Diario Vasco

Los vecinos protestan por la solución a la cuesta de Cristina Enea

La actual pendiente que conecta Riberas con el Centro de la ciudad alcanza un desnivel del 17%.
La actual pendiente que conecta Riberas con el Centro de la ciudad alcanza un desnivel del 17%. / DV
  • La asociación de vecinos de Riberas de Loiola expresa su descontento con una opción que «fue desestimada por los propios concejales en la segunda reunión por ser insegura»

Nunca llueve a gusto de todos, pueden pensar algunos. Y los vecinos de Riberas de Loiola son conscientes de ello. Pero su confusión y enfado se debe a «cambios de opinión» y a alternativas de «dudosa» argumentación.

En abril, los vecinos del barrio junto con otros siete colectivos, entre los que figuraban la Federación Coordinadora de Personas con Discapacidad Física de Gipuzkoa (Elkartu) o la asociación ciclista Kalapie, se reunieron con el Ayuntamiento para buscar una solución a la pendiente del 17% a la que se enfrentan a diario todos aquellos que van desde el sur de la ciudad (Martutene, Loiola, Riberas) hacia el Centro o al colegio Mundaiz a través del parque de Cristina Enea, una vía a la que se accede desde las pasarelas Mikel Laboa (Riberas) o Gladys del Estal (Federico García Lorca).

Después de seis reuniones, y siete años desde que se creara tal acceso, «todo apuntaba a que se realizaría el proyecto acordado», comentó el vicepresidente de la asociación vecinal, Daniel Fernández. «El nuevo camino se corregía y discurría pegado al muro de Mundaiz. Algo encajonado, pero era la solución que permitía tocar los árboles lo menos posible, tal y como demandaron las asociaciones ecologistas», apuntó.

Pero cuál fue su sorpresa, cuando en una nueva reunión a mediados de julio, «los concejales nos dicen que han revisado el proyecto y que sería un punto negro que no preservaría la seguridad de los viandantes», relató Fernández, a quien le pareció «una excusa». Así, indicó, se recuperó como alternativa un diseño que «ya fue rechazado por unanimidad en la segunda reunión que tuvimos por no ser segura».

El nuevo diseño, que mantendrá los tres metros de anchura y su pavimento será de aglomerado color beige, pasa por zigzaguear el nuevo camino, con una pendiente que se reducirá al 6%, pero que será más largo. Los trabajos requerirán apear varios ejemplares, si bien como medida compensatoria el gobierno municipal se comprometió a plantar tantos como los que se retiren. Además, la intervención prevé mover unos metros el actual acceso al colegio Mundaiz para adecuarlo a la nueva pendiente y eliminar las escaleras.

Las obras, que durarán mes y medio y que tendrán un coste de 100.000 euros, también incluirán un acceso al embarcadero que tiene el centro en esa zona, lo que facilitará un uso público del mismo, según indicaron desde el consistorio.

No obstante, para los vecinos resulta «incomprensible» que no sea considerado un punto negro «pese a estar mucho más integrado en el bosque». «Me gustaría saber qué criterios se siguen para marcar un punto como inseguro», insinuó. Pero al margen de ser considerado o no una zona crítica, a lo que por otro lado manifestó que «todo el parque en su conjunto es un punto negro por la falta de iluminación a partir de determinadas horas», desde la asociación vecinal ponen en duda que las curvas de casi 180 grados que se generarán vayan a mejorar la convivencia entre peatones y ciclistas. «Son plenamente conscientes de la chapuza que van a hacer y por eso no se atreven a retirar el camino actual», afirmó con contundencia.

De hecho, a juicio de los vecinos de Riberas de Loiola, el hecho de que se mantengan los dos senderos derivará en que los ciclistas «seguirán utilizando el camino antiguo». «Es decir, que seguirán bajando la pendiente a la velocidad actual y eso sí que es peligroso».

No obstante, reconocen que las dificultades a las que hasta la fecha se exponen personas con movilidad reducida, mayores o padres empujando el carrito de sus hijos, se verán reducidas. «Hay personas del barrio que nunca han cruzado el parque de Cristina Enea, pero la solución no es, en absoluto, la acertada», se lamentó.

Falta de palabra

Sin embargo, una de las cuestiones que más ampollas ha levantado entre el vecindario ha sido «la falta de palabra del alcalde y los concejales de Urbanismo y Mantenimiento Urbano. Me gustaría saber dónde estaban aquellos defensores de los árboles el día que se retiraron todos los de Carlos I», exclamó Fernández.

La rebelión saltó también a las redes sociales, cuando desde la cuenta de Facebook de la asociación, publicaron el mapa con el nuevo recorrido. «No me puedo creer que vayan a hacer eso y que no haya una solución mejor», señaló con asombro un vecino, a lo que otro añadió: «Cuando después de años y distintos gobiernos municipales pidiendo una solución y no siendo escuchados por fin se consigue un compromiso y un proyecto serio, es triste que en el último momento se cambie por esta chapuza debido a presiones. Esta solución ya nace con problemas, como ocurrió con el acceso actual. ¿Cuántos años más deben pasar para que algún valiente decida ejecutar un proyecto adecuado, sin presiones?», se preguntó. «Hay que estar ciego para no ver que el nuevo zigzag solo va a ser usado por quien no le quede más remedio y que el actual va a seguir siendo un peligro para todos los demás», apuntó otro vecino.

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