Remo

A La Concha, con ayuda celestial

En Arantzazu. Las bateleras Josune Ugarte y Oihana Cereijo con la Bandera de La Concha tras ser bendecida en el santuario./
En Arantzazu. Las bateleras Josune Ugarte y Oihana Cereijo con la Bandera de La Concha tras ser bendecida en el santuario.

El remero de San Juan Aitor Ugarte lleva cuatro años haciendo la misma promesa a varios santos para que las Batelerak ganen la bandera. Hasta ahora no han fallado

ELENA VIÑAS

Ala Basílica de San Ignacio de Loiola, a la ermita de Guadalupe, a la iglesia de Bonantza en Pasaia y esta semana, además, al Santuario de Arantzazu, tras completar el recorrido de una hora en coche desde Donibane hasta el templo erigido en Oñati. «En Madalenas también fuimos a la misa en honor de la patrona de Errenteria, no vaya a ser que por no ir, se enfade y perdamos la bandera este año. No hay que arriesgarse», señala Aitor Ugarte, un joven remero de San Juan Koxtape que estos días se encarga de cumplir la promesa que hizo doce meses atrás, la de llevar la Bandera de La Concha que se adjudicaron las Batelerak a ser bendecida en diferentes templos de Gipuzkoa.

«Si este año la ganan por cuarta vez, el próximo repetiremos. Es algo que vengo haciendo desde 2014, cuando las chicas ganaron por primera vez. Prometí que si lo conseguían, subiría andando hasta Guadalupe para llevarle la bandera a la Virgen. Y así lo hice, aunque nos salió un día de mucho calor y mis padres y yo hicimos una hora y pico de caminata. Me decían: «No vuelvas a hacer más promesas». Pero luego, en el momento de desesperación, me encomiendo a quien haga falta», comenta el deportistas que compite en las tostas de la Erreka.

Su hermana Josune lo hace en las de la trainera Batelerak y por ella y el resto de sus compañeras de equipo, como Oihana Cereijo, Inder Paredes y María Mendizabal, no duda en encomendarse a todos los santos para que vean materializada su principal meta de la temporada.

«Algún año las he llevado casi obligadas a una novena a primeras horas de la mañana a Guadalupe. Luego han sido ellas las que me lo han pedido, para ver si la Virgen se pone de nuestro lado. Es algo que las tranquiliza en esos momentos», señala, mientras recuerda cómo él mismo ha acudido a la ermita de Hondarribia a escondidas de su entrenador antes de remar en la bahía de San Sebastián. «El año pasado Joseba Fernández -ahora entrenador de Urdaibai- me preguntó si no se me habría ocurrido ir a las 6 de la mañana a Guadalupe y lo negué, pero lo cierto es que allí estuve, el único que fue vestido de rosa en medio de todos los que llenaban el templo con camiseta verde», recuerda.

Con escapularios a bordo

Ugarte ha contagiado su devoción por diferentes santos al resto de remeros rosas, a los que no es extraño ver luciendo este verano medallitas de la Virgen de Guadalupe colgando de sus teléfonos móviles. También les ha comprado escapularios que llevarán a bordo de la Erreka en la clasificatoria de La Concha, «porque todo ayuda» cuando se trata de alcanzar un sueño.

Según explica, «empecé con el de San Pantaleón, un santo que celebramos en San Juan organizando la fiesta arrantzale. Se lo puse a las chicas dentro de la trainera y ese día, ganaron en Getxo. Así que nosotros también lo metimos en la nuestra y después, otros muchos. Llevamos las estampitas en la proa y los escapularios, en la popa. Lexo, un miembro del club que ya murió, bromeaba diciendo que lo nuestro no era una trainera, sino una patera de estampitas; y algún juez ya nos ha llegado a decir que con tantas, habría que mirar el peso. Sólo nos falta poner una figura de la Virgen pegada. Pero no somos los únicos, una decena de traineras de la ACT llevan a bordo de todo».

Si la fe mueve montañas, ¿por qué no habría de mover también las olas a su favor en mitad de una regata? Aitor Ugarte está convencido que la promesa que hizo en Triana fue decisiva para que en 2016 la Erreka se hiciera con la Bandera Petronor. Sus compañeros le animan a que regrese a Sevilla para repetir la promesa que les llevó a celebrar por todo lo alto una victoria que ansían repetir a base de esfuerzo y un extra de ayuda celestial.

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