Diario Vasco

La accesibilidad del Peine, en cuestión

Transitar por el Peine del Viento presenta evidentes problemas a quienes ya tienen condicionada su movilidad.
Transitar por el Peine del Viento presenta evidentes problemas a quienes ya tienen condicionada su movilidad. / UNANUE
  • La asociación de personas con discapacidad pide una intervención, el ingeniero Elósegui les apoya, mientras la hija de Peña Ganchegui solicita respeto a la obra artística y los Chillida reclaman consenso

  • A debate si hay que alisar una franja del pavimento para llegar con comodidad a las esculturas

Es uno de los espacios emblemáticos de la ciudad, reabierto a principios de verano tras más de un año de clausura por los problemas de seguridad que generaba la inestabilidad del acantilado en el que se apoya. El Peine del Viento probablemente sea la segunda foto más buscada por los turistas que nos visitan, tras el inevitable selfie en la bahía de La Concha. En su inauguración, hoy hace 39 años, solo acudieron nueve personas. Ni Chillida era entonces tan reconocido ni ese extremo de la ciudad ejercía tan poderosamente su imán sobre donostiarras y turistas. Hoy, cuando nadie cuestiona que se ha convertido en un icono de Donostia, vuelve a saltar a la palestra una cuestión incómoda: su accesibilidad. La asociación de personas discapacitadas Elkartu ha pedido al Ayuntamiento una adaptación del pavimento para que todas las personas sin discriminaciones puedan ver las esculturas en condiciones de igualdad. Algunos protagonistas de la construcción del Peine de los Vientos, como el ingeniero José María Elósegui, apoya esta reclamación. Otros, como el Archivo Peña Ganchegui defienden que la plaza y las esculturas son «una obra de arte en su conjunto» que no puede desnaturalizarse. La familia Chillida vería con buenos ojos cualquier solución que concitase «el consenso de todas las partas» implicadas. El Ayuntamiento ha analizado alguna solución técnica y no se cierra a actuar de acuerdo con las familias de los creadores, al entender que prima el carácter artístico de este ámbito sobre su consideración como un espacio público.

Las cosas han cambiado mucho desde 1977 hasta hoy en día. Tanto respecto a la consideración de la importancia del Peine del Viento como en el reconocimiento de los derechos de determinados colectivos como el de las personas con movilidad reducida. El hoy emblemático lugar que Eduardo Chillida eligió en 1968 para dejar a la ciudad una de sus esculturas (luego cambió de criterio y optó por tres figuras) era entonces una zona a la que no iba casi nadie. El Ayuntamiento convocó un concurso y se inclinó por el arquitecto Peña Ganchegui para diseñar y construir en 1974 la plaza que daría acceso a las esculturas, colocadas en sus respectivas rocas entre el 17 de agosto y el 3 de septiembre de 1977 bajo la dirección de obra del ingeniero de Caminos y amigo personal de Chillida, José María Elósegui.

Hoy el Peine del Viento, además de un ámbito con cierta magia para los donostiarras, es uno de los lugares que nadie quiere perderse en su visita a San Sebastián. La Federación Coordinadora de Personas con Discapacidad Física de Gipuzkoa (Elkartu) lleva años planteando al Ayuntamiento la necesidad de adoptar una solución técnica que permita a quienes tienen problemas de movilidad llegar hasta las esculturas con cierta comodidad, sin tener que padecer la extrema rugosidad del pavimento.

«Un itinerario liso»

La realización de unas importantes obras durante la pasada primavera para estabilizar los acantilados que bajan hasta el monumento impulso a Elkartu a dirigirse por escrito al alcalde para pedirle una actuación que, «al menos en un itinerario, posibilite a las personas con movilidad reducida acceder al Peine del Viento en condiciones de seguridad, comodidad y dignidad». La misiva recordaba que, a pesar de que este ámbito goza de protección, la Ley 20/1997, de 4 de diciembre, de Promoción de la Accesibilidad, señala en su artículo 3.1 c) que «se contemplará la paulatina adaptación del patrimonio histórico-artístico de la Comunidad Autónoma del País Vasco a los criterios de accesibilidad marcados por esta ley». La asociación recordaba que una actuación de este tipo beneficiaría a un importante segmento de la población, entre quienes citaba a personas que se desplazan en silla de ruedas, personas que por factores antropométricos tienen problemas de acceso a diferentes espacios, personas de avanzada edad que tienen problemas para desplazarse de forma autónoma, mujeres embarazadas o que van acompañadas de menores de edad, personas con miembros inmovilizados, escayolados o con muletas, etc. Por todo ello, Elkartu solicitaba una adecuación del pavimento del Peine del Viento «a las exigencias de la accesibilidad universal» para que «todas las personas» puedan acceder al lugar «en condiciones de igualdad».

