Diario Vasco

La recogida de piedras en la playa de Ondarreta se amplía dos semanas, hasta las mareas vivas

Montones de piedras apiladas el pasado viernes por los operarios en espera de que un vehículo los retirara de la playa.
Montones de piedras apiladas el pasado viernes por los operarios en espera de que un vehículo los retirara de la playa. / A. M.
  • Los operarios han retirado a mano 188 toneladas de escombros desde finales de julio

Iba a ser una campaña de un mes, pero se ha decidido ampliar la tarea dos semanas más. La retirada de piedras en la playa de Ondarreta continuará unos días, hasta mediados de mes, fecha que coincidirá con la llegada de las mareas vivas, unas de las más fuertes del año. La Sociedad de Ciencias Aranzadi, que dirige los trabajos, prepara su argumentario para convencer a Costas de que es necesario, de cara al año que viene, que permita emplear maquinaria para ser más efectivos en limpiar de la playa el material no natural que espera bajo la arena.

Los 50.000 euros que destina el Ayuntamiento al trabajo de seis operarios de eliminación de cascotes de la playa de Ondarreta van a permitir que la tarea se prolongue hasta el día 15 de este mes, coincidiendo con la fecha de finalización de los servicios de parasoles. Hasta mediados de mes, por tanto, continuará este trabajo manual que se realiza desde finales de julio. Costas prohibió incluso el empleo de rastrillos con el argumento que de esa forma no se podía discriminar las gravas naturales o cantos rodados de los bloques de origen antrópico, que Aranzadi cree que suponen el 95% de la piedras que se ve en la superficie de la playa.

Hasta el día de ayer se han retirado de Ondarreta 188.300 kilos de escombros. «Lo que hemos venido haciendo estas semanas es más investigación que retirada masiva de piedras porque el método manual nos impide ser más efectivos», explica el biólogo Jon Etxezarreta. Aranzadi seleccionará muestras de estas piedras para que el Departamento de Mineralogía y Petrología de la Universidad del País Vasco analice su composición y su informe sirva para complementar los argumentos que el Ayuntamiento presentará al Servicio Provincial de Costas de Gipuzkoa de cara al año que viene.

«Ahora estamos retirando los cascotes más superficiales, paliando parcialmente incomodidades a los bañistas, pero para solucionar definitivamente el problema habría que actuar con máquinas despedregadoras que permiten retirar, antes de que afloren, todos los cascotes situados hasta 40 centímetros de profundidad», añadió. Aranzadi está convencida de que todo el material rocoso que está aflorando en los últimos años a la superficie son bloques que formaron parte del relleno del campo militar de maniobras que operó en esta playa desde 1873 hasta 1925 y que en vez de ser eliminado entonces fue abandonado y cubierto por la arena.

Para la construcción de esta explanada se utilizaron inicialmente 35.000 m3 de piedras como relleno. El campo finalizaba en un muro de costa que era continuamente fracturado por los embates del mar y cuya consolidación exigió constantes reparaciones para reponer las piezas perdidas. Toda esta historia de mantenimiento de una estructura artificial en la playa de Ondarreta -incluida la construcción y derribo mediante explosivos de una cárcel (1888-1949)- no se completó con la eliminación de sus escombros cuando se procedió a ampliar la playa y a conformar el paseo y los jardines (1925) tal y como lo conocemos hoy. La mayor parte de las piedras del campo de maniobras y de la cárcel se quedaron en la playa. Aranzadi es de la opinión que estos bloques, con el tiempo, fueron quedando enterrados e iniciaron un lento viaje subterráneo descendente. «Algunas piedras continúan hoy este 'viaje' hasta el centro de la bahía. Otras afloran en la orilla en momentos como el verano en los que la playa está más inclinada y hay menos arena en la parte baja».

Etxezarreta afirma que prácticamente todas las piedras que aparecen en la orilla del centro de la playa son de origen antrópico y, por tanto, «pueden y deben ser retiradas». «Si lo hacemos con maquinaria tardaremos unos pocos años en resolver el problema. Si nos obligan a hacerlo a mano, como este año, tardaremos alrededor de un siglo».

Aranzadi estima que podría haber entre 20.000 y 25.000 m3 de piedras no naturales bajo la arena, un volumen relativamente pequeño respecto al de la arena que hay en el conjunto de la había de La Concha y que «Azti estimó en 2,5 millones de m3». Para conocer con seguridad el tamaño del problema, este instituto se plantea solicitar al Ayuntamiento la realización de catas específicas para conocer el volumen y la profundidad de los cascotes, porque «los estudios realizados en años anteriores por OCSA y Esgemar no discriminaban los escombros de los bolos naturales». Aranzadi defenderá que no es necesario recurrir a trasvases de arena de fuera de la bahía, como reclama Costas, para sustituir el hueco dejado por las piedras retiradas. «El mar completa esta labor, como hemos visto con las mareas vivas de agosto», indica Etxezarreta. En caso de que fuera necesario un aporte de arena este podría venir del «excedente que hay entre el Club Tin Tin y el Pico del Loro».