Bandera de La Concha

Amarillo hasta la bandera

Amarillo hasta la bandera

Orio se vuelca con sus campeones y celebra junto a ellos un triunfo con el que soñaban y que se ha resistido desde el año 2007

KÁREL LÓPEZ

Amarilla hasta la bandera. Llena. Así estaba este domingo por la tarde la Herriko Plaza de Orio alrededor de las 20.00 horas, momento en el que estaba prevista la llegada de los campeones, de sus héroes. Orio le tenía ganas a la Bandera de La Concha y, diez años después, la recuperaron y presumieron de ella en el ayuntamiento.

La fiesta pasó rápidamente de Donostia a la pequeña pero animada localidad costera. La primera parada de los aguiluchos fue en el restaurante Oliden de la entrada de Orio, donde los campeones no dudaron en posar junto a familiares y amigos. Allí dejaron el autobús y tomaron el tren turístico de la localidad para desplazarse, con la fiesta montada dentro del mismo, hasta el ayuntamiento. Allí, además del alcalde, les esperaban miles de aficionados, claro, con sus camisetas amarillas.

«Mar gruesa, mar bella... a Orio no hace mella», se leía en una pancarta colgada de un balcón cercano al consistorio. No le faltaba razón. Fue de los primeros carteles que vieron los remeros oriotarras cuando, a eso de las 20.10 horas -diez minutos después de lo previsto y cuando la charanga ya amenizaba la espera a los seguidores-, se presentaron en la plaza para alegría de los allí reunidos.

«Esto no se gana todos los días. ¡Diez años, diez años!», gritaba un joven que antes había visto en Donostia la remontada de los suyos. «Tenía once años en 2007. Aquella no la pude disfrutar tanto como esta. Es impresionante», seguía. Eso era en la plaza. Arriba, donde todo estaba listo para que se ondeara la bandera desde el balcón, Ramón Mari, un veterano seguidor de Orio y quien durante muchísimos años ha tocado la trompeta en la charanga, aseguraba que él tenía «absoluta confianza en la victoria. Les veo entrenar casi a diario y no tenía dudas».

Cuando llegaron los héroes, todos saludaron a Ramón Mari. Los aficionados les aclamaban desde fuera. Y, por fin, a las 20.20 horas, llegó la hora de mostrar a todo Orio la bandera.

El primero en ondearla fue Gorka Aranberri. El patrón estuvo cerca de un minuto haciéndolo cuando decidió retirarse de la primera fila de los que se encontraban en el balcón. Pasó a un segundo plano y se echó a llorar. No podía contener la emoción. «Ganar ya ha sido sensacional, pero llegar aquí y ver esto es otra cosa. Todavía más emocionante». No era el único que lloraba. Hubo incluso quien se atrevía con bertsos.

A Jon Salsamendi, el entrenador, también se le notaba ilusionado. Su discurso fue el más largo. «Hemos sentido vuestros ánimos, cómo nos empujabais. La respuesta que hemos recibido de vuestra parte ha sido increíble. No solo nos habéis transmitido vuestros ánimos; también las ganas de ganar. Y lo mejor de todo es que sabéis lo complicado que es hacerlo. Hoy lo hemos conseguido. ¡Aupa Orio!».

El balcón vibraba, casi literalmente. Y más lo hacía la plaza. «Alirón, alirón, Orio campeón», gritaban. «Bat, bi, hiru, lau, bost, sei, zazpi... ¡Orio!».

Fue, sin duda, una fiesta. Una celebración que tiñó al pueblo entero de amarillo. Se llenó hasta la bandera. Todo Orio se volcó con sus campeones. Diez años son demasiados, pero la alegría de este fin de semana hace que las esperas, aunque largas, merezcan la pena. Orio siempre creyó. Y este domingo llegó la recompensa.

«Todos los años confíamos en los nuestros. Después de la primera jornada no era fácil, pero era posible», comentaba Axier, otro aficionado que ayer se acercó tanto a Donostia como a la Herriko Plaza. La remontada llegó para alegría de toda la localidad, porque todo lo que es posible hay que pelearlo. Y Orio ayer lo hizo. No se rindió y diez años después llegó el deseado premio. «Ahora espero no tener que esperar tanto hasta la siguiente».

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