Remo

«No es fácil cambiarse el uno por el otro»

Gemelos. Los hermanos Unai y Aitor Portela pasean por la Alameda de Errenteria antes del entrenamiento de ayer.
Gemelos. Los hermanos Unai y Aitor Portela pasean por la Alameda de Errenteria antes del entrenamiento de ayer. / ARIZMENDI

Los gemelos de Errenteria Aitor y Unai Portela viven su primera campaña sénior en la segunda trainera de San Pedro y San Juan

OSKAR ORTIZ DE GUINEA

Somos hermanos gemelos, nos llevamos muy bien y compartimos cuadrilla pero cada uno queremos tener nuestra vida». Es una de las razones por las que los hermanos Portela (Errenteria, 1998) no reman en el mismo club. Aitor lo hace en San Pedro y Unai, en San Juan. A sus 19 años, están en su primera temporada sénior y bogan en la segunda tripulación de las dos traineras pasaitarras.

Ambos han tenido ocasión de remar juntos, pero han optado por no hacerlo. «Al estar en equipos distintos, ninguno eclipsa al otro y nadie nos puede comparar», teorizan. El primero en iniciarse fue Unai, que emprendió el camino lógico para un errenterriarra. «Comencé en Hibaika, donde estuve cuatro años», explica. Durante esa época, a Aitor le dio por el balonmano en el Ereintza. «Jugué dos años de infantil y otros dos de cadete. Alguno de la cuadrilla lo había dejado y yo también decidí cambiar. Mi idea era dejar de competir, ir al gimnasio, a la playa...».

Entonces intervinieron sus padres, hijos ambos de pescadores gallegos instalados en Trintxerpe, a lo que achacan su vínculo con la mar. «Me dijeron que por qué no hacía remo como mi hermano». Y no eligió Hibaika, instalaciones que ya había conocido de niño con la ikastola. «Como estaba Unai, no quería ir a Hibaika». Y entre que le «tiraba más el morado» y que tenía algún amigo en Kalparra, fue a San Pedro. Es su tercera campaña.

Hace casi dos años fue Unai el que pudo unirse a su hermano. «Por motivos personales, decidí dejar Hibaika. No sabía adónde tirar. Me gustaba San Juan y me comentaron que probara allí y estoy encantado. Es mi segunda temporada».

Objetivos diferentes

Deportivamente, ambos se han estrenado este año en una trainera. Lo hacen en la Liga ARC-2, una categoría en muchos casos de formación, como sucede a ambas orillas de Pasaia. Este verano sonríen más en Pasai Donibane. La tripulación entrenada por Francis Sistiaga es líder con tres triunfos en las siete regatas que ha disputado. «A mí no me ha tocado ganar», se resigna Unai. «Conmigo hemos sido segundos», añade sonriente.

Unai estudia Medicina «y en el club ya sabían que no iba a tener tanto tiempo para entrenar. Para lo que he entrenado, estoy contento por cómo me encuentro. Entrenamos muy bien, con mucha moral por los resultados. A ver si podemos seguir ganando regatas y subir a la ARC-1».

Más discreto es el verano en San Pedro, pero «es normal», asegura Aitor. «Creo que tenemos cinco o seis juveniles, otros cinco o seis de mi edad, un par de 20 años... En una regata nuestra media de edad fue de 21 años. El entrenador -Ramón Erostarbe- nos recuerda que el objetivo es formarnos. A ver si nos metemos en la segunda tanda y con un poco de suerte podemos ganar una bandera como logró Mutriku en Donostia».

Tras exponer su punto de vista, Aitor saca pecho. «No seremos los mejores en el agua, pero estoy convencido de que somos los que mejor lo pasamos. Si hay un problema, lo hablamos al momento para que no vaya a más. Los tres años en San Pedro me he divertido mucho». «En San Juan también hay muy buen ambiente. Hay un equipo bonito», apostilla su hermano.

No son dos gotas de agua

Evidentemente, Aitor y Unai se parecen mucho pero no son clavados. «A otros gemelos cuesta más diferenciarlos, pero a nosotros se nos distingue. Igual al primer golpe no, pero si te fijas no hay duda». Han vivido las típicas anécdotas entre gemelos pero «nunca nos hemos hecho pasar el uno por el otro. No es tan fácil cambiarse, ¡eh!». Aunque un compañero en Bachillerato «a los dos meses de curso nos preguntó si éramos primos».

Al preguntarles por su estatura, dan pie a las bromas. «Hace tiempo que no me mido, pero andaré por 1,90 metros», dice Aitor. «Yo también por ahí», contesta Unai. «Tú algo menos, que soy más alto», apunta Aitor. «Bueno, un centímetro o así. Pero soy más guapo», ríen. Unai pesa 75 kilos por 78 su hermano. «Nos han llegado a decir que remamos igual, pero no sé si es para tanto». Lo hacen en babor, con la esperanza de «subir un día al primer equipo» de la Libia y la Erreka.

Fotos

Vídeos