El arraunlari de hierro

DV sigue una jornada de entrenamiento de Javier Puertas, eterno remero de Orio, que a sus 65 años sigue compitiendo

Javier repaleando en pleno entrenamiento con su skiff en aguas del río Oria. / REPORTAJE FOTOGRÁFICO: LOBO ALTUNA
IÑIGO PUERTAORIO.

En el pantalán del club de remo de Orio, Javier Puertas (Baltanás, 1952) ayuda a los chavales que embarcan para entrenar en aguas del río Oria. Al menor atisbo de dificultad, echa mano a un remo o sujeta las embarcaciones para evitar cualquier peligro. Son los momentos previos a su entrenamiento. Una vez librado el espacio comienza su ritual. Se descalza y se adentra en el skiff que tiene preparado. Calza los pies, despliega remos y se aleja unos metros antes de las primeras paladas.

Acaba de volver de competir en el Campeonato del Mundo de veteranos en Eslovenia. Su estado de forma es impecable. Fino. Fibroso. A sus 65 años, la primera 'txanpa' le hace deslizarse a una velocidad envidiable. El bote de apoyo en el que le seguimos aprieta el motor fueraborda y nos ponemos a la par. Su remada es larguísima. Se encoge al máximo para llevar las palas lo más atrás posible y su cuerpo se comprime para bogar con una energía impropia de su edad. Retiene aire y repalea con elegancia. Mueve agua sin que se perciba esfuerzo. Suave. Son más de cuarenta años perfeccionando un estilo de la vieja escuela.

Vuelve a contracorriente sin que el cansancio haga mella en su ritmo, pero relaja las últimas paladas antes de pisar tierra. Esto no se acaba aquí. Llegado al punto de partida repite los mismos pasos que le han llevado hasta el agua. Recoge los remos y carga con su skiff a la espalda hasta descansarlo en la entrada al edificio. Les echa un agua con la manguera para quitarles el salitre y se adentra en el club para dejar el bote con mimo, en un panal de embarcaciones amarillas.

Un portento físico hasta en maratones

Nacido en Palencia pero desde los ocho años en Aginaga y más tarde en Orio, con 18 años ya empezó a remar en su club de toda la vida y se ha mantenido en la élite del remo durante décadas. Aún así flirteó con los maratones. «La primera vez que probé, sin prepararlo hice 2h 35m. No sabía que corría tanto. Al año siguiente, después del mundial de Suiza, me preparé un mes e hice 2h 29m en el maratón de San Sebastián. Tenía 30 años. Enseguida vinieron de la federacion de atletismo, pero ya les dije que yo soy remero. Me acuerdo que Mariano Haro me dijo ‘no soy capaz de hacer una maratón y llegas tú y quedas el once’». Un gran corazón le motoriza. «Ahora doy 42 pulsaciones por minuto, cuando ganamos en Eslovenia, 36».

Sin un segundo de descanso se dirige al gimnasio del piso de arriba para seguir el entrenamiento. Una rutina espartana desde primera hora de la mañana. «Ahora que tengo más tiempo me suelo levantar a las ocho de la mañana. Desayuno un café con leche, cereales y unas galletas digestivas. Luego me vengo para aquí directo. Ahora en invierno suelo andar suave en el agua, una hora y media o dos horas, tres veces a la semana. Eso lo combino con otros tres días de solo ergómetro y gimnasio».

Límites del cuerpo

Las instalaciones oriotarras son espectaculares. Entre la interminable línea de ergómetros elige uno con vistas al Oria. Lo calibra a mitad de potencia y comienza a tirar a ritmo. «Siempre intento ir en los mismos valores». Sabe bien que remar no es solo bogar fuerte, «tienes que ser constante para no fatigarte al poco tiempo». La experiencia le ha llevado a conocer los límites de su cuerpo. Es sistemático. No escatima una palada ni se deja llevar por sus sensaciones si se encuentra mejor. Busca su cadencia. «Suelo entrenar a un ritmo de 185w de potencia. Si me meto en series cortas voy a unos 320w». Emula la remada hasta un último tirón de repaleo fuerte al pecho. «Estas máquinas, lo bueno que tienen es que si hace mal tiempo y no se puede salir a remar, te permiten trabajar y seguir en forma».

Palmarés

3 medallas en Campeonatos del Mundo.
Un oro, una plata, un broce y un cuarto puesto.
26 campeonatos de España
de distintas modalidades, tanto en banco fijo como móvil. Nombrado mejor remero veterano por la Federación Española.

Terminada la serie, se dirige a la zona de pesas donde le espera un circuito concienzudo. Hoy no toca, pero nos muestra algunos de los ejercicios habituales. «Normalmente vengo directo si me tocan pesas, hago un par de vueltas y al agua». Fortalece sobre todo «brazos, lumbares, abdominales y piernas. De cada ejercicio hago unas diez o quince repeticiones. Luego con el tiempo se meten más cargas y hago menos repeticiones en las series».

En 47 años de carrera ha visto cómo ha ido cambiando la metodología de trabajo. «Muchos ejercicios son iguales o muy parecidos. Eso sí, ahora se utilizan mucho los balones de presión y se nota mucho los pesos que levantamos con máquinas. Ahora las sentadillas son más seguras que antes». También se ha normalizado «el estirar después de cada sesión unos quince minutos. Es muy bueno para evitar lesiones».

Concluye la sesión pero su preparación no acaba ahí. «Después de entrenar siempre me como un par de plátanos para recuperar». Luego ya en casa admite que cuida su alimentación. «Intento comer normal pero sin mucha grasa. Es mejor quedarse con algo de hambre. Para beber, agua. En el remo hay que vigilar mucho el peso. Eso de que si estas más gordo vas a tirar más no es verdad. Tirarás más dos o tres paladas pero a la larga es peor, vas a menos». Su peso, es prácticamente el mismo que tenía cuando competía de más joven. «Me mantengo. Igual un par de kilos más. Mido 1,73m y ahora en Eslovenia he competido con 70 kilos. Me acuerdo que en el Mundial que ganamos pesé 67,5 kilos».

Desde Catar por WhatsApp

La adaptación de Javier Puertas durante su carrera se extiende incluso a las nuevas tecnologías. Su preparador físico, Unai Amenabar, le manda los entrenamientos a seguir desde Catar. «Desde que me cogió tengo mucha confianza en él. Estuvo aquí en Orio, pero ahora está trabajando allí para un equipo de natación como preparador físico y me manda las cosas por WhatsApp. Todos los años me pasa la planificación. Durante el invierno hago lo mismo que casi todos los remeros, pero los últimos tres meses me los personaliza». En total, Javier completa «seis entrenamientos a la semana mínimo. Descanso los viernes normalmente. Los domingos si no entreno es porque me voy con la cuadrilla al monte». También admite que los fines de semana se puede dar algún que otro homenaje y saltarse la dieta «pero el lunes vuelvo a la rutina. Eso sí, de vez en cuando incluso viene bien».

No es el único remero veterano que entrena en Orio, pero sí el más constante. «El año anterior estuve con Aritz Arostegi, de 40 años. Era patrón pero le propuse hacer un doble. Estaba encantado. Dionisio Redondo, que fue campeón conmigo en Eslovenia, también suele venir a entrenar».

El palmarés de Javier es tan espectacular como longevo. En élite, participó en cuatro campeonatos mundiales, con un oro, una plata, un bronce y un cuarto puesto. Sin dar apenas importancia también cita, entre otros títulos, un total de 26 campeonatos de España de todas las modalidades de remo posibles. «Casi siempre en banco móvil, pero fijo también he hecho». En 1991, su remada no pasó desapercibida para José Luis Korta. «Andaba ya en veteranos. Un día vino y me dijo 'tú vas a hacer lo que yo te diga'. Me llevó a banco fijo. Empecé a entrenar y al poco tiempo me puso en la trainera. En proa, de 'seis'».

Ligado a la cultura oriotarra del remo, su carrera todavía tiene mecha para rato. «Mis dos hijos también han seguido la tradición y han remado. Yo siempre he estado en Orio... ¿hasta cuándo? Llevo casi un mes parado y ya estoy con ganas de entrenar. Mientras me encuentre bien, tenga tiempo y la salud acompañe, por lo menos un par de años más seguiré». El porqué es fácil, «esto engancha la hostia».

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