Bandera de La Concha

Orio recupera su épica y se lleva la Bandera de La Concha

J.M. LÓPEZ / I. ARIZMENDI

La San Nikolas gana en La Concha diez años tras sacar a Bermeo más de 20 segundos en los últimos 4 minutos

OSKAR ORTIZ DE GUINEASAN SEBASTIÁN

Orio ya tiene la remontada que nunca había culminado en más de cien ediciones de la Bandera de La Concha. Por el contrario, hasta cinco veces había sufrido una voltereta en sus carnes. La última, la de 2001, aún sangraba en el alma de los aguiluchos. Aquel adelantamiento de La Marinera de José Luis Korta a la Txiki oriotarra dentro de la bahía nunca cicatrizará del todo en la localidad marinera. Pero este domingo, Jon Salsamendi, uno de los remeros oriotarras que sufrió la cornada castreña aquel 9 de septiembre, pudo aplicar unos puntos de sutura a su herida. Probablemente, el técnico oriotarra haya sido quien más creía en que los sueños a veces se terminan bordando para colgar desde un mástil. Primero levantó a su tripulación del varapalo que sufrió en la primera jornada, luego les contagió su fe en que la voltereta era una posibilidad real, y el equipo respondió. Lo hizo con una remontada para la historia, del mismo calibre que la que sufrió hace 16 años y cuando a cuatro minutos del final ya pocos confiaban en la reconquista oriotarra.

Porque la empresa también requería cierta dosis de épica para poder voltear los 9.78 segundos de ventaja de Bermeo y los 5.50 de Hondarribia. De la Ama Guadalupekoa dio cuenta muy pronto. Casi dos horas antes de soltar la estacha, cuando el sorteo condenó a los hombres de Mikel Orbañanos en la calle uno.

Los bidasotarras salieron desalmados, al saberse desarmados por el primer andén -intransitable por las olas que arrojaba la costa de vuelta al mar- y además por imaginar a la Bou Bizkaia imparable por una calle más favorecedora, aunque el tramo de la isla también era un campo minado.

En medio de un temporal de viento y mar llegado del noroeste, Orio salió en plan El Lute. Camina o revienta. La bandera ya la había perdido una semana antes. Solo le quedaba recuperarla. Todo o nada, y la nada ya la tenían asegurada.

Por la calle dos, bailó con Bermeo al frente de la regata durante los primeros cinco minutos de un largo sin tregua ni fin. Para entonces Hondarribia ya se dejaba doce segundos, por nueve Kaiku, que por la apetecible calle tres no gozó como siete días antes.

El intercambio de golpes entre la San Nikolas y la Bou Bizkaia se mantuvo hasta el final de la recta. Según iban de ola en ola, según eran capaces de encadenar un puñado de paladas más antes de empotrarse contra la siguiente ola, donde casi entraban en agonía para salir otra vez del agujero y volver a poner en marcha la embarcación, las dos traineras fueron alternando su proa. Por detrás Kaiku y Hondarribia trataban de amortiguar un martirio de más de doce minutos hasta el viraje. En los puntos más álgidos, se contabilizó algún ritmo de 32 paladas.

«¡Tras la isla, la bandera!»

La ciaboga supuso el punto de inflexión para Orio, que a 250 metros iba 4 segundos por detrás de Bermeo. Traducido en distancia, eran dos palmos, porque hubo momentos en los que en un minuto no eran capaces de avanzar 200 metros. Un doble salto de Bermeo antes de la ciaboga puso a Orio por delante en la maniobra. Ya no perdería la cabeza. Ni la de la regata, ni la que coordinaba sus movimientos hacia la bandera.

Fiel a su calle dos, Gorka Aranberri amagó con destapar el tarro de sus esencias. A los dos minutos de largo, los aguiluchos se pusieron dos traineras por delante. Bermeo encogería la goma. Pero al siguiente tirón, crack.

Fue justo antes de la isla. A 1.300 metros de la meta. Orio tenía solo dos segundos sobre Bermeo, mientras Hondarribia y Kaiku peleaban casi 40 segundos por detrás. De pronto los amarillos cogieron una ola. Y otra. 40 segundos después, tenían 9 segundos de renta. «¡Pasamos la isla y la bandera es nuestra!», espoleó Aranberri a los suyos, fieles aún a su ritmo de crucero de 36 paladas. A mil metros tenían ya 12 segundos. La Concha era posible. Otra ola dio via a Bermeo. Ocho segundos. Falsa esperanza. En los dos minutos finales, en pocos metros más que los que en 2001 Castro hirió el orgullo aguilucho, la San Nikolas hizo las paces con la bahía donostiarra y volvió a vencer diez años después.

