Diario Vasco

Ulia recupera sus miradores

fotogalería

La Casa Rústica -también conocida popularmente como el molino-, ofrece un paisaje espectacular al visitante. / ARIZMENDI

  • El Ayuntamiento despeja la vista desde la Casa Rústica y las peñas del Rey y del Ballenero

  • El concejal socialista Díez explica que las labores de desbroce acometidas permiten volver a disfrutar de la panorámica marina que ofrece el monte

Ulia necesitaba un lavado de cara y desde el Ayuntamiento han puesto los medios materiales y humanos para acometer la operación. Varios operarios han dedicado las últimas semanas a cortar, desbrozar, podar y limpiar la muralla de vegetación que cegaba la vista desde los miradores del monte. También ha habido que apear algunos árboles. Como resultado, la Casa Rústica y las peñas del Rey y del Ballenero vuelven a ofrecer al visitante las panorámicas marinas de las que disfrutaba la aristocracia en tiempos de la Belle Époque y que habían quedado ocultas tras la maleza.

El gobierno municipal señala que la falta de mantenimiento de los últimos años había provocado que árboles, arbustos, plantas silvestres y malas hierbas crecieran sin control, lo que privaba al paseante del espectáculo natural que esperaba encontrar al iniciar la subida.

Ahora, quien llegue hasta alguno de estos tres puntos recibirá como recompensa una vista del Cantábrico y de toda la costa si la meteorología acompaña, motivo suficiente para animarse a redescubrir una perspectiva diferente de Ulia.

La Casa Rústica, erróneamente conocida como el molino por sus similitudes estructurales, era en realidad un café con terraza desde el que las élites de la época podían contemplar el azul del horizonte.

Las peñas del Rey y del Ballenero fueron puestos de vigilancia en uso durante varios siglos. La primera cuenta en la actualidad con una pasarela de madera renovada, mientras que la segunda, desde donde se avistaban las ballenas en la Edad Media y se daba aviso a los marineros, ha sido en agosto objeto de una intensa labor de limpieza en su parte frontal.

«Había un exceso de vegetación en los miradores y hemos querido reducir copas y hemos apeado algún ejemplar que no estaba en buenas condiciones», explica el concejal de Vías Públicas y Medio Ambiente, Miguel Ángel Díez. El edil del PSE asegura que estos trabajos han servido para dejar libre la vista panorámica.

«Actuación compleja»

En el proceso, que no ha estado exento de dificultades, ha participado un equipo de entre tres y cuatro personas. «Terminamos la semana pasada y ha sido una actuación compleja porque los accesos no son sencillos. El resultado es satisfactorio. Ha sido una labor eficaz y ahora se contempla todo el mar, los barcos faenando, la parte de Jaizkibel...», afirma Díez, quien anuncia que la voluntad de su departamento es continuar con esta faena de conservación del monte. «Los árboles crecen aproximadamente un metro cada año, así que cada año habrá que intervenir para que la vegetación no se acumule».

Ulia era hace un siglo una importante zona de ocio y esparcimiento, pero no fue hasta 2009 cuando se rescató del olvido y se trabajó para homologarlo a los otros parques de la ciudad como Cristina Enea, Urgull, Aiete o Ametzagaina. Bajo el mandato de Odón Elorza, el Ayuntamiento impulsó con ayuda del Plan E de Zapatero una intervención integral en la zona, de modo que los tesoros del monte pudieran ser puestos en valor.

Así, se restauró como merendero el edificio Basollua, que estaba en estado ruinoso, y se sustituyó la explanada de hormigón del antiguo tiro pichón por una pradera con vistas al mar. Donde estaba la vieja antena de Radio Nacional se creó el Centro de Interpretación para informar sobre las características naturales y la historia de Ulia. También se construyó el nuevo albergue con 62 plazas -tras el incendio del anterior-, proyecto que contaba con un presupuesto de 2,6 millones de euros.

Se recuperaron caminos -por aquí discurre el de Santiago- y se rehabilitaron los hitos arquitectónicos y miradores históricos, como la Casa Rústica, las escaleras de la estación del antiguo tranvía o la propia Peña del Ballenero. Estas actuaciones, junto con el impulso de Basollua -hoy un merendero en funcionamiento con éxito- costaron 1,5 millones de euros.

La mejora de la carretera y las aceras que suben hasta lo alto de Ulia se llevó otros 900.000 euros. Una nueva zona de juegos completó la transformación, que duró tres años y posibilitó que el monte se abriera a los donostiarras como parque.

Cierre del albergue

La actividad no se ha detenido en este ámbito tras la marcha de los jardineros. En el albergue, situado a unos metros de los miradores, los obreros continúan resolviendo un defecto de construcción que ha causado no pocos perjuicios al día a día del establecimiento.

Lo que comenzó siendo una avería por fuga de agua degeneró hasta quedar al descubierto una irregularidad cometida por la empresa constructora que implicará la sustitución de las tuberías y, por tanto, el cierre del albergue durante seis semanas antes de que finalice el año.

Según el informe redactado por el departamento de Obras y Proyectos, las cañerías que se instalaron en 2009 no guardaban relación con las especificadas en el proyecto, siendo las colocadas de acero galvanizado y no de acero inoxidable o cobre, que es lo que se certificaba en la obra. Es decir, unas tuberías que no son aptas para el consumo de agua potable.

A finales de abril, Aguas del Añarbe realizó diferentes muestreos que determinaron que la calidad del agua no había variado y que es «normal». Sin embargo, como medida de precaución, desde la detección de este problema se suministra a los clientes agua embotellada en todas las habitaciones y bungalows.

El Ayuntamiento reclamó a la adjudicataria que tomase cartas en el asunto y la Junta de Gobierno aprobó en junio incoar un procedimiento de declaración de responsabilidad contractual por deficiencias en la ejecución de las obras. La empresa, que visitó junto con los técnicos municipales el albergue, aceptó reponer las tuberías, cuyo coste asciende a unos 120.000 euros, así como hacerse cargo de los gastos referidos a la redacción del nuevo proyecto -8.343 euros- y los daños generados tanto por el suministro de agua envasada durante la ejecución de las obras de reparación como por el cierre del albergue durante seis semanas para ejecutar la obra, cantidad que se estima en 32.617 euros.

Con el fin de no perjudicar la temporada estival, se decidió realizar el cierre del albergue hacia el mes de noviembre, una vez finalizados los eventos que congregan a un mayor número de visitantes en la ciudad como el Festival de Cine. Aprovechando el cierre, también se llevarán a cabo distintos trabajos de mejora en las instalaciones, como la renovación de los sistemas de videovigilancia -con nuevas cámaras en el parking exterior-, mejoras de accesibilidad en los bungalows o labores generales de jardinería. Cuando terminen, el alto de Ulia lucirá como no lo hacía desde hace más de un siglo.