Bandera de La Concha

Goia pide que las banderas de La Concha vuelvan a bordarse en Donostia

El alcalde de San Sebastián defiende que «además de las razones económicas, hay razones simbólicas que debemos valorar y mantener»

DVSAN SEBASTIÁN

El alcalde de San Sebastián, Eneko Goia, ha pedido a los responsables de la Bandera de La Concha que las banderas del próximo año vuelvan a confeccionarse en Donostia. «Además de las razones económicas, hay razones simbólicas que debemos valorar y mantener», ha defendido este martes el regidor donostiarra.

La polémica saltó el pasado viernes 24 de agosto, cuando nada más concluir la presentación de la regata el representante de un club alertó: «¿Has visto las banderas? ¡Ya no están bordadas como antes! No sé qué ha pasado pero esta no es la bandera de La Concha, parece la de cualquier regata de una liga menor». Efectivamente, las banderas no eran las mismas. En el dosier de la competición no figuraba la referencia de cada edición a Itziar Alduntzin y María Jesús Lorenzo, las tradicionales bordadoras de la bandera masculina y femenina, respectivamente, y el sábado por la tarde las redes sociales comenzaban a arder denunciando el hecho de que los organizadores de La Concha han encargado este año los trabajos a una firma valenciana. Pocos aficionados no habrán recibido un Whatsapp sobre este tema.

«A mí me llegó por primera vez el sábado, y luego me fue llegando varias veces más», afirma Alduntzin. «Del mismo modo que cuando hacía la bandera no hacía nada por darme publicidad, ahora tampoco quiero ningún tipo de polémica. Yo solo tengo Whatsapp, pero cuando me fue llamando la gente y me decían que se estaba hablando en Facebook, Twitter... ya pensé que esto se iba a ir de las manos».

La polémica generada, de hecho, ha provocado que Goia tome cartas en el asunto. Tras la intervención de este martes del alcalde, parece que los 7,5 metros de tela de la bandera de La Concha volverán a bordarse de manera tradicional: con 6.000 metros de hilo azul, 2.500 metros de oro viejo, 2.000 metros de hilo de otros tonos, y 400 horas de trabajo frente a una máquina Singer de toda la vida. Un trabajo por el que se cobran 2.200 euros, frente a los 900 que ha costado la actual, elaborada por modernas máquinas programadas con un ordenador.

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