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El jardín, estudio de Sorolla

ARTE

El jardín, estudio de Sorolla

Una exposición muestra la pintura más esencial e íntima del artista, que no se cansó de recrear la luz y el agua de este lugar

29.10.12 - 21:56 -
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El jardín, estudio de Sorolla
Un cámara toma imágenes de la obra 'Geranios', de Joaquín Sorolla. / Foto: Chema Moya (Efe)
Cuando estaba en la cúspide de su carrera, en la primera década del siglo XX, Joaquín Sorolla se hizo construir una magnífica casa en Madrid. El jardín del palacete no era un rincón cualquiera. Era su lugar de descanso y su estudio, pues el artista se afanó en pintar la vegetación y los motivos arquitectónicos que lo integraban. Una exposición en el Museo Sorolla muestra los patios y jardines que Sorolla plasmó, espacios que llegaron a obsesionarle en la última etapa de su vida. El museo que lleva el nombre del pintor valenciano exhibe una exposición, 'Sorolla. Jardines de luz', que muestra su lado más sutil, sobrio y esencial. Sus pinceladas, delicadas y sueltas, capturan detalles sutilísimos, como la luz cambiante o el agua en sus distintas manifestaciones, desde la placidez de una alberca hasta el borbollar de una fuente.
Los cuadros que se pueden ver, 56 óleos, algunos de los cuales nunca se habían mostrado antes, forman parte de una exposición itinerante que ya ha recorrido los museos de Bellas Artes de Ferrara (Italia) y Granada. Tomás Llorens, comisario de la muestra, subraya que muchos de los lienzos colgados pertenecen a una etapa poco estudiada. "En los últimos diez años de su vida, Sorolla apostó por una pintura más íntima, de formato más pequeño para poder pintar sentado, tranquilamente, absorto, despacio, observando cómo iba cambiando la luz", dice Llorens.
En sus aspectos técnicos, el trazo es mucho más diluido y busca lo esencial, la intimidad, el recogimiento que se respira en los patios de la Alhambra, que tienen para él algo de conventual por su silencio. Los cuadros de este periodo guardan concomitancias con la poesía pura que cultivaba Juan Ramón Jiménez. No en balde el pintor y el poeta se profesaban una admiración mutua, que se comprueba en los libros que el escritor dedicó a Sorolla. Algunos de estos volúmenes, además de cartas y fotografías, se pueden contemplar en la exposición, que podrá visitarse hasta el 5 de mayo de 2013.
Adelfas y celosías
"La figura del jardín remite a esa concepción de principios del siglo XX, que concibe la música, la pintura y la poesía como un dominio autónomo y válido en sí mismo", argumenta el comisario. A diferencia de las exposiciones de Ferrara y Granada, en esta de Madrid se pone un especial énfasis en el jardín que el propio Sorolla diseñó y plantó en Madrid, Para un creador como Sorolla, que consideraba que la verdadera pintura era la que se ejecutaba al aire libre, el jardín era un estudio, además de un refugio. Allí tomaba la paleta para relajarse y captar motivos muy diferentes de los encargos oficiales. Adelfas, fuentes, celosías, las ondas del agua, estatuas, ventanas bajo la umbría, el sol primaveral se repiten una y otra vez en este arte tan refinado y a la vez tan desprovisto de materiales. Como destaca Llorens, un cuadro que representa un macizo de lilas carece en algunas de sus partes de pintura con el fin de reducir la intervención del artista a la mínima expresión.
Al mismo tiempo que trabajaba en el monumental encargo de pintar los 14 paneles de la Hispanic Society, Sorolla se solazaba en la recreación de jardines italianos, del Alcázar de Sevilla o la Alhambra. En estas piezas maduraba una poética del silencio que se percibe en el murmullo de las fuentes de la Alhambra, una estética que está emparentada con las sensibilidades simbolista y modernista.
Sorolla, al proyectar y cuidar su propio jardín como lugar de trabajo, hizo lo mismo que Claude Monet realizó en Giverny (Francia) para plasmar sus nenúfares. "Para Sorolla, pintar era como respirar. Si no lo podía hacer se ponía literalmente enfermo", señala Llorens.
En estos cuadros la figura humana desaparece casi por completo. El artista dedicó tanto trabajo a los motivos del jardín que rompió, según algunos expertos, con su afiliación al realismo. Es cuando Sorolla descubre que la magia y la belleza están "en lo pequeño, como casi todo lo oriental".
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