Diario Vasco

La isla que nunca fue

Proyecto de monumento a la Reina María Cristina en la isla de Santa Clara.
Proyecto de monumento a la Reina María Cristina en la isla de Santa Clara. / KUTXATEKA
  • En 1913 se proyectó construir un gran monumento dedicado a la Reina Regente María Cristina en Santa Clara

Frecuentemente se escucha que la naturaleza fue agradecida con San Sebastián al darnos el «marco incomparable» de La Concha, aunque dicha frase puede significar algo así como que la naturaleza esculpió 'La Piedad' de Miguel Angel, porque una cosa es proporcionar la materia prima, por ejemplo el mármol, y otra la labor del artista que lo trabajó con el cincel.

Siguiendo la teoría, fueron las decisiones tomadas por distintos Ayuntamiento, aprobando, o no, los proyectos que arquitectos, ingenieros y artistas le presentaban las que 'cincelaron' nuestra bahía, hasta dar su actual aspecto a los antaño nada atractivos arenales.

Algunas de aquellas propuestas que pudieron cambiar la fisonomía de la ciudad fueron anuladas por el paso del tiempo, modificadas o, sencillamente, no aprobadas.

Es el caso que se recuerda en este comentario. Conocida era la simpatía que por la reina María Cristina tenía Rafael Picavea, senador del Reino y propietario de los periódicos donostiarras 'El Pueblo Vasco' y 'Novedades'. Desde ambas publicaciones se resaltaba la figura de la Regente y su vinculación con nuestra ciudad, promocionando iniciativas que lo ratificaran.

Al ser conocido que la reina al ver el Monumento del Centenario, erigido en Alderdi Eder, dijo «¡Qué horror¡», el señor Picavea se propuso ofrecerle algo más digno y para ello se puso en contacto con el artista Teodoro Anasagasti, encargándole proyectara un gran monumento que se levantaría en una campa superior que resultaría en la isla Santa Clara una vez desmochada la misma.

El proyecto fue expuesto por vez primera en la Exposición Internacional de Roma, «mereciendo el unánime y caluroso elogio de la crítica italiana». Se trataba de «una gran exedra que simboliza el Trono, sobre el que aparece sentada S.M. En los flancos dos enormes torreones luciendo potentes faros. Su altura será de 35 metros y la dimensión de su base de 45. A todo el que visite San Sebastián ha de causarle admiración esta grandiosa obra, que será uno de los monumentos más originales de Europa».

Como resulta obvio comentar, el Ayuntamiento no cedió a la idea de modificar la isla en las condiciones que se planteaban motivo por el que, cinco años más tarde, Picavea solicitó permiso para levantar otro monumento en la calle Reina Regente cuyo diseño, en esta ocasión, se había encargado al escultor León Barrenechea.

La Corporación Municipal expuso que le gustaba la idea pero no el lugar, siendo en 1919 cuando propuso colocarla en la Plaza del Centenario, donde se encuentra. Salvando todas las distancias, el piso central, semicircular, del actual monumento conserva algunos principios del original, aunque la reina no permanece sentada sino de pie.

Volviendo al tema con el que se abría este artículo, cabe citar otro momento en el que la isla de Santa Clara pudo ser lo que no es: fue allá a finales del XIX cuando se proyectó un ferrocarril que, desde La Perla, circulara bajo el paseo de la Concha hasta el túnel y de aquí, sobre unas vías colocadas al nivel del agua, sujetas por pilares que alcanzarían al fondo de la bahía, llegaría a la estación que se construiría en la isla. Santa Clara, por su parte, sería vaciada en su totalidad, si bien no perdería su estética: conservaría el frente de la bahía como lo conocemos y la parte trasera sería una gran pared vertical de cristal. En el interior se construiría un hotel, restaurante, santuario, museo... pero se produjo un «pequeño» desacuerdo: los promotores querían la propiedad de la isla «para siempre» y el Ayuntamiento sólo la cedía para cien años.