«Era lógico que Obama defraudara unas expectativas tan altas»

Barack y Michelle Obama. / Foto: Archivo | Vídeo: Virginia Carrasco/
Barack y Michelle Obama. / Foto: Archivo | Vídeo: Virginia Carrasco

Desencantado por su primer mandato, el escritor Lorenzo Silva espera que el presidente de Estados Unidos cumpla alguno de sus compromisos en el segundo

MIGUEL LORENCIMADRID

Lorenzo Silva depositó en Barack Obama tantas esperanzas como desencanto ha cosechado. El escritor y último premio Planeta no descarta que el primer presidente negro de la historia de los Estados Unidos pueda enmendarse a sí mismo y cumplir en su segunda legislatura alguna de sus promesas. Para la revista Time, Obama ha sido el personaje del año. Para Silva el mandatario tiene asegurado su sitio en la historia, pero tendrá aún que hacer méritos para disfrutar de los plenos honores y salir de la duchas escocesa que alterna el agua muy caliente con la gélida.

Decepción, y esperanza son los ambivalentes sentimientos de Silva hacia Barack Hussein Obama. Lo que todos imaginamos que haría cuando fue elegido por primera vez era tanto que lo lógico era que defraudara unas expectativas demasiado altas apunta el escritor. Me siento un poco decepcionado con un presidente que sostuvo un discurso que no ha tenido su correlato pleno en una política que no lo llevó tan lejos como cabía esperar lamenta. Pensamos, ilusos de nosotros, que iría quizá mucho más allá. Pero es un presidente de Estados Unidos sometido a las circunstancias y coyunturas del cargo y del país, apunta el autor de La marca del meridiano.

Obama sale algo mejor parado en comparación con antecesores como Bush y los estropicios de sus halcones, a juicio de Silva. Las alternativas eran peores; en un escenario convulso tanto económica como políticamente, quizá Obama era lo menos malo que nos podía pasar arguye.

Guantánamo sigue abierto y Bin Laden fue ejecutado sumariamente, hechos que manchan el expediente de todo un Nobel de la Paz. La concesión del premio me recuerda a la oprobiosa práctica de las inauguraciones futuras. Con el Nobel de la Paz inauguramos a un futuro presidente redentor de la Humanidad, algo que no podrá ser nunca un presidente de Estados Unidos dice Silva. Y eso que no tengo una visón negativa de un país que es un ejemplo en muchas coas, pero sus planes geopolíticos y geoestratégicos tienen una serie de limitaciones e intereses creados difíciles de eludir y de deshacer. Es difícil ser el espejo de derechos y libertades si tu país practica ejecuciones extrajudiciales como la de Osama Bin Laden. Pesan, y mucho, las políticas de sus antecesores. Tanto, que Obama solo ha podido salir de Irak y dejarlo como un estado fallido. O no tiene margen de maniobra o no lo ha querido tener.

En el haber tiene poco, más allá de otro talante. Quizá con una administración republicana tendríamos una guerra abierta en Oriente Medio o un ataque directo a Irán. Si a Israel se le hubiera dejado atacar, el escenario podría ser apocalíptico. Un avispero. Quizá haya que apuntar en el haber de Obama que no haya dado alas a los halcones israelíes para que compliquen un poco más el escenario de Oriente medio, resumen Silva.

Lágrimas

Las lágrimas que mostraron al Obama más humano tras la matanza del colegio Sandy Hook, de Newton, no invitan al escritor madrileño a pensar que el mandatario estadounidense restringirá el uso de armas. Ir a llorar sobre los cadáveres de unos niños asesinados por un disparate, que él sabe que lo es, no le hará actuar drásticamente sobre la regulación del uso de amas. Quizá no haga nada. Como todos su antecesores, lo probable es que no se juegue los votos que supondría meter mano a ese problema. Es ilusorio creer que algún presidente irá contra la segunda enmienda y contra la idiosincrasia de los estadounidenses; no es concebible dice Silva dejando un resquicio. Afronta su segundo y último mandato. Al no tener que optar a la reelección, quizá podría afrontar la responsabilidad histórica de ser el primer presidente sin hipoteca que diera algún paso en se sentido. No le perdonaría que abandonara la Casa Blanca sin haber tomado alguna medida en ese sentido: por ejemplo que en una familia no haya fusiles de asalto. Cuando el control el cero, aumenta exponencialmente el riesgo de que las armas estén en manos de quien no debe tenerlas, plantea el escritor.

Cree el narrador que en este último mandato se planteará su papel ante la historia y tratará de hacer algo, lo que pueda, desde el partido demócrata, desde la presidencia y trabajando para su sucesor. Lo que no puede es quemar todas las posibilidades electorales de su partido para que otro pierda las elecciones siguientes. De nuevo seríamos insensatos si concibiéramos expectativas desmesuradas. Con expectativas más bajas no nos decepcionamos.

En la política económica debemos plantearnos qué sería del mundo si no hubiera alguien haciendo políticas keynesianas, con todas las comillas; si todo todos estuvieran con la tijera desenvainada, quizá la crisis fuera aun peor. Estados Unido no ha optado por la austeridad absoluta a la alemana y eso ha generado cierto consumo y animación del mercado, apunta Silva. Para países como nosotros que ahora dependemos tanto del sector exterior, una política expansiva es beneficiosa

La historia será quizá más benevolente que severa con Barack Obama. Por su acción propia sería uno más, aun siendo un símbolos dice Silva. Que un afroamericano ocupe la Casa Blanca es un símbolo en un país en el que hace solo cuatro décadas un negro no podía ocupar un asiento en un autobús de determinados estados. Ese valor histórico es lo que, seguro, quedará de su presidencia, concluye.

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