Salsamendi: «No había visto nunca una mar así»

La tripulación de la San Nikolas celebra su triunfo en La Concha. JOSÉ MARI LÓPEZ
La tripulación de la San Nikolas celebra su triunfo en La Concha. JOSÉ MARI LÓPEZ

El entrenador de Orio, Jon Salsamendi, feliz por la consecución de la bandera de La Concha, reconoció que «sabíamos que íbamos a tener opciones»

RAÚL MELEROSAN SEBASTIÁN

Puso pie en tierra sin querer hacer ruido. A un lado de la rampa del muelle donostiarra, dejando que los focos y los vítores para los tripulantes de la trainera y su patrón, Gorka Aranberri. Lo primero que hizo fue saludar a su mujer e hijos que le esperaban. Sonriente y exultante, Jon Salsamendi, entrenador de Orio, se bajó de la zódiac sabedor de la hazaña realizada por sus pupilos en la embravecida agua de la bahía. «Creo que hoy es de los pocos días en los que no tengo palabras», confesó ante los medios.

Poco después, Salsamendi repasó cómo fueron los minutos siguientes a la consecución de la trigésimo segunda bandera en la historia de los aguiluchos. «Son muchas sensaciones deportivas, personales, vitales y familiares. Para mí se mezclan muchas cosas y he optado por bajar un poco la tensión».

El preparador oriotarra explicó que la regata la vivió «con mucha concentración sobre todo. Se ha dado todo lo que hemos hablado. Lo que sabíamos es que hasta la última palada no se iba a decidir, fuéramos adelante o atrás».

Salsamendi disfrutó ayer un momento inolvidable. Remontar para ganar la olimpiada del remo, ante miles de fieles llegados desde Orio y con una mar casi demoniaca; son unos ingredientes difíciles de igualar y olvidar. Más, para alguien que en 2001 perdió una bandera bogando para Orio en la bahía cuando una ola impulsó a Castro por delante de los amarillos. Sin duda que la mar fue ayer juez absoluto y supremo. «Nunca me había sucedido algo así, el estallido del mar que hemos visto desde la zódiac. En balizas exteriores, que suele estar lleno, solo había tres barcos: nuestra zódiac, la Ertzaintza y la Guardia Civil. Imagínate cómo estaba la mar», relató Salsamendi. El preparador oriotarra dejó claro que «no competíamos contra un rival, competíamos con la mar. Y no digo contra la mar, digo con la mar», en referencia a que el estado de las aguas donostiarras fue capital en el resultado de la regata y que Orio fue quien mejor aprovechó el oleaje.

«Esta semana hemos hecho ajustes y todo lo que hemos hecho ha dado su rendimiento», reconoció. «Se han cambiado cosas, con todo lo que eso supone, con el riesgo que conlleva, pero como ha salido todo bien, de ahí la felicidad que tenemos», apuntó sobre cómo se gestionó la semana.

BANDERA DE LA CONCHA

Aranberri, decisivo

Además, Salsamendi aclaró cuáles fueron las claves para que la San Nikolas pudiera hacerse con la bandera. «La consigna de la semana era que alguna opción íbamos a tener con estas condiciones. Si no provocábamos esta situación no se iba a dar. La clave ha sido estar con el mínimo de agua posible dentro de la trainera y con el bote lo más nivelado posible. Y si veníamos recto estas con la mar, y así pasan cosas como las que han pasado».

Jon Salsamendi fue preguntado por la labor de su patrón, Gorka Aranberri, vital en el largo de vuelta de los guipuzcoanos para hacerse con el triunfo final. El preparador oriotarra se explayó diciendo que «ahora que se cumplen cien años de la bandera de Aita Manuel en 1917 que en situaciones de mar aquellos patrones, que no dudo que fueran míticos, hacían cosas increíbles. Y que los patrones de hoy en día que pesan 58 kilos y que a veces se les llama despectivamente timoneles porque solo van con el GPS. Mira, hoy se ha remado con una mar para suspenderse y cómo ha ido la trainera con un patrón de 58 kilos como Gorka. La gente tiene que entender que una trainera no se lleva con un patrón. Evidentemente hay gente mejor que otra pero se lleva entre catorce».

El proyecto de Salsamendi en Orio comenzó el año pasado. «Se han juntado muchas cosas para que yo esté aquí. Esto era una ilusión, un sueño pero sobretodo ha sido una apuesta», dijo el entrenador oriotarra justo antes de ser abrazado por varios incondicionales vestidos y teñidos con el amarillo que inundó el muelle donostiarra.

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