Remo

Maialen Arrazola: «Dejo el remo porque no he hecho otra cosa que remar, y quiero ver qué me ofrece la vida»

Maialen Arrazola sonríe durante la entrevista. La donostiarra ahora confía en que la vida le siga regalando sonrisas al margen del remo./ SARA SANTOS
Maialen Arrazola sonríe durante la entrevista. La donostiarra ahora confía en que la vida le siga regalando sonrisas al margen del remo. / SARA SANTOS
Maialen Arrazola, exentrenadora y exremera de San Juan

A los 32 años, esta ingeniera donostiarra abandona el remo subida en la ola del éxito de las bateleras

OSKAR ORTIZ DE GUINEASAN SEBASTIÁN.

Su vida ha discurrido entre tres clubes. En Arraun Lagunak (1999-2006) ganó un título estatal y dos subcampeonatos de Europa juvenil. Al quedarse como «única chica» en Donostia, pasó a Hondarribia hasta 2013. Logró ocho campeonatos estatales y con el doble scull ligero disputó Europeos (6ª), Mundiales (12ª) y Copas del Mundo. Los últimos cuatro años ha contribuido a los cuatro dobletes Liga Euskotren-Concha de San Juan.

- ¿Por qué deja el remo?

- No tengo ningún motivo negativo. La temporada y mi primera experiencia de entrenadora han sido muy buenas, pero los años pasan y te das cuenta de que desde los 14 años hasta ahora no he hecho otra cosa que remar. Aunque me vaya a costar mucho dejarlo, quiero ver qué me ofrece la vida. Igual luego no me llena tanto pero quiero intentarlo y dejar el enganche del remo.

«Antes de dejarlo hablé con las bateleras; al ver que el bloque seguiría, me fue fácil tomar la decisión»

- ¿Deja la puerta abierta a volver?

- Nunca hay que cerrar puertas a nada. Además, no sé si lo llevaré bien o no. Pero creo que ha llegado la hora de amoldarme a una nueva vida. Físicamente estoy bien y no descarto nada. Como te habrán dicho muchos remeros, es difícil dejarlo. Y soy consciente, pero lo quiero intentar.

- ¿Qué otras cosas pretende hacer?

- No tengo nada concreto en la mente. Pero toda la vida he remado. Mis únicas vacaciones casi, casi han sido mi luna de miel, en Estados Unidos. Con mis amigos y la familia, siempre he tenido que responder 'no puedo ir porque tengo remo'. Y no es solo por viajar. También me gustaría poder decir que 'hoy me olvido de la dieta'. Nunca he tenido un verano libre. Cada vez que en el cole o en la universidad tenía vacaciones, me iba a remar.

- ¿Cuándo decidió dejarlo?

- Me ha pasado algo muy raro. Llevo años diciendo que va a ser mi último año, porque compatibilizar el trabajo y todo es complicado. Pero siempre pasan un par de semanas y tienes ganas de volver. Este año, en cambio, no pensaba en dejarlo. Tras la regata de La Concha, todas las del equipo sentimos algo que te hacía seguir remando. Queríamos más. Pero pasaron un par de semanas y esa euforia se fue calmando. Y qué mejor que dejarlo con esa sensación de querer remar otra vez esa Concha. No estoy quemada ni saturada.

- El año pasado también me dijo que al debutar de entrenadora iba a intentar remar lo menos posible, pero acabó remando todo...

- Es que me encanta remar y al final te metes ahí y disfrutas. Pero al contrario que otros años, no he acabado quemada y quiero quedarme con esa sensación. Igual suena raro...

«Parece que lo normal es dejarlo cuando estás quemado, pero me voy queriendo remar La Concha»

- Es libre para decidir su adiós.

- Parece que hay que dejarlo cuando estás quemado y no cuando estás disfrutando. Pero en mi caso el cuerpo me pedía al revés.

- Como donostiarra que es, ¿le podrían convencer aún para remar en la Torrekua?

- (Ríe). Para este año ya no creo.

- ¿Qué balance hace de este año, en el que pasó de ser remera a ser entrenadora y compañera de las bateleras en San Juan?

- Empecé con muchas dudas, pero la experiencia ha sido muy buena. Tenía la suerte de que las remeras me conocían y yo a ellas también. Siempre nos hemos respetado y todas hemos hecho fácil el día a día. Los resultados nos han acompañado y la experiencia ha sido inmejorable. No descarto entrenar en el futuro a algún equipo.

- Tras su debú como entrenadora, ¿valora más la labor de los técnicos que han pasado por su vida?

