Diario Vasco

Los albergues municipales de Ulia y Ondarreta baten récords de ocupación con subidas de un 13%

Turistas alojados en el albergue de Ulia disfrutan de un almuerzo con vistas a la bahía de La Concha.
Turistas alojados en el albergue de Ulia disfrutan de un almuerzo con vistas a la bahía de La Concha. / MICHELENA
  • La temporada de verano se cierra con 12.693 pernoctaciones entre junio y agosto, un millar más que el pasado año

El boom turístico que experimenta San Sebastián ha llegado también a los albergues municipales. Este tipo de alojamiento, uno de los más modestos y asequibles que existen en la ciudad, ha registrado en verano récords históricos, con subidas medias de un 13% en el índice de ocupación.

Son dos los establecimientos gestionados de forma directa por el Ayuntamiento: La Sirena, en Ondarreta, y Ulia. En ambos se ha vivido una temporada estival sin precedentes, tanto en el número de huéspedes como en el de pernoctaciones, que entre junio y agosto se elevó hasta las 12.693. De ellas, 8.648 corresponden a Ondarreta y 4.045 a Ulia.

El incremento respecto a ejercicios anteriores es «importante», destaca con satisfacción el concejal de Juventud, Martin Ibabe. El global de camas ocupadas de los dos albergues ha crecido en un millar respecto a 2015 y en más de 1.600 si se toma como referencia 2014.

Estas cifras permiten al delegado del PNV valorar de manera «positiva» la curva ascendente dibujada en los últimos tiempos por el alberguismo en la capital guipuzcoana. «La ocupación sube año tras año y esa es una buena noticia para un destino como San Sebastián. La capacidad hotelera es la que es y los precios no siempre se ajustan a todos los bolsillos, por lo que gracias a este tipo de instalaciones damos servicio a un segmento de turistas que también hay que cuidar y trabajar. Les ofrecemos la posibilidad de dormir aquí por menos dinero», subraya.

La internacionalización de los albergues es otra de las grandes novedades del verano. Ahora es posible reservar habitación en las plataformas online, lo que ha permitido ampliar el número de países de procedencia de los huéspedes. La mayoría procede de Francia, Alemania, Italia y Reino Unido, aunque tienen una importancia significativa los estadounidenses y australianos. En cuanto a comunidades autónomas, Cataluña, Madrid, Comunidad Valenciana y Andalucía copan los primeros puestos, por encima incluso de la vecina Navarra.

La globalización ha traído además hasta este rincón del mundo a visitantes de lugares tan exóticos como India, Sri Lanka, Singapur, Nueva Zelanda o Corea del Norte, de donde llegó un grupo de 30 personas hasta Ondarreta. «La estrategia de marketing y comunicación da frutos porque te conocen y te demandan en sitios donde antes no mostraban interés por venir a San Sebastián. Es otra forma de promocionar la ciudad en una sociedad globalizada como la nuestra», dice.

El Ayuntamiento acomete desde hace meses distintas obras de mejora en los dos albergues que gestiona. La Sirena estrenó el pasado año reformas en varias plantas y aún tiene pendientes otras actuaciones, una inversión cuyo objetivo es «modernizarlo y que los servicios sean más acordes a las necesidades y exigencias de los huéspedes de hoy en día», argumenta Ibabe.

La primera fase necesitó de diez semanas de trabajo y un presupuesto de 166.000 euros, pero los resultados saltan a la vista. El albergue, una antigua fábrica de corsés, dispone de habitaciones más pequeñas con baño, una demanda cada vez más habitual. «Ya no se viaja en grupos de ocho, diez o quince personas, como antes. Ahora, la mayoría de las reservas son para dos, tres o cuatro, como mucho», explica.

La primera planta se remozó entera. De dos dormitorios de dieciocho plazas y una zona de aseo-baños separada de las habitaciones se ha pasado a cuatro dormitorios (de cuatro y seis plazas y los otros dos de doce), todos ellos con baño incorporado. En la planta -1, la intervención permitió arreglar los baños de cuatro habitaciones y los baños accesibles del pasillo central. También se mejoró la iluminación general e individual en cada cama, el suelo -menos ruidoso y más confortable-, la accesibilidad de las habitaciones, la ventilación de toda la zona, la estética general de las instalaciones y la habitabilidad del espacio. Como remate, se aprovechó para renovar la cocina, un servicio apreciado por los usuarios.

Ibabe recuerda que La Sirena registró el pasado año más de 20.000 pernoctaciones y que este año, al calor de la Capitalidad Cultural Europea, el incremento de las reservas ha sido considerable. Apreciado entre otros motivos por su ubicación -cerca de la playa y bien conectado con el Centro y las universidades-, el albergue es utilizado por personas y grupos de los cinco continentes. Casi un 40% de las pernoctaciones corresponden a peregrinos del Camino de Santiago.

Cierre por obras

En Ulia también se están haciendo «pequeñas actuaciones» tendentes a mejorar el servicio. Los obreros continúan resolviendo un defecto de construcción que ha causado no pocos perjuicios al día a día del establecimiento. Lo que comenzó siendo una avería por fuga de agua degeneró hasta quedar al descubierto una irregularidad cometida por la empresa constructora que implicará la sustitución de las tuberías y, por tanto, el cierre del albergue durante seis semanas antes de que finalice el año.

A finales de abril, Aguas del Añarbe realizó diferentes muestreos que determinaron que la calidad del agua no había variado y que es «normal». Sin embargo, como medida de precaución, desde la detección de este problema se suministra a los clientes agua embotellada en todas las habitaciones y bungalows.

Con el fin de no perjudicar la temporada estival, se ha decidido proceder al cierre del albergue hacia el mes de noviembre, una vez finalizados los eventos que congregan a un mayor número de visitantes en la ciudad como el Festival de Cine. Aprovechando el cierre, también se llevarán a cabo distintos trabajos de mejora en las instalaciones, como la renovación de los sistemas de videovigilancia -con nuevas cámaras en el parking exterior-, mejoras de accesibilidad en los bungalows o labores generales de jardinería.

El albergue de Ulia se inauguró en 2009 tras un incendio y un año más tarde se convirtió en el primer establecimiento del País Vasco en obtener la Etiqueta Ecológica de la Unión Europea en la categoría de servicios de alojamiento turísticos. Fue construido basándose en un proyecto de nueva planta que reorganizó sus instalaciones y se empleó la madera tanto en las vigas como en las fachadas y pasillos perimetrales. Asimismo, se optó por aumentar el número de habitaciones y reducir su tamaño, evitando la masificación.

La instalación cuenta con 62 plazas distribuidas en 8 habitaciones de 4 plazas y 5 bungalows de 6 plazas cada uno. El complejo se completa con espacios comunes, como un lugar de encuentro y un comedor comunitario. Dispone de placas solares para la producción de energía y agua caliente, así como calderas de alta eficiencia energética.

«Estamos contentos con el resultado de las inversiones porque vemos que tanto La Sirena como Ulia son establecimientos bien valorados por los visitantes. Y no hay mejor prueba que el aumento de la tasa de ocupación», afirma Ibabe, quien destaca el «carácter social y de cohesión» que tienen los albergues municipales, un servicio deficitario pero con un «alto valor añadido».