cívica Áncora ha enviado un escrito a los grupos municipales del Ayuntamiento para reclamar que en las obras de rehabilitación y restauración que se acometerán en breve en el puente María Cristina -el proyecto se encuentra en fase de licitación y se prevé ejecutar entre este año y el próximo- se tenga en cuenta que este elemento y el pórtico o 'puerta de Brandemburgo' «son indisociables» por razones proyectuales, históricas y de autoría, con lo que ambos trabajos «deberían conformar una sola unidad de intervención».

El historiador y miembro de este colectivo Alberto Fernández-D'Arlas explica en un estudio sobre el pórtico que su autoría cabe atribuírsela al prestigioso ingeniero José Eugenio Ribera Dutaste (1864-1936), que también se encargó de la construcción del puente María Cristina, dos proyectos que son «tempranos exponentes a la hora de combinar sillares de cantería con hormigón armado, alcanzando magníficos resultados decorativos».

Pero lo que ahora quizás tenga más interés es el motivo por el que meses después de inaugurado el puente María Cristina (20 de enero de 1905) las autoridades municipales deciden culminar este paso sobre el río con un pórtico a la entrada de la estación de ferrocarril. «Al construirse el nuevo puente sobre el Urumea en 1905 la alineación de su eje quedaba enfilada con un prosaico pabellón de retretes. Surgió inmediatamente la necesidad de remediar esta indecorosa situación, al objeto de lograr una prolongación perspectiva mucho más digna. Se decidió que los retretes fueran reemplazados por un pórtico decorativo, que se erigió entre el edificio de viajeros y el muelle de equipajes, como punto de acceso a una pasarela elevada sobre las vías. La operación era estratégica de cara a potenciar la imagen turística de nuestra ciudad, siendo esta la primera impresión que recibían los viajeros a su llegada a San Sebastián», indica el historiador.

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