- Este año me he dado cuenta de todo el trabajo que requiere ser entrenador, y no solo es el aspecto técnico y deportivo. También debes cuidar el aspecto psicológico del equipo, que es muy importante. Hasta ahora no me daba cuenta de esas cosas, y ahora valoro aún más el trabajo que otros entrenadores han hecho conmigo.

- ¿Y una remera-entrenadora se puede permitir tener un momento anímicamente bajo?

- Los he tenido, pero no he querido trasladarlos al equipo. Porque si la cabeza del equipo está mal, sin querer lo va a trasladar al equipo. En algunos momentos se me ha podido hacer duro, pero he intentado que el equipo no sospechase nada. Se podría desmoronar, y esos momentos te los tragas tú sola. Pero no es algo mío, porque supongo que todos los entrenadores lo harán igual.

«Me queda la pena de no haber ido a unos Juegos Olímpicos, pero me llevo la gente que he conocido»

- La segunda semana de La Concha sería de gran tensión.

- Hablé con el equipo todos los días. Sabía que iba a ser importante mantener la cabeza fría, no tener ningún bajón. No tenía ninguna duda al respecto, porque sabía que lo podíamos hacer. El primer domingo de La Concha nosotras ganamos la tanda, hicimos una buena regata, pero las condiciones fueron diferentes. Hibaika nos sacó dos segundos, pero no dimos la bandera por perdida. Tuvimos charlas toda la semana, intentando que el ánimo estuviera alto. Y mira lo que hicimos. Fue un trabajo de todas porque teníamos claro el objetivo. En nuestra mente no había otra respuesta posible.

- ¿Seguirá el bloque de San Juan?

- Antes de decidir dejarlo hablé con todas las remeras. Como casi todas me dijeron que iban a continuar, me quedé más tranquila. Para mí era importante comprobar que querían seguir. Si no lo hubiera visto así, igual habría hecho un último esfuerzo por seguir. Y lo habría hecho a gusto. Pero ver que el equipo iba a seguir, me facilitó esta decisión.

- Con 32 años, un hombre aún es joven en el remo. ¿Cambia esta perspectiva en una mujer?

- Yo no me considero mayor. Físicamente, este año he dado mucho. Creo que aún me quedan años, pero he querido acabar con una sensación buena de haber hecho bien mi trabajo. Llevo una trayectoria deportiva larga, y el cuerpo me pide ver lo que me ofrece la vida.

- Su marido, Iñigo Collazo, también se tomó un 2016 sabático como remero de Donostiarra.

- Su caso fue diferente. Él se sintió más agobiado con el trabajo, y paró un año. No es fácil compaginar trabajo y remo, pero mi decisión no es por eso. Al final sacas el tiempo...

- Sus padres seguían muy de cerca el remo. ¿Les apena su adiós?

- Mi familia estaba con ganas de que dejase el remo.

- ¿Sí?

- Sí. Es que al final el tiempo que inviertes en el remo se lo quitas a algo, a los amigos y a la familia. Mi familia me ha visto muy contenta con el remo, pero también que estoy perdiendo cosas de la vida por él y me ha dicho que ya es hora de que hiciera otras cosas. Igual tienen razón.

- ¿Con qué se queda del remo?

- Me queda la única pena de no haber ido a unos Juegos Olímpicos. Preparé los de Londres, pero me lesioné y me operaron de la rodilla. No me quedo con una regata en concreto. Igual la última Concha, que fue especial. Al final lo que me llevo es el equipo, la gente que he conocido. En banco móvil yo hacía remos cortos, era un trabajo muy individual. Pero en la trainera entrenas y convives con el equipo, y me llevo eso.

- ¿Seguirá el remo?

- Creo que no mucho para no volver a engancharme. Apoyaré a Iñigo (Collazo) en su año en la ACT, porque Donostiarra se lo merece. Y también seguiré a las chicas de San Juan, que espero igualen a las gallegas ganando la quinta Concha.

- Con Anartz Gereño, su brazo derecho, quedan en buenas manos.

- Sí. Pero es lo que les dije el año pasado: si el equipo se mantiene unido, por muy malo que sea el entrenador, seguro que salen los resultados. Y Anartz, además, es un buen técnico y seguro que salen las cosas.

- Ha sido protagonista de la evolución de las traineras femeninas.

- Sí. Se han dado muchos pasos pero aún faltan otros muchos. No es fácil, porque siempre vamos a andar justas de remeras, y el nivel y la exigencia en los clubes no es la misma. Pero yo en San Juan he conocido la misma exigencia que los hombres.

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