La opinión es compartida por José María Elósegui, ingeniero de 89 años que por encargo de Eduardo Chillida diseñó y dirigió gratuitamente la obra de inserción de las esculturas en la roca, y su hija María Elósegui, catedrática de Filosofía del Derecho por la Universidad de Zaragoza y autora del libro 'El Peine del Viento de Chillida en San Sebastián, ingeniería de su colocación por José María Elósegui (1977)'. Elósegui no tiene dudas de que «si una obra pública tiene un defecto o incomodidad extrema, hay que corregirlo». Explica que hace 40 años los carritos infantiles, por ejemplo, eran escasos y la sociedad ha cambiado mucho. «Las cosas no son inamovibles, las necesidades cambian. Los espacios públicos deben ser prácticos y estar al servicio de las personas. La plaza del Peine del Viento es un medio para llegar a las esculturas. Si hay un problema para que determinadas personas lleguen al final hay que resolverlo». Otro de los argumentos para actuar que apunta el ingeniero es que el Peine del Viento fue creado a impulso de una comisión ciudadana que en 1968 se planteó hacerle un homenaje a Chillida. «La obra es del Ayuntamiento, que la encargó sin cláusulas de intocabilidad, que la pagó y que ahora es suya. No es una herencia intocable». En su opinión, una solución «sencilla y poco costosa» sería alisar un pasillo de un metro de anchura del pavimento.

Su hija María Elósegui considera que «desde un punto de vista jurídico hay que adaptarse a la realidad social». La accesibilidad «es un derecho de los ciudadanos» y el respeto a la obra de un artista «también tiene sus límites». Cita en concreto los artículos 9 y 30 de la Convención de los Derechos de las Personas con Discapacidad de Naciones Unidas para afirmar que «hay un derecho a no ser discriminado para acceder a los monumentos, las obras de arte y la cultura en general». Pero, además, cree que el Ayuntamiento tienen «competencias y obligaciones» para hacer accesible «una obra que ha sido pagada por los ciudadanos y que es de todos los ciudadanos». En su opinión, el derecho de las personas con discapacidad «debe prevalecer salvo, que no es el caso, que el gasto a realizar fuera desproporcionado».

¿Hasta qué punto la obra de arte son las esculturas de Chillida y la plaza solo es un medio para llegar a ellas? DV se ha puesto en contacto con Rocío Peña, arquitecta e hija del arquitecto que diseñó la plaza del Peine del Viento, hoy directora del Archivo Peña Ganchegui. En su opinión, las esculturas y la plaza conforman una unidad y «su integridad debe ser respetada como una obra de arte en su conjunto». Explica que la elección del granito sin labrar como elemento de construcción, con su «carácter tosco y primario», es esencial para entender la «fusión de arte y naturaleza» que pretendía Luis Peña Ganchegui. Este material fue elegido para un espacio «sometido a fuertes inclemencias» y en concreto para «resistir la fuerza del viento y el gran oleaje en una zona extremadamente expuesta, cuyo pavimento rugoso hace frente al desgaste y evita el deslizamiento cuando el agua lo invade».

Un espacio de transición

Rocío Peña explica que su padre concibió este final del paseo como «un espacio intermedio entre la ciudad y la naturaleza; entre lo domesticado, donde el hombre se encuentra seguro, y lo salvaje, desde donde nos observan las esculturas». En este sentido, el disfrute del Peine del Viento «resulta claramente condicionado por su propia esencia, del mismo modo que el de tantos enclaves naturales de acceso limitado». La hija del diseñador de la plaza enmarca la dificultad de caminar sobre este pavimento en la idea que quería plasmar su padre al crear este espacio. «La dificultad deriva de su textura, sensiblemente rugosa, que condiciona el tránsito, exigiendo que pongamos todos de nuestra parte: para caminar de otra manera, para recorrer el paseo conscientes de que estamos dejando la ciudad, pidiendo ayuda si fuera necesario para avanzar, sabiendo que el camino va a merecer la pena, que parte de la experiencia tiene que ver con su dificultad, porque la recompensa que nos espera antes, durante y al final es enorme».

Fuentes de la familia Chillida indicaron a DV que los allegados al escultor estarían abiertos a una eventual intervención si esta tuviera como premisa el haber alcanzado un consenso previo de todas las partes implicadas en el asunto, lo que incluye a la familia Peña Ganchegui, diseñador de la plaza. Es un planteamiento cercano al del gobierno municipal.

Elkartu solicitó este verano una reunión con el Archivo Peña Ganchegui, un encuentro que se va a producir finalmente la próxima semana. Se trata de las dos partes con las posiciones más alejadas en relación a llevar a cabo una intervención para garantizar la accesibilidad en este paraje. Los otros agentes se sumarían previsiblemente a un eventual acuerdo que parece difícil de alcanzar.