Lo hizo con Jon Albizu, Iñigo Mujika, Paul Galiz, Jon Agirrezabala, Oier Aizpurua, Ibon Arruti (babor); Josu Indo, Unai Etxeberria, Iñaki Elorza, Alexander Esteban, Xabier Arregi, Bersaitz Azkue (estibor), Endika Alberdi de proel y Gorka Aranberri. Albizu (superviviente del triunfo de 2007), Esteban y Azkue eran los únicos que habían ganado alguna vez La Concha, además de Aranberri, que sumó su quinta muesca en Donostia. Entre los patrones, solo tiene por delante a Aita Manuel (9) y Altxerri (6). Como anécdota, Endika Alberdi ganó 100 años después de que su abuelo, Enrique Arrillaga -y su hermano Aita Manuel-, ganara con San Pedro.

San Juan y Donostiarra

En una primera tanda con peor mar, San Juan dio un recital. También brillo Donostiarra, que se rehízo del calvario de la calle uno para ser séptimos, tras la Erreka y Zierbena.

BANDERA DE LA CONCHA

Orio ha dado la sorpresa en la segunda jornada de la 122 Bandera La Concha y, aliada con el fuerte oleaje -que ha sido el protagonista en la jornada de hoy- ha logrado superar a Urdaibai y hacerse con la victoria.

La 'San Nikolas' ha superado en 24 segundos a Urdaibai remontando el tiempo que le sacó la embarcación vizcaína hace siete días para llevarse la competición más preciada de la temporada a su territorio.

Desde luego no partía como favorita la trainera capitaneada por Jon Salsamendi. A pesar de haber vencido una treintena de veces en la bahía donostiarra, a priori parecía tenerlo mejor Hondarribia para plantar cara a la 'Bou Bizkaia'. A la hora de la verdad, sin embargo los 'aguiluchos' han ofrecido una auténtica exhibición de boga y se han hecho con una victoria épica e inesperada.

El relato del triunfo de Orio comenzaba con el dominio clásico de los de Urdaibai, que no quería sustos y marcaba el ritmo desde el palada inicial, seguido de cerca por los a la postre vencedores y aprovechaba, sobre todo, una mala salida de Hondarribia que se descartaba de la pelea por el oleaje y la mar picada.

La regata mantenía interés porque, aunque Urdaibai era clara favorita, el estado de la mar podía cambiarlo todo en unos segundos y los de Bermeo tenían que pelear también con Orio, que iba directamente a por todas viendo que ganar la bandera no era un imposible.

La trainera oriotarra se lucía pero Urdaibai se quedaba a un solo segundo para afrontar la vuelta a meta, Kaiku desaparecía a 25 segundos y Hondarribia cerraba la tanda a 26, despidiéndose definitivamente de la opción de ganar la bandera.

El triunfo era un duelo centrado ya entre Orio y Urdaibai. Los amarillos tiraron de orgullo cogiendo todas las olas que salían a supaso y llevándolas a su favor para destrozar a Bermeo, al que metía 18 segundos a 500 metros para el final, mientras los guipuzcoanos volaban sobre el mar para hacer un largo de retorno épico y dar la alegría del año a su numerosa afición

Tanda de consolación

En la tanda de consolación también el estado de la mar fue clave. Zierbena comenzó mandando la prueba, sobre un campo de regateo picado que dejó bellas imágenes tras salir de la zona de confort de la bahía y superar la isla Santa Clara en busca de la ciaboga, mientras que San Juan seguía de cerca a los vizcaínos.

Los sanjuandarras subieron a lomo de las olas y en un abrir y cerrar de ojos sacaron 20 segundos a Zierbena, y 24 a La Donostiarra, que también se sumaba a la fiesta y dejaba cerrando el grupo a los gallegos de Tirán.

Los anfitriones querían más y después del giro exterior hicieron un largo de vuelta excelente, apartando a Zierbena -que es la quinta clasificada en la Liga Eusko Label mientras los de la capital reman en la segunda división del remo- para eludir la última posición a la que ha estado abocada desde hace muchos años.

Al final, el triunfo de tanda correspondió a San Juan y La Donostiarra hacía segundo aprovechando algunas olas que llevaron a la tripulación volandas hasta meta.

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