Remo

A orillas del Oria comenzó todo

Jon Salsamendi y Gorka Aranberri sonríen en el pantalán del Arraunetxe de Orio, con las aguas del Oria a su espalda./ARIZMENDI
Jon Salsamendi y Gorka Aranberri sonríen en el pantalán del Arraunetxe de Orio, con las aguas del Oria a su espalda. / ARIZMENDI

Salsamendi y Aranberri hacen balance de una campaña y una relación vinculadas al éxito. El patrón era aún juvenil cuando veía a diario al entonces técnico de Orio. Entonces no imaginaban una relación de bandera

OSKAR ORTIZ DE GUINEAORIO.

La vida los ha reunido a orillas del Oria. Allí donde Jon Salsamendi (Orio, 1970) y Gorka Aranberri (Zarautz, 1989) tuvieron referencia el uno del otro. El patrón aún era juvenil pero ya guiaba la Enbata zauztarra. «El local del club lo teníamos justo ahí enfrente», explica desde Arraunetxe, donde el CRO Orio tiene su sede. «Jon era el técnico de Orio. No teníamos relación personal pero nos veíamos casi a diario entrenando. Sería 2004 o 2005», los años en los que Salsamendi entrenó a Orio, el primero haciendo tándem con Jokin Amilibia.

«Personalmente ya nos conocimos a finales de 2012 en Bermeo», explica el entrenador. Fue un conocimiento labrado en la autopista. «Yo vivía en Pasai Donibane y él en Zarautz y solíamos ir juntos a Bermeo. Esas horas daban para mucho más que los entrenamientos». Un viaje, «unos 40.000 o 45.000 kilómetros al año», que este año se han ahorrado en Orio, donde han amarrado su barco de éxito.

La conversación está mantenida el martes, ambos por separado. Solo se juntaron para la fotografía, lo que llama más la atención que su mensaje coincida en tantos matices. Salsamendi se ve identificado en el carácter de su patrón. «Los dos nos transformamos en competición. A mí se me ponen los ojos de tiburón y soy muy competitivo. Y Gorka, con lo dócil que es, dudaría de si es patrón. En situaciones difíciles es cuando más le gusta patronear, y mis últimos éxitos han ido ligados a él». «Tras La Concha en la prensa parecía que éramos la pareja de moda. No sé si es para tanto, pero es bonito», dice Aranberri entre risas.

Esa última edición de La Concha ha marcado a ambos. «Para mí -opina Salsamendi- ha sido la más sentida porque se daban una serie de connotaciones deportivas, profesionales pero también personales». «Mucha gente ha dicho que ha sido épica», apunta Gorka, que está de acuerdo con esa definición. «He visto bastantes veces el vídeo y es muy bonita de ver pero para remar no tanto. Yo gocé mucho».

Lo ha constatado en cada visión de la grabación. «Me ha sorprendido verme tan tranquilo. Con mala mar el patrón tiende a ser agresivo en el mensaje a los remeros. Pero todo el barco transmite tranquilidad». Aguardaban ese «momento» en el que la mar les iba a dar el toque de corneta y del que tanto se habló. «A veces temo que la gente nos considere unos peliculeros, pero es que fue así», asevera Gorka.

«Todo parece una película, y por suerte ha tenido un final feliz», coincide el técnico. No siempre fue así. «En mi primer año, en 2013, fuimos los más rápidos en La Concha, pero no ganamos», al ser descalificados por un toque de palas. «Gorka sufrió mucho y traté de estar con él».

El técnico aguilucho basó toda su planificación física y mental en torno a la regata donostiarra, pero «no como un objetivo, sino como una referencia que he utilizado desde la primera vez que me dirigí a los remeros. Para mí todo parte desde la humildad y la ambición, por este orden. La humildad era los 23 segundos de retraso sobre Urdaibai y la ambición, La Concha. Todo lo que planteaba en cuanto a entrenamientos y exigencia era por La Concha».

Para Aranberri, «Jon exige mucho, pero el primero que se exige es él. Mete todas las horas que sean necesarias. Y en Orio casi aún más que en Urdaibai porque vive al lado del club y tiene más medios». Con esos mimbres, la tripulación «confiaba en hacer un buen año. Aunque Jon no tenga los mejores remeros, saca lo mejor de cada uno. Y yo sabía que había buen equipo. Esperaba andar bien pero de ahí a ganar cuatro regatas de liga incluida Zarautz, Campeonato de Gipuzkoa y La Concha...».

En septiembre, el éxtasis

La Concha, siempre La Concha en la mente. El Santo Grial que justificaba toda vuelta de tuerca que Salsamendi quisiera apretar a su plantilla. «He exigido muchísimo a los remeros. Pero siempre la coletilla era la misma. No hacíamos algo para ver qué pasaba en La Concha, sino vamos a hacer esto para pelear La Concha». Y el equipo «confiaba. No sé si será verdad, pero ellos me dicen que han disfrutado mucho», afirma. «Los remeros destacaban este mes que se veían finos, fuertes y frescos», subraya Aranberri.

En toda la primera semana de agosto, la del Campeonato de España, solo fueron «veinte minutos al agua». El resto fueron entrenamientos en tierra. Trabajo de fuerza y resistencia. A la cita de Castro Urdiales fueron 'muertos'. «Ha sido el único fin de semana en el que no hemos sido competitivos. Hasta entonces, todas las semanas de julio ganamos una regata», apunta Salsamendi. «No teníamos la capacidad de Urdaibai y Hondarribia de luchar el sábado y el domingo, pero un día estábamos ahí». Luego, en Zarautz, lanzaron «un aviso» de que La Concha «podía ser posible».

«Gorka es tan dócil, que dudaría de si es patrón; en las regatas se transforma, cuanto más mar, mejor»

«Aunque Jon no tenga los mejores remeros, sabe sacarles todo; trabaja todas las horas necesarias»

Y lo fue. Pese al varapalo del primer domingo. «Al día siguiente yo tenía muy buenas sensaciones, pero personalmente estaba fastidiadísimo. Sabía que los casi diez segundos que nos llevaba Urdaibai no era una diferencia real. No fuimos en la misma tanda. Me llevé una alegría al ver que el equipo lo sentía igual».

Las previsiones de mar hicieron sonar los tambores de guerra. «Al ver que la mar iba a dar más margen, nos sentimos capaces. Lo sentía yo, pero también los remeros», explica Salsamendi. «Es difícil de explicar -sostiene Aranberri- pero teníamos ese presentimiento. Puede sonar a fantasmada, pero es que fue así».

«Todo lo que habíamos trabajado durante el año, el convencimiento de que habíamos trabajado para esto, el recuperar la referencia de La Concha, lo revivimos en esos cinco días en formato exprés. Y con el mejor final» para un guion «de película», argumenta Salsamendi.

«Jon preparó La Concha hasta el mínimo detalle», recuerda Aranberri. «Hice todo lo que se me pasó por la cabeza. Es algo que siempre intento inculcar en la vida y también en los remeros: todo lo que creas que puedes hacer para mejorar aunque parezca una tontería, hazlo. No te quedes sin probar nada».

En el entrenamiento del jueves previo a al batalla final, visualizaron el triunfo. «Como todos los entrenamientos en el agua, también está grabado. Había menos mar que el domingo, pero les comento pequeños detalles y les digo: una ola son 7 segundos; dos olas, 14; y tres, 21. Luegos ves el final de la regata y... No sé por qué, pero sabíamos que podía ocurrir. Y ocurrió».

Esperando la ola

En la sesión del sábado, «en el mismo punto», casi a la altura de la isla, enlazaron una serie de olas que fueron el mejor presagio. «Solo hacía falta esperar a que esas olas llegaran el domingo», afirman. Y esperaron. «Veía a los remeros tan seguros y mentalizados, que casi no hizo falta la charla previa», indica Jon. «Toda la regata fuimos preparados para cuando llegara el momento».

Jon lo vio «unos segundos antes desde la zódiac junto a su cuñado, Anjel Larrañaga. «Me avisó -narra Gorka- y vi que teníamos el bote nivelado». Con «tranquilidad», pese a que ya llevaban más de 17 minutos de regata. «Era nuestra oportunidad», señala el patrón, bien aleccionado como el resto de la tripulación por Salsamendi. «Yo estuve en el bote que perdió La Concha de 2001 en el último minuto. Teníamos hablado que aunque dentro de la bahía estuviéramos 10 o 15 segundos por detrás, podía llegar el momento». Y llegó. Y con él, el éxtasis a Orio, allá donde hace una docena de años se perfiló el comienzo de todo.

Más

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos