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MIEDOS INFANTILES

El porqué de los temores más frecuentes

Una tabla para ayudar a conocer el motivo de ciertos miedos que padecen nuestros hijos e intentar ayudarles a superarlos

29.03.13 - 09:00 -
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El porqué de los temores más frecuentes
'Malena Ballena', de la editorial Libros del Zorro Rojo, es un cuento que aborda el miedo que generan los complejos.

Miedos infantiles más frecuentes en función de la edad en la que aparecen por primera vez:

Innato. Al abandono

0-6 meses. A la pérdida súbita de soporte y a los ruidos fuertes

7-12 meses. A las personas extrañas y a los objetos que aparecen inesperadamente

1 año. A la separación de los padres y a las heridas

2 años. A los animales, las máquinas grandes, la oscuridad y los cambios en su entorno personal

3 años. A las máscaras

4 años A los ruidos en general

5 años A la gente ‘mala’ y a las lesiones corporales

6 años A los seres fantásticos (brujas, fantasmas…), los miedos basados en sucesos vistos en las noticias, a fenómenos y catástrofes naturales (tormentas, tsunamis…), a dormir y estar solos y a separarse de los padres

9-12 años A los exámenes escolares, al rendimiento académico, a que su aspecto físico no guste a los demás y a la muerte.

Fuente: Richard J. Morris y Thomas R. Kratochwill, psicólogos estadounidenses y autores, entre otros, del libro The Practice of Child Therapy, y elaboración propia

El porqué de los que padecen con mayor asiduidad

Miedo a la oscuridad: se da porque esta produce desorientación, da la impresión de que en ella pueden pasar cosas que no serán capaces de controlar. Por ello lo mejor que pueden hacer los padres para ayudar al hijo a superar este miedo es hacerle ver que no sucede nada. Si se trata de entrar a un sitio que está a oscuras, lo mejor es agarrar al niño de la mano y entrar juntos. Luego, los padres esperarán en la puerta y dejarán que poco a poco el niño vaya entrando solo. Si el temor surge a la hora de irse a dormir, es recomendable poner una lucecita, un ‘quitamiedos’, para que si se despierta no se desoriente, reconozca los objetos y tenga una seguridad.

A los ruidos: en el fondo no es más que miedo a lo desconocido, ya que esos sonidos que identifica como ruidos se salen de su cotidianeidad (unos platos que se rompen, por ejemplo). Es algo que el niño percibe como una desorganización, una ruptura del orden normal que le conduce a preguntarse «qué está pasando» y le sobresalta.

A los seres sobrenaturales: se da sobre los 6 años porque es la edad de las fantasías y el niño las confunde con la realidad. Hay que tener en cuenta que el niño es muy dado a imaginar y que esto es muy bueno, es un elemento de protección en el niño. Por eso cuando los padres amenazan con «si no comes el coco va a venir a por ti» pueden lograr que el pequeño logre ver a ese ser inexistente. La fantasía es un proceso adaptativo y de protección ante las situaciones complicadas que el niño va descubriendo, una dimensión de refugio contra las dificultades.

A las catástrofes: también se da a la misma edad que el anterior, una edad en la que el niño ya comienza a recibir más informaciones a través de las noticias –muchas veces las imágenes del telediario son muy duras para ellos, aunque los adultos ya las percibamos como dentro de la normalidad–. Ve lo que sucede en otros lugares (un tsunami, un huracán o una guerra) y se plantea que podría suceder en su entorno, lo que le genera miedo.

Además, estos relatos pueden ser leídos por los padres, lo que motiva un diálogo en el que el adulto puede guiar al pequeño por los caminos que le ayudarán a vencer sus temores.

También estimulan la capacidad para inventarse juegos con los que poder afrontar los miedos de otras maneras –y muchas de las veces hasta los proponen directamente entre sus páginas– y desdramatizan con humor las situaciones que el niño teme y no puede encarar. En muchas ocasiones, estos cuentos sirven como vehículo emocional, ya que través del protagonista al niño le es más fácil señalar cómo se siente y, en ocasiones, eliminar la vergüenza que pueda limitarle a la hora de hablar de un determinado tema. Es interesante sumar a estos libros aquellos que les ayudan a superar complejos, de los que se derivan temores como el miedo a sentirse rechazado, por ejemplo. Hay que tener en cuenta que los complejos aparecen por comparación con otros niños, por insultos que hayan podido recibir, por sentirse diferentes, por una baja autoestima o un sentimiento de inferioridad. Por eso estos surgen en edad escolar con la interacción con otros niños. En estos casos, hay que hacerles ver a los niños qué es lo que son realmente, ayudarles a buscar su yo esencia y a superar ese «yo igual a yo tengo». Yo puedo tener una gordura (que si puede acarrear problemas de salud también deberá atajarse) pero no soy un gordo. Deben darse cuenta de que cada uno tiene unas virtudes y potenciarlas. Valorar la individualidad de cada uno tiene premio.

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