Remo

Una regata de tres estrellas

Joseba Larrarte, Ioritz Orbegozo y David Iglesias bromean con Juan Mari y Elena Arzak en los fogones antes de sentarse en la mesa./USOZ
Joseba Larrarte, Ioritz Orbegozo y David Iglesias bromean con Juan Mari y Elena Arzak en los fogones antes de sentarse en la mesa. / USOZ

Los tres remeros guipuzcoanos de Kaiku saldaron ayer la comida que apostaron en el restaurante Arzak. Ioritz Orbegozo invitó a Joseba Larrarte y David Iglesias, tras haber sido el bogador de la Bizkaitarra que más veces compitió durante el pasado verano

OSKAR ORTIZ DE GUINEASAN SEBASTIÁN.

Como si fueran «estrellas de Hollywood». Así se sintieron los remeros Ioritz Orbegozo, David Iglesias y Joseba Larrarte en el restaurante Arzak, donde ayer saldaron una apuesta que surgió en uno de sus desplazamientos diarios para entrenarse en Sestao a bordo de la Bizkaitarra de Kaiku. «Pero que sepáis que aquí somos primero de Donostiarra y después de San Pedro», les advierte Juan Mari Arzak a modo de saludo nada más cruzar la entrada a la cocina del templo gastronómico.

Ahí ultima los últimos detalles su hija Elena, «ilusionada» ante el hecho de dar de comer «a tres deportista de algo tan de nuestra tierra como es el remo». Y el motivo «es precioso», resuelve. «¿A quién le tocaba pagar la comida?», pregunta. «A Ioritz, quédate con su cara, que este es capaz de salir corriendo», responde jocoso Larrarte ante la risa colectiva.

«¿Y quién es el del tatuaje?», se interesa de nuevo Elena Arzak. Se refiere al remero que prometió tatuarse el nombre del preparador de Kaiku, José Luis Korta -«aunque sea en pequeñito»-, si hubiesen vencido en la última edición de la Bandera de La Concha. La anécdota copó el titular del reportaje que los tres remeros protagonizaron en este periódico el pasado 7 de septiembre, en vísperas de la segunda jornada de la regata donostiarra: «Kaiku, a por el tatuaje de Korta».

En la misma página, quedó publicada la comida en el Arzak que se habían jugado los tres. «No veáis la de gente que nos ha hecho referencia a vuestra comida», confiesa Elena Arzak. Orbegozo puede dar fe de ello: «¡Anda que no me ha vacilado gente con el tema! Todo el mundo se quería apuntar a la comida».

Iglesias (Trintxerpe, 1975), Larrarte (Villabona, 1978) y Orbegozo (Donostia, Altza, 1985) han remado juntos en su primer año en Kaiku. La citada comida surgió ante las dudas que tenía el altzatarra en plena pretemporada. «Siempre nos andaba diciendo que Korta no iba a contar mucho con él», recuerda Iglesias. Y dado que Orbegozo es un remero ideal para la proa por su ligereza, sus compañeros lanzaron la apuesta: quien más regatas disputara, pagaría una comida. Larrarte, que ya había comido una vez en Arzak, propuso «el mejor» escenario, que acaba de renovar sus tres estrellas Michelín.

«Al principio yo estaba temblando», explica Iglesias, quien veía que Korta le iba alineando «en todas las regatas». «Es que en su banda (estribor) solo teníamos un cambio, y en babor (la banda de Larrarte) había más rotaciones».

Hasta el final de la temporada, Korta desconocía la apuesta que habían cruzado sus tres remeros. «Ya nos dijo que si lo llega a saber, nos tiene igualados hasta la última regata. Se habría animado a comer con nosotros, pero está cazando», explican. El nombre del entrenador de Ortzaika suscita la curiosidad de Juan Mari Arzak. «Es un mago», afirma el chef. «Igual que tú eres el mejor en la cocina, él lo es en el remo», opina Larrarte. «¡Qué casta ha tenido siempre!», añade Arzak, que cuenta una anécdota con Korta que queda en el secreto de sus fogones.

«¿Qué hacéis en La Concha?»

La familia Arzak confiesa que siguen la actualidad del remo, «sobre todo La Concha», una cita «impresionante por todo el ambiente que genera». Tradicionalmente, la regata suponía «un día sublime de trabajo para la ama y para mí», revela Juan Mari. «¿Tu familia es de Ataun, ¿no?», se interesa Larrarte. «Por parte de la ama, sí», concreta Arzak, quien afirma que «mi abuelo, al que no conocí, creo que llegó a ser patrón de la trainera de San Pedro».

La Concha le suele coincidir a Elena «trabajando o en algún viaje», pero Juan Mari suele acudir a casa de un amigo junto a la bahía. «¿Qué hacéis tras la regata? Es verdad que los remeros lo celebráis por Donostia?», inquiere la chef. «Sí, solemos comer y luego lo festejamos un poco. Son muchos meses de entrenamiento sin hacer una juerga, y salimos un poco», confiesan los remeros.

Arzak confiesa con orgullo su relación con Alain Osanbela, remero de Donostiarra y, por tanto, compañero de Orbegozo la próxima temporada en la Bantxa. «Osanbela vive aquí cerca y casi es de la familia». El proel aprovecha para apuntar su vínculo con Arzak. «Mi amona solía venir al restaurante a por la txerri-jana», y Elena recuerda a la buena de Arantxa: «Se llevaba el cubo y luego lo traía. Ahora todo va a los contenedores correspondientes».

Una botella de cien años

Antes de que los tres comensales se sienten a la mesa, Juan Mari Arzak les brinda la opción de ver el interior de su casa, que luce una espléndida nueva imagen. Jon Gutiérrez, uno de los cuatro cocineros estudiosos que experimentan en el laboratorio de investigación junto a una nutricionista, ejerce de anfitrión. La bodega, con 100.00 botellas, levanta la admiración, en especial cuando el cocinero muestra una botella que «el mes que viene cumplirá 100 años». Más tiene el pilar de madera de 1897, que preside la instalación, que destila una paz legendaria a sus 14-16 grados.

Tras visitar el laboratorio, que parece un museo de especias «de todo el mundo», los remeros se sientan a la mesa dispuestos a 'remar' su regata más exquisita y placentera. Los tres han entrenado por la mañana, Orbegozo con la trainera Donostiarra e Iglesias y Larrarte lo han hecho por su cuenta. Tras los postres, Arzak se suma a una tertulia que da pie a una copa. Eso sí, invitan Iglesias y Larrarte.

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