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Orio acaba la Liga sin banderas por primera vez desde su regreso a la ACT

Orio afronta una ciaboga en Castro Urdiales, donde acabó tras Hondarribia y Urdaibai. Era finales de agosto y ya veía la luz.
Orio afronta una ciaboga en Castro Urdiales, donde acabó tras Hondarribia y Urdaibai. Era finales de agosto y ya veía la luz. / MARÍA GIL
  • En el adiós de Aizperro, la San Nikolas completa un verano gris en el que solo halló la luz al final

En Orio no hay claroscuros. O blanco, o negro. Pocas veces el gris, el color de una temporada tan agridulce como bipolar. El negro predominó hasta después de Zarautz, cuando el blanco más neutro se hizo sitio entre los borrones que lucían las líneas escritas por los aguiluchos en las trece primeras regatas ligueras. Un balance insuficiente que ha hecho que el regreso del hijo pródigo, el hombre que les dio la última Concha, Joxean Olaskoaga 'Aizperro', se haya quedado en una única y gris campaña.

El propio técnico reconoció el pasado martes en estas páginas que «esperaba más» en su vuelta a casa. Llegó tras cerrarse la etapa de Igor Makazaga, con la idea de «iniciar un nuevo ciclo tratando de apostar por la gente de casa sin perder lo que ya teníamos», apunta Ibon Huegun, presidente del club.

Desde que ascendió a la ACT tras purgar en la ARC-1 durante 2012, Orio había acabado la liga entre las tres primeras traineras, ganando banderas todos los años: tres en 2013, cinco en 2014 y dos en 2015. Este verano no han tenido que hacer sitio en sus vitrinas.

«Las banderas ya sabemos que están muy difíciles porque hay dos equipos a un nivel muy alto, pero sí esperábamos estar más cerca, a diez o quince segundos como el año pasado, una distancia en la que si un día tienes suerte o la mejor calle, puedes pelear una bandera», reconoce su patrón, Irakoitz Etxeberria.

Por ello, el oriotarra considera que «el balance del verano es negativo. Si esperábamos andar mejor es porque había equipo para ello, como se ha visto en las últimas regatas». En el plato positivo de la balanza, Irakoitz Etxeberria cita los «tres jóvenes de la cantera» que han dado el salto, lo que es «un valor» pero no «una excusa» del rendimiento de la San Nikolas, que Huegun califica de «pobre».

Tres nuevos canteranos

Esos tres canteranos son Aritz y Unai Lizarralde y Martzel Aldai. «Como remeros, aún están sin hacer y necesitan tiempo», afirma Etxeberria. «Es cierto -continúa- que con ellos el equipo podía perder algún vatio, pero técnicamente ganábamos también, porque son chavales que han hecho banco móvil desde pequeños, y reman muy bien. Te da pena por ellos, porque los que hemos fallado hemos sido nosotros al equilibrar el bote», y no dieron con la tecla hasta después de Zarautz.

Hasta entonces la San Nikolas fue querer y no poder. «Las primeras regatas nos marcaron mucho. Ya en la presentación de Sevilla nos llevamos un golpe importante», recuerda Huegun aquel noveno puesto.

Sin embargo, Aizperro aún estimaba que «la tanda de honor» debía ser el objetivo, y lo lograron en varias citas de julio, mes en el que como mejor resultado lograron tres cuartas plazas. Irakoitz Etxeberria, todo carácter y ambición, expone su lectura más crítica: «Ese mérito fue de la tripulación. El barco no iba como debía, pero el equipo demostró que no era un problema físico».

A su juicio, «aquellas semanas de julio fueron muy duras. Veíamos que la trainera no iba, pero los remeros respondían pese a que no era fácil hacerlo en aquellas condiciones. El día que nos tocaba una buena calle, lo daban todo aun sabiendo que no pasaríamos del quinto o sexto puesto. Con una mala calle no teníamos nada que hacer».

Su presencia en varias tandas de honor y el subcampeonato de Gipuzkoa a cuatro segundos de Hondarribia sostuvieron la moral aguilucha hasta que a final de mes Tirán les birló la cuarta plaza y tampoco brillaron en el campeonato vasco.

Agosto fue crítico. Renunciaron al Campeonato de España para preparar la Bandera de Zarautz, que tampoco prendió la mecha. Quintos en la primera jornada, el último largo de la segunda fue un ejercicio de impotencia. Fueron décimos.

Con las alarmas disparadas, esa semana Orio da con la varita y la San Nikolas recupera el equilibrio: quinta en Hondarribia, tercera en Castro y cuarta y segunda en Portugalete. «No es fácil aspirar a más desde la segunda tanda. Luchar con los mejores te da otro nervio», opina Irakoitz Etxeberria.

En la clasificatoria donostiarra, son segundos. Pero el destino les aguardaba otro borrón, cuando la pelea con Kaiku y un juez les deja fuera de la tanda de honor en la bahía, aunque acabarían cuartos tras Urdaibai, Hondarribia y Kaiku.

«Haciéndolo bien, habríamos estado más cerca, pero no mucho más arriba», subraya Aizperro. Su sucesor tratará de elevar la altura del vuelo aguilucho. «Esta tripulación está capacitada para más de lo que se ha visto este año», concluye Irakoitz.