Rubalcaba mienta a Bárcenas

El líder de la oposición arrancó su discurso con fuerza y tras arremeter con datos del paro y educación abrió la primera bronca mentando la crisis de los supuestos pagos en B del PP

RAFAEL SIMANCASMADRID
Rajoy durante la intervención de Rubalcaba. / Reuters/
Rajoy durante la intervención de Rubalcaba. / Reuters

Había cierta expectación sobre cómo iba Rubalcaba a hilar el discurso, no lo tenía fácil porque en su última intervención parlamentaria pidió la dimisión de Rajoy. Rubalcaba arrancó con fuerza y fue dejando datos a los pies del escaño del presidente del Gobierno: paro, emigrantes, Cataluña, sanidad, educación. Alguien se podría preguntar por qué el líder de la oposición no se atrevió a plantear una moción de censura con todas las consecuencias, ese es el siguiente escalón al ¡márchese, señor Rajoy!, salvo que tengas miedo a perder el pulso y quedar mal con los tuyos pero al menos darás a conocer un programa alternativo. Y si tiene claro que vivimos en emergencia natural con mayor motivo sin perder tiempo.

Le preocupa al líder de la oposición la imagen de los políticos pero esa queja la podría compartir al 50% con el partido en el poder, el PSOE también está inmerso en causas judiciales. La encuesta del CIS habla del hartazgo de los españoles con la corruptela política sin distinguir entre siglas. Rajoy se lo puso fácil por la mañana cuando afirmó que a España no se le conoce por la corrupción, (le deben pasar pocos resúmenes de la prensa internacional); Rubalcaba usó esa metáfora como palanca para mentar a Bárcenas y lograr la primera bronca del debate. El excontable ya no trabaja en el PP, pero Bárcenas irrita mucho en el grupo popular, tanto como si lo acabaran de ver por el pasillo.

Mientras Rajoy trazaba un paisaje de bonhomía y buenos deseos, Rubalcaba le obligaba a pisar tierra con casos concretos como la educación, la sanidad, Cataluña o la invitación a crear de un estado federal. El detalle en el relato de la marca España también pasó por aquellos que hurgan en los cubos de basura y en los desahucios.

Pero la gran jugada de ajedrez fue mover alfil hasta la zona de peligro de Rajoy: sí a un pacto pero no contra la corrupción si no para reinventar la Constitución en el marco de una España nueva muy alejada del llamado espíritu del 78; lo curioso es que se lo decía a la misma persona a la que hace una semana había enviado a su casa. Rubalcaba le echó en cara a Rajoy que se reinventaba con mucha alegría, la misma con la que él se ha reinventado como líder de la oposición sin recordar que una vez estuvo sentado en un sillón en La Moncloa, (varias veces para ser exactos